viernes, 2 de marzo de 2018

Amores que casi Matan

El Hilo Fantasma

Paul Thomas Anderson es probablemente uno de los directores más personales del Hollywood actual, pues desde sus primeros éxitos Boogie Nights (1997) o Magnolia (1999), ya se podía apreciar una visión muy personal, y que además podía ser cualquier cosa menos complaciente o fácil de ver.
En los últimos años sus películas se han encargado de descubrir personajes extremos casi delirantes, especialmente en There will be Blood (2005) en la que retrató a un explorador de petróleo sin escrúpulos, o en The Master (2012) en la que retrata al peculiar fundador de una religión, ambas también nominadas al Oscar aunque sin llevarse ningún premio.
Ahora en El Hilo Fantasma, continúa con esa tendencia retratando a Reynolds Woodcock, un modisto ficticio, pero en el que algunos críticos identifican a toda una generación de sastres londinenses que destacaron en los años 50, entre ellos a Hardy Amies, el modisto oficial de la reina de Inglaterra Isabel II hasta el año 2002.
Anderson se vale del arte y oficio del gran Daniel Day Lewis (en el rol que aparentemente es su despedida del cine), para presentarnos en los pocos minutos iniciales las características y complejidades de Reynolds.
Además el cineasta, a través de la grúa, el steady cam y la cámara en mano, nos sumerge de plano en el hogar-taller del costurero, y nuestra visión que tenemos de estos espacios cerrados, es la de un intruso al que a duras penas se le permite atisbar los detalles de esta fortaleza templo, donde se llevan a cabo rituales diarios, de cumplimiento casi sagrado.
Además de Reynolds, la otra sacerdotisa que rige estos lugares es Cyrril, la flemática y estricta hermana del coutourier, además de ser su administradora y mano derecha, es también la que se encarga de despedir a las modelos-amantes, de Reynolds, cuando este se aburre de ellas.
Esto es más o menos el día-día, hasta que Reynolds conoce a Alma, una mesera a quien conoce en un hotel de carretera al que ha acudido para despejarse, y el mutuo flechazo entre ambos, ha sido casi instantáneo. Alma se enamora no solo de Woodcock sino también de su mundo, y demostrará que no es otra de esas musas desechables que entraban y salían de la vida del modisto.
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La llegada de Alma al mundo de los Woodcock es filmada por Anderson con un refinamiento y maestría, pocas veces visto en el cine contemporáneo.Particularmente la escena en la que Reynolds le pide a Alma que sirva de modelo para hacer un nuevo vestido, donde iluminación en clave baja, el ritmo, la escenografía, la alternación entre planos enteros y planos detalle, y la interacción entre ambos personajes, crea una atmósfera que resulta simplemente fascinante.
Pero ese solo uno de los tantos momentos en los que la película muestra su arte: está también el diálogo entre Reynolds y la princesa de Bélgica, el robo/recuperación de uno los vestidos, la participación de todas las empleadas al momento de culminar estas obras de arte, entre muchos otros, que nos muestran un mundo ya inexistente y al que solo podíamos haber accedido de manera muy indirecta leyendo revistas de nuestras abuelas.
Paul Thomas Anderson ha logrado una obra maestra, uno de sus mejores trabajos como realizador, que debería culminar con su condición de eterno nominado y debería otorgarle de una vez por todas el Oscar.

miércoles, 28 de febrero de 2018

Cierre con Broche de Oro

Visages Villages

No contenta con ser la primera mujer en recibir un Oscar honorario Agnés Varda vuelve a la carga con Visages Villages (Caras, Pueblos), un documental -si podemos llamarlo así- experimental, realizado en conjunto con el artista callejero y fotógrafo JR.
Después de las escenas iniciales en las que ambos revelan como se conocieron, y en las que apelan a diversas técnicas como la animación, ambos artistas van de frente a la acción y nos muestran la actividad central de este trabajo: ir a diversos pueblitos o villas de la Francia rural a retratar rostros, personas o grupos de personas (en algunos casos también animales), para luego imprimirlos como gigantografías y pegarlos como murales en las paredes de edificios o estructuras distintivas de las localidades, donde ellos han estado presentes.
Varda y Jr se encargan después de registrar las reacciones de estas personas, algunas positivas, otras extrañas, algunas también negativas, pero todas sumamente interesantes por su frescura y autenticidad.
Todo esto acompañado con un lenguaje audiovisual muy rico, original, una edición dinámica y una fotografía insuperable.
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En el camino, o en los momentos en que los autores planifican las nuevas visitas, vamos siendo testigos de la creciente relación entre Varda y JR, ambos van intercambiando comentarios, consejos y en algún momento hasta conocen a la abuela de este último. La relación entre ambos que en un inicio parecía superficial se va transformando después en una relación de colegas artistas que se admiran y respetan mutuamente a pesar de la diferencia de sus artes y de sus edades.
De allí que hacia el final, Agnés Varda quiere compartir con su nuevo amigo, algo muy personal y el resultado de esto -aunque fallido- es lo que probablemente sea uno de los finales más conmovedores y mejor logrados en toda la historia del género documental. Imposible no conmoverse, especialmente aquellos que vivieron los tiempos de la nueva ola.
Varda y JR han logrado -quizá sin proponérselo-, un trabajo que parece haber salido de las entrañas de la Nouvelle Vague, y aunque haya sido casi medio siglo después, bien puede ser el broche de oro final a uno de los movimientos más influyentes de la historia del cine.


martes, 27 de febrero de 2018

El Oscar en Netflix

La plataforma de streaming más grande del mundo está siendo cada vez más considerada en las diversas premiaciones: después de haberse llevado varios Emmys, ahora está compitiendo por los Oscars, este año lo hace con tres producciones el drama Mudbound (inexplicablemente aún no disponible en la plataforma) y los documentales Icaro y Strong Island.

Icaro (Icarus, 2017)
Este documental de Brian Fogel, es un documental protagonizado por su director quien intenta demostrar que él puede desarrollar un proceso de doping sin ser detectado, tal y como lo hizo el ciclista Lance Armstrong, quien no fue descubierto, sino denunciado y luego de confesar, terminó despojado de todas sus medallas.
De esta manera Fogel se contacta con el ruso Grigory Rodchenkov, un bioquímico quien le indica a Fogel  que sustancias inyectarse y en qué dosis, para luego participar en una competencia ciclística en Francia, llamada Haute Route, donde le va bastante mal. 
Pero partir de aquí la historia da un giro inesperado, ya que gracias a la tv alemana se destapa el elaborado y extendido sistema de dopaje de los atletas rusos en las Olimpíadas de Invierno de Sochi en 2014 y adivinen quién era la cabeza visible de todo este escándalo: sí, Rodchenkov.

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Todo el planteamiento inicial es dejado de lado y se centra ahora en la figura de Rodchenkov quien huye a Estados Unidos porque teme por su vida (un colega suyo muere en Rusia en extrañas circunstancias), y las revelaciones que se van dando, se tornan cada vez más delirantes al punto que más documental, Icaro parece una película de espías de la época de la Guerra Fría.
Fogel sin embargo respalda las acusaciones vertidas, con gran cantidad de información ya sea en base a entrevistas, fragmentos de noticieros de las televisión de diversos países, declaraciones de autoridades y a un meticuloso registro de sus actividades, que incluían varias conversaciones vía Skype con Rodchenkov.
Si bien durante la primera parte, el documental es algo complicado de seguir, la segunda parte, por el peso de las afirmaciones de los protagonistas, se va haciendo cada vez más interesante, y captura totalmente nuestra atención, por su casi total impredicibilidad .
El trabajo de Fogel tiene además un gran valor como documento en sí mismo, especialmente en estos tiempos en que la verdad se va convirtiendo cada vez más en posverdad.

Strong Island
Esta película de la cineasta Yance Ford, es un documental diametralmente opuesto a Icaro, tanto por el estilo del documental -mucho más íntimo y pausado en este caso-, que por la amplitud del tema, mientras en Icaro se trató de un escándalo que fue transmitido por todos los medios en su momento (aunque hoy ya pocos recuerdan), este caso ni siquiera trascendió y tal parece que muchos se empeñaron en que no fuera noticia.
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Se trata del asesinato del hermano de la realizadora William, a manos de una mecánico blanco, al que nunca se llevó a juicio.
En base a diversos testimonios de la madre, la hermana, los amigos, personajes relacionados con el crimen y hasta la misma directora quien se filma a sí misma en unos primeros planos muy cercanos, Ford va construyendo una historia amarga y triste.
A través de esos testimonios, más documentos y viejas fotografías, Ford logra transmitir varias cosas, como que el único crimen no fue el asesinato del hermano, sino también un juicio que nunca se llevó a cabo, unas autoridades que lejos de buscar justicia buscaron encubrimiento y una familia que no pudo soportar estos golpes y terminó también falleciendo.
Además es un alegato contra el racismo aún imperante en Estados Unidos, la discriminación y la falta de oportunidades.
Ford también pudo tratar el tema del control de armas, pero no ha querido complicarse la vida. Otro defecto es que el esquema narrativo de testimonio + fotografías + documento, terminar por cansar un poco al espectador.
De todas maneras se trata de un documental necesario y que contribuye en algo a terminar de una vez por todas contra la discriminación, el racismo y las desigualdades en los Estados Unidos. 

jueves, 22 de febrero de 2018

Expectativa vs Realidad

La Forma del Agua

Cuando La Forma del Agua (The Shape of Water, 2017) ganó el León de Oro del Festival de Venecia del año pasado, y vimos el trailer, despertó una gran expectativa, que luego se incrementó a niveles casi exponenciales cuando batió récord con sus nominaciones al Oscar.
El hecho que la dirigiera Guillermo del Toro, uno de los "tres amigos" mexicanos que emigraron a Hollywood a comienzos de siglo (junto con Cuarón y González Iñárritu), y creador de aquella obra maestra que fue El Laberinto del Fauno (2006), no hacía más que añadirle puntos a esas expectativas.
Pero tal y como aparecen ahora en esos memes de "expectativa vs realidad", nos llevamos una pequeña estrellada al momento de apreciarla.
Ojo, no se trata de una mala película: La Forma del Agua, es una hermosa fábula con varios tópicos del mejor romanticismo, que está además muy bien narrada y cuenta con imágenes poderosas, capaz de despertar emociones con intensidad.
Pero quien haya seguido toda la obra de Del Toro, sabe que no es su mejor película, y que tanto las 13 nominaciones al Oscar y los calificativos de "maravillosa" que le han adjudicado varios críticos de diversos países, pueden resultar algo exagerados.
Además de sus cualidades narrativas, La Forma del Agua, cuenta también con una excelente ambientación de época (fines de los '50, en plena guerra fría soviético-norteamericana), mostrados en unos tonos azul verdosos, que le dan un aspecto bastante vintage.
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Y claro, están también las excelentes actuaciones de una expresiva Sally Hawkings y un esforzado Michael Shannon, ambos inmensos en sus roles (en especial Shannon que saca adelante un villano muy esteroetipado), por lo que tienen muchas posibilidades de llevarse el Oscar.
Pero la historia no presenta mayor novedad: todo está ya en el trailer, basta con haber visto el adelanto una vez, para que la película se torne previsible, con muchos lugares comunes y por momentos demasiado políticamente correcta.
Incluso el personaje del ser anfibio tampoco es novedoso, pues es una versión mejorada del Abe Sapiens, que aparece en las dos Hellboy (2004-2008), además encarnado por el mismo actor Doug Jones.
Es muy probable sin embargo que la película se lleve los premios a mejor película y mejor director pues sería la ocasión perfecta para terminar de otorgarles la estatuilla a los "tres amigos" mexicanos (Cuarón y González Iñárritu ya fueron premiados), lo cual sería un gran estímulo para que el cineasta de Guadalajara nos siga regalando su peculiar cine fantástico. 

jueves, 15 de febrero de 2018

Microcosmos white trash

El Proyecto Florida
Sean Baker es un cineasta que deslumbró a medio mundo hace unos años al grabar una película íntegramente con un Iphone 6s (Tangerine, 2016), y ahora regresa una película con tema diferente, pero que comparte gran parte del estilo visual de su ópera prima.
El Proyecto Florida se instala en el microcosmos de los moteles cercanos a los parques temáticos de Disney, en Orlando, Florida. Acá llegan turistas no muy adinerados, pero también viven personas de muy bajos recursos que no tienen para alquilar un departamento.
En este submundo conocemos a Moon y sus amigos, todos provenientes de hogares disfuncionales o monoparentales, que pasan sus vacaciones de verano haciendo travesuras, pero sin supervisión adulta, y ya se sabe los problemas que pueden traer estas acciones.
Baker utiliza al principio un estilo documental, con planos generales, lejanos para contarnos la historia de estos niños semiabandonados en un entorno de colores chillones, atractivo en la superficie, pero que por dentro parece estar totalmente podrido.
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A medida que las cosas se complican, el lenguaje audiovisual cambia paulatinamente, insertando más movimientos de cámara, más encuadres cercanos, y más ángulos de cámara, algunos de ellos aberrantes.
Baker no juzga, ni condena a sus personajes, solo nos los muestra cómo se comportan en su hábitat, una sociedad descompuesta, donde vive lo que algunos gringos llaman la White Trash: personajes desvalidos, abandonados a su suerte y que cada día tienen que inventarse cientos de formas para sobrevivir.
Baker ha hecho un trabajo digno de reconocimiento, empezando por la buena elección de actores, la niña Broklynn Prince es un gran hallazgo, porque siempre luce natural, espontánea hasta en el exigente clímax. Igualmente destacable está la debutante Bria Vinaite, quien compone con convicción un personaje viviendo siempre al filo de la navaja. Y claro, está Willem Dafoe, veterano actor que no necesita mayor presentación, y que acá se luce en el rol del sufrido conserje Bobby, una especie de ángel guardián decadente, de este seudo paraíso. Es particularmente genial la escena en la que se enfrenta a un hombre mayor, quien conversa sospechosamente con los niños.
Hacia el final Baker nos sorprende una vez más tomándose una licencia: el director se hace uno con el personaje de Moon, se adueña de su mirada y abandona todo el realismo y estilo cuasidocumental que había usado hasta ese momento y pasa abruptamente al fantástico, logrando así uno de los finales más conmovedores de los últimos tiempos.

martes, 13 de febrero de 2018

Sacrificio Maternal

Yo, Tonya (I Tonya)
En los años 90, el mundo del patinaje de hielo norteamericano se escandalizó cuando se descubrió que una de sus campeonas, le había mandado a romper las piernas a su competidora más cercana, para poder representar a los Estados Unidos en los juegos olímpicos. Su director el australiano Craig Gillespie ha decidido prescindir de los recursos tradicionales del  biopic y toma prestados recursos del reportaje televisivo y el documental para contar su historia, sazonado con un cargado humor negro del que hizo ya gala en sus primeras películas:  Mr. Woodcock o Lars and the Real Gril.
Así, en la primera hora de la cinta se nos presenta al personaje desde niña, abandonada por su padre, criada por una madre con un retorcido instinto maternal, en un entorno lleno de odio y violencia, que la lleva a casarse con otro personaje igualmente violento. Todo esto no se hace con el afán de justificar al personaje, sino para entender mejor sus motivaciones.
Además de la peculiar narrativa del film, el director destaca también en las secuencias de patinaje, haciendo gala de varios recursos técnicos, pero sobre todo mostrando las marcadas diferencias del estilo de patinaje de Harding, tan poco ortodoxo, con más fuerza que gracia, lo cual hacía que no siempre se granjeara las simpatías de sus jurados, quienes hasta le llegan a decir que el problema no era que no patine bien, sino que se vestía mal o lo mal que se vería que la representante norteamericana en las olimpiadas tenga una familia tan difuncional como la suya.

Es particularmente brillante la escena, en la que el personaje de Tonya logra por fin completar el Axel Triple, complicadísima maniobra del patinaje sobre hielo, la cual hasta ese momento no había sido lograda por ninguna patinadora norteamericana. La cámara capta el rostro iluminado de Robbie, quien se siente realizada por la proeza.
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Destaca en esta cinta la participación Margot Robbie, quien se transforma completamente para meterse dentro de la piel de esta sufrida y violenta patinadora; Robbie ya había dado muestras de su genio en otras películas, pero este papel ha sido hecho para que pueda brillar como nunca. También destaca la genial Allison Janney totalmente creíble en su papel de la monstruosa madre de Tonya, una mujer con un sentido retorcido de lo que es el sacrificio maternal. No sorprende para nada que hayan sido nominadas al Oscar.
El resto del reparto no está nada mal tampoco, especialmente los tontos personajes masculinos interpretados por Sebastian Stan (Jeff) y Paul Walter Hauser (Shawn), quienes siguen contribuyendo con la cuota de humor, a pesar de que la película ya ha dado un giro supuestamente más serio.
En suma una de las películas más divertidas y frescas de estos premios Oscar, confiamos en que su director Craig Gillespie, siga contribuyendo con más trabajos originales en los próximos años.

miércoles, 7 de febrero de 2018

Ira, Frustración y Humor Negro

Tres Anuncios por un Crimen

Martin Mc Donagh es un dramaturgo irlandés, que debutó en el cine hace unos años con la prometedora In Bruges, una especie de comedia, mezclada con trhiller de acción. Siguió luego con la tarantiniana y divertida 7 Psicópatas (Seven Psychopaths, 2009) y luego de unos años regresa con esta cinta difícil de catalogar: Tres anuncios por un Crimen (Three Billboards outside Ebbing, Missoury, 2017).
Mc Donagh no se anda por las ramas y desde el saque nos lleva hasta el conflicto: Mildred, una viuda cuya hija ha sido violada y asesinada, no encuentra otra forma de combatir su ira y frustración, que colocando en tres vallas de una carretera, tres frases que expresan la lentitud e ineptitud (según ella) de la policía local en la investigación, que hasta el momento no produce ningún resultado.
Esto lógicamente provoca la reacción de los policías, (quienes intentan intimidarla a ella y al publicista que se atrevió a alquilarle las vallas), además de algunos pobladores, sus otros hijos, su ex marido y hasta el sacerdote del pueblo, quienes le piden que recapacite y solo consiguen, que Mildred continúe más terca en su empeño.
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Cuando creemos que la historia va ser otro de esos dramas en los que se muestra la intolerancia y la corrupción de un pueblo, el guion da un giro inesperado que parece virar la película al thriller, y cuando el espectador empieza a preguntarse si darán con el asesino, la historia da todavía un giro más sorprendente, y el relato nos lleva por otro lado, más parecido a la comedia de humor negro, en este caso negrísimo.
El director aprovecha aquí para echar una mirada crítica a un sur norteamericano decadente, poblado por seres que no han salido del pasado, y que parece cultivar con entusiasmo las semillas de su autodestrucción. En ese empeño no deja prácticamente títere con cabeza.
Si hasta altura la película nos parece todavía convincente, es por el sólido reparto encabezado por una gigantesca Frances Mc Dormand, seguida por un genial Woody Harrelson (quien hace creíble un papel muy complejo) y el aún infravalorado Sam Rockwell. Todos ellos complotan para que el espectador continúe pegado en la historia, a pesar de los remezones de los giros del guion.
Sin embargo ya hacia cerca del final Mc Donagh exagera, se pone pretencioso y hace varias jugadas de más que estropean lo que pudo ser una historia mejor contada. Que McDormand y sus compañeros se lleven el Oscar sería justo, pero el premio a mejor película sería un exceso.

viernes, 2 de febrero de 2018

Newspaper Days

Los Oscuros Secretos del Pentágono

Viet Nam, 1966 un académico es invitado como observador al campo de batalla por el Secretario de Estado de ese entonces Robert Mc Namara. Después de informarle, en el avión de regreso, que las cosas no estaban mejorando, el funcionario concuerda con él y recrimina a los militares que estaban con ellos en el avión.
Sin embargo al aterrizar y enfrentarse a los medios brinda una versión totalmente diferente, como si todo en la guerra fuera a las mil maravillas. Esto hace que el funcionario decida filtrar unos documentos, al estilo Wikileaks, que serán recién publicados años después por el New York Times.
Esto cae como un baldazo de agua fría al competidor Washington Post, quienes apenas pudieron publicar algunos fotos del matrimonio de la hija de Nixon en portada. Esto hace que su editor Ben Bradlee, se enfrasque en una carrera tenaz para conseguir las miles de páginas de todos los documentos, pero antes tendrá que enfrentarse a su jefa Kay Graham, la Directora General, quien teme que la publicación de la noticia afecte el reciente ingreso del Post a la bolsa de valores; pero además perjudicar a su amigo  McNamara, a quien conoce de años. 
Esta es la complicada trama de The Post (llamada acá Los Oscuros Secretos del Pentágono), la última cinta de Steven Spielberg, basada en un hecho real, que golpeó fuerte a la política norteamericana a comienzos de los 70, durante el gobierno de Nixon a pocos años antes del terremoto de Watergate.
Siguiendo el buen guion escrito por Liz Hannah y Josh Singer (este último escribió el guion de la excelente Spotlight), y dotándola del ágil ritmo que  empleó en una de sus cintas más recientes, Puente de Espías (Bridge of Spies, 2015), Spielberg logra entregarnos una obra amena, fácil de seguir y muy necesaria en estos tiempos en que las principales libertades ciudadanas, vuelven a estar amenazadas, no solo en Estados Unidos, sino en muchos lugares del mundo.
Se apoya para ello en el trabajo de algunos de sus habituales como Janusz Kaminsky en la fotografía, quien emplea casi todos los recursos del lenguaje audiovisual (travellings, paneos, acercamientos y alejamientos con zoom, grúas), especialmente en los diálogos más complicados y extensos, para no cansar al espectador.
También están  Sarah Broshar y Michael Kahn en la edición quienes son los encargados de darle el buen ritmo que hemos mencionado y lo hacen recurriendo a imágenes de corta duración, este ritmo es clave en los momentos más frenéticos del film, en concreto en la última media hora. Y claro, no podemos dejar al experimentado John Williams quien pone su cuota musical con temas que subrayan sobre todo los momentos de tensión.
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Pero lo que más hay que destacar son las actuaciones. Tom Hanks está genial como el impulsivo y nervioso editor Ben Bradlee, se nota que se entiende muy bien con Spielberg y es comprensible porqué este último lo ha elegido como su favorito en los últimos films. Hanks debió haber sido el nominado, en lugar de Meryl Streep quien aparece solvente como siempre, pero sin ningún brillo extraordinario, salvo la escena en que tiene que tomar una decisión importante y su personaje se transforma a partir de ese momento, dejando la opacidad que lo caracterizaba.
El resto del reparto es de lujo, aunque sus caracteres no tengan tanta participación;  podemos mencionar a Bob Odenkirk (el gran Saul Goodman de la serie Better Call Saul), Tracy Letts, Bradley Whitford y el siempre cumplidor Bruce Greenwood, en el rol de Robert McNamara.

En conclusión es una cinta que debió tener mejor suerte en las nominaciones de este año y que es difícil se alce con alguna estatuilla, pero al mismo tiempo es muy recomendable, no solo por su calidad, sino porque es documento histórico. Particularmente será muy apreciada por aquellos que pasaron sus horas en salas de redacción y talleres de linotipia, esperando a veces hasta bien entrada la noche para poder cerrar la edición.

lunes, 29 de enero de 2018

Relatos de Adolescente

Lady Bird

Lady Bird fue una de las triunfadoras de la más reciente entrega de los Globos de Oro y basta ver sus primeros minutos para darse cuenta porque fue así. Si existe justicia en este mundo, esta película también debería estar entre las grandes triunfadoras en el Oscar, salvo que por dar la contra a los Globos, los señores de la Academia, decidan premiar a otras cintas.
Este film es el segundo debut de Greta Gerwig (en el 2008 co-dirigió Nights and Weekends con Joe Swanberg), una actriz que ha participado en muchas cintas de cine independiente, concretamente en una corriente de este llamada mumblecore, de las que justamente Swanberg y otros directores como Noah Baumbach, son sus principales exponentes.
Ya en sus trabajos como actriz se notaba en Gerwig una sensibilidad especial, recordamos con especial admiración su intervención en Frances Ha, la historia de una torpe mujer a quien le cuesta entrar en la etapa de la adultez.
El caso de Lady Bird es parecido, no en vano la película está basada en las memorias de la misma actriz, aunque en este caso cambia la etapa de la vida: se trata del último año de la secundaria de Christine McPherson, una adolescente con muchas ganas de triunfar, que se rebela ante su entorno, y por ello decide cambiarse de nombre por el de Lady Bird.
La rebelión de Lady Bird no es tanto contra las personas (a pesar de la difícil relación con su madre), como con la complicada situación por la que vive: verse obligada a estudiar en un colegio religioso, las carencias económicas de su familia, padres ausentes (su madre debe trabajar doble turno y su padre sufre depresión crónica), tener que relacionarse con gente de clase acomodada, etc. todas estos problemas chocan contra sus aspiraciones de irse vivir a Nueva York y salir de la pequeña ciudad californiana de Sacramento, localidad que ella siente que la asfixia.
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Por otro lado también están los problemas que sufre ella misma como ser inmaduro: un ser que está todavía buscando su propia identidad, y esto la lleva a mentir, relacionarse con las personas equivocadas y hasta avergonzarse de su familia.
Todo esto está narrado muy eficazmente a través de pequeñas escenas de corta duración, que siempre acaban bien resueltas, y confirman el buen hacer de Gerwig como relatora de historias.
Además en la cinta no hay lugares comunes, por momentos el espectador podría pensar que encontraría las típicas diatribas contra sacerdotes y monjas, pero por el contrario, no hay ni malos ni buenos. Concretamente hay una escena del personaje principal con una monja, que pinta a la religiosa como una persona muy tolerante y de buen humor.
Pero lo que más destaca en esta cinta son las actuaciones: Saorsie Ronan luce muy natural y convincente como Lady Bird y por ratos parece la Greta Gerwig de sus primeras películas. Sin embargo la que se lleva las palmas es Laurie Metcalf cuyo personaje es más complejo. ¿Dónde estuvieron antes los directores que no han sabido apreciar el talento de esta gran actriz? Las escenas que ambas comparten son lo mejor de la película.
Concluyendo Lady Bird resuma frescura y originalidad y augura un brillante futuro como realizadora a Greta Gerwig, aunque esperamos que eso no signifique que deje de participar como actriz.

miércoles, 24 de enero de 2018

Horas Difíciles

La Hora Más Oscura

Gary Oldman es con toda seguridad uno de los actores más solventes de la actualidad. Con una larguísima trayectoria que lo han llevado a actuar en casi un centenar de trabajos,  no ha obtenido sin embargo hasta el momento el codiciado Oscar. Solo fue nominado anteriormente vez por su papel de George Smiley en Tailor, Tinker, Soldier, Spy, un drama de espías, dirigido por el sueco Tomas Alfredson.
Ahora es muy probable que logre su deseo gracias a este film La Hora Más Oscura (Darkest Hour) a cargo de su paisano Joe Wright, en el que encarna al primer ministro británico de la Segunda Guerra Mundial Sir Winston Churchill.
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La Hora Más Oscura no es un biopic, tampoco una cinta bélica. Es más un thriller político centrado en uno de los momentos más difíciles del Reino Unido, en los que estuvo a punto de desaparecer como nación: Hitler ha invadido Polonia, Checoslovaquia y se apresta a invadir Holanda y Bélgica, los parlamentarios ingleses no están contentos con la actuación de su Primer Ministro Neville Chamberlain y deciden retirarle la confianza, en su lugar nombran a Winston Churchill, a pesar de que el rey y muchos otros habrían preferido a Lord Halifax.
Una vez asumido el mando, Churchill se dará cuenta que las guerras que tiene que enfrentar no serán fáciles, sobre todo por sus enemigos, que no son tanto Hitler y Musolini, como sus compatriotas Chamberlain y Halifax quienes quieren forzarlo a firmar una humillante paz con Hitler, y dejar de pelear una guerra que ya consideran perdida.
Wright dirige el filme con corrección, dejando a actuar a Oldman, que es el pilar en el que se sostiene la película, pues aparte de él, el rey, su esposa, su secretaria y su archienemigo Halifax (bien interpretado por Stephen Dillane), todos los demás personajes son meras comparsas y no permiten el lucimiento de sus actores.
Oldman se mimetiza por completo con el personaje, imita sus poses, sus gestos, las inflexiones de su voz, logrando no solo que reconozcamos en él a Churchill, sino también que nos metamos dentro de su mente, y sintamos sus iras, deseos y temores.
Fuera de eso, la película se mueve dentro de lo convencional, a pesar de los intensos claroscuros y movimientos de cámara de Bruno Delbonell. Solo hay un momento (atención spoilers) en que la cinta rompe con ese convencionalismo, y es una escena casi surreal, en la que Churchill abandona su auto y decide irse al parlamento en un metro, encontrándose con la gente común y obteniendo de ellos la inspiración que necesita. Justamente por salirse de lo común es una de las escenas mejor logradas de la película.
Si bien no se trata de una obra maestra, La Hora más Oscura, sirve como película histórica, y sería recomendable verla junto a otra de las nominadas al Oscar: Dunquerque, de Christopher Nolan, pues ambas se ubican en la misma época (mayo, 1940) y dan una visión más completa de esos difíciles momentos de la historia, no solo de Europa, sino también de la humanidad.














































































































viernes, 19 de enero de 2018

Lo Mejor del 2017

Este 2017 por  desgracia en provincia, se fueron acentuando ciertas tendencias que han logrado que sea cada vez más difícil ver cine en las salas: pocos estrenos de interés, casi el 100% de estrenos doblados,  cada vez más público para las mismas salas, salas en malas condiciones, blockbusters que duran una eternidad en cartelera , en fin felizmente existe Netflix y otras alternativas que sí están ofreciendo mayor variedad de material, aunque no siempre sea posible verlo en pantalla gigante.
Entre lo que hemos visto este año,  en la cartelera comercial he aquí lo que nos impactó más:
1.       Blade Runner 2049 impresionante secuela de la cinta de Ridley Scott a cargo del  franco canadiense Dennis Villeneuve, un cineasta que ya juega en las ligas mayores.

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2.       La La Land, maltratada por los Oscars 2017, La La Land, no deja de ser el mejor musical de los últimos 20 años, dirigida por Damien Chazelle.
3.       Silencio (Silence) de Martin Scorsese, cinta contemplativa y compleja que se vale de la historia de dos misioneros apóstatas en Japón, para tratar algunos misterios de la fe católica. Muy bien narrada y con excelentes actuaciones de Andrew Garfield y Adam Driver.
4.       La Última Tarde de Joel Calero. Anunciada para su estreno en Chiclayo, pero no llegó. Una pareja de ex terroristas se reencuentran años después en Lima para firmar su divorcio. A partir de esta anécdota el director nos cuenta no solo los pormenores de la relación, sino también de lo que pasó en el país, en los años del terror. Una película necesaria y de visión casi obligatoria.
5.       Dunquerque (Dunkirk) de Chris Nolan. El cineasta británico muestra con gran realismo y a través de diversos personajes, el heroico rescate de soldados ingleses y aliados, atrapados en una playa de Bélgica durante la segunda guerra mundial.
6.       Huye (Get Out!) Sorprendente debut como director del actor de color Jordan Pelee. El pretexto argumental es el siguiente, un joven negro va a una casa de campo a conocer a los padres de su novia blanca, lo que comienza con una amena reunión se transforma en una pesadilla. Bajo el disfraz de una cinta de terror, Pelee denuncia varias situaciones de la Norteamérica actual.
7.       Nada que perder (Hell or Higwater)  Ya comentada en este blog, David Mackenzie nos presenta una visión pesimista de una Norteamérica  totalmente decadente, a través de la historia de dos hermanos desesperados forzados a delinquir. Brillantes Chris Pine y Jeff Bridges.
8.       Coco. Pixar lo volvió a hacer. Con la direcciones de Lee Unkrich (Toy Story 3) y Adrián Molina, nos narran la historia de Miguel un niño que ama a la música, pero que vive con una familia que la odia, motivo por el cual decide dejar su casa y termina en la tierra de los muertos.  Un sentido homenaje a la cultura mexicana.
9.       Tu nombre (Kimi no na wa) Hay vida en el ánime después de Miyazaki.  Tu Nombre, es una  cinta de arranque un poco flojón, a cargo de Makoto Shinkai, pero que luego da un giro sorprendente. Taki y Mitsuha son dos adolescentes que no se conocen, pero que viven en dos lugares distantes de Japón y que  sin saber cómo están intercambiando cuerpos.

10.   La Mujer Maravilla (Wonder Woman) Aunque es una cinta irregular, cuenta con grandes momentos, que la hicieron ganarse este lugar. La película acierta desde el casting, al conseguir para el papel probablemente a la mejor mujer maravilla de todos los tiempos: Gal Gadot, quien le otorga una dignidad natural al personaje. Dirige Patti Jenkins, una gran directora quien luego de su debut con Monster (2013), había sido relegada a la televisión.  La sensibilidad y mirada femenina se nota en toda la película.