lunes, 29 de enero de 2018

Relatos de Adolescente

Lady Bird

Lady Bird fue una de las triunfadoras de la más reciente entrega de los Globos de Oro y basta ver sus primeros minutos para darse cuenta porque fue así. Si existe justicia en este mundo, esta película también debería estar entre las grandes triunfadoras en el Oscar, salvo que por dar la contra a los Globos, los señores de la Academia, decidan premiar a otras cintas.
Este film es el segundo debut de Greta Gerwig (en el 2008 co-dirigió Nights and Weekends con Joe Swanberg), una actriz que ha participado en muchas cintas de cine independiente, concretamente en una corriente de este llamada mumblecore, de las que justamente Swanberg y otros directores como Noah Baumbach, son sus principales exponentes.
Ya en sus trabajos como actriz se notaba en Gerwig una sensibilidad especial, recordamos con especial admiración su intervención en Frances Ha, la historia de una torpe mujer a quien le cuesta entrar en la etapa de la adultez.
El caso de Lady Bird es parecido, no en vano la película está basada en las memorias de la misma actriz, aunque en este caso cambia la etapa de la vida: se trata del último año de la secundaria de Christine McPherson, una adolescente con muchas ganas de triunfar, que se rebela ante su entorno, y por ello decide cambiarse de nombre por el de Lady Bird.
La rebelión de Lady Bird no es tanto contra las personas (a pesar de la difícil relación con su madre), como con la complicada situación por la que vive: verse obligada a estudiar en un colegio religioso, las carencias económicas de su familia, padres ausentes (su madre debe trabajar doble turno y su padre sufre depresión crónica), tener que relacionarse con gente de clase acomodada, etc. todas estos problemas chocan contra sus aspiraciones de irse vivir a Nueva York y salir de la pequeña ciudad californiana de Sacramento, localidad que ella siente que la asfixia.
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Por otro lado también están los problemas que sufre ella misma como ser inmaduro: un ser que está todavía buscando su propia identidad, y esto la lleva a mentir, relacionarse con las personas equivocadas y hasta avergonzarse de su familia.
Todo esto está narrado muy eficazmente a través de pequeñas escenas de corta duración, que siempre acaban bien resueltas, y confirman el buen hacer de Gerwig como relatora de historias.
Además en la cinta no hay lugares comunes, por momentos el espectador podría pensar que encontraría las típicas diatribas contra sacerdotes y monjas, pero por el contrario, no hay ni malos ni buenos. Concretamente hay una escena del personaje principal con una monja, que pinta a la religiosa como una persona muy tolerante y de buen humor.
Pero lo que más destaca en esta cinta son las actuaciones: Saorsie Ronan luce muy natural y convincente como Lady Bird y por ratos parece la Greta Gerwig de sus primeras películas. Sin embargo la que se lleva las palmas es Laurie Metcalf cuyo personaje es más complejo. ¿Dónde estuvieron antes los directores que no han sabido apreciar el talento de esta gran actriz? Las escenas que ambas comparten son lo mejor de la película.
Concluyendo Lady Bird resuma frescura y originalidad y augura un brillante futuro como realizadora a Greta Gerwig, aunque esperamos que eso no signifique que deje de participar como actriz.
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