martes, 19 de julio de 2011

Cuando X conoció a Magneto


X Men : Primera Generación
Después de esas dos decepciones que fueron X Men 3: The Last Stand (2006) y X Men Origins: Wolverine (2009), nos habían quedado serias dudas de la continuidad de esta franquicia. Por eso recibimos con cierto escepticismo el anuncio de este nuevo capítulo X Men: First Class.
Dos buenas noticias sin embargo, nos hicieron abrigar ciertas esperanzas, la llegada en la dirección de Mathew Vaughn, un  director británico que brilló recientemente con Kick Ass (2010), una fresca película de un especial superhéroe adolescente, y la participación en la actuación de Michael Fassbender, un prometedor actor irlandés de ascendencia germana, que ya había tenido una participación destacada en el film de Quentin Tarantino,  Inglourious Basterds y en 300 de Zack Snyder.
Las primeras imágenes de X Men: First Class, nos confirmaron que había razones para tener esperanza:  una adecuada introducción nos muestra la infancia de los dos personajes clave en esta historia: Charles Xavier un niño de familia acomodada que vive en total descuido de sus siempre ausentes padres, y Erik Lehnsherr un niño judío en un campo de concentración, que es obligado por el sádico Dr. Schmidt a demostrar sus dotes especiales atrayendo y  manipulando metales.
Cerca de 20 años después Charles X. Xavier ha sustentado su tesis doctoral  y gracias a la agente Moira Mac Taggert está a punto de ayudar a la CIA; mientras que Lehnsherr, recorre medio mundo siguiendo las pistas de Schmidt quien ahora se hace llamar Sebastian Shaw, y está tejiendo intrigas entre los altos mandos de los Estados Unidos y la Unión Soviética, para convertir la Guerra Fría, en una Guerra Nuclear. En esas circunstancias sus destinos se cruzan, y Charles le  salva la vida a Erik, le explica que ambos son especiales, para luego proponerle unir sus fuerzas ir contra Shaw y luego luchar por la causa mutante.
Todo esto se sucede a un ritmo trepidante, que apenas deja respirar, y nos fuerza a estar atentos a los continuos cambios de escenario, y aparición de nuevos personajes en escena. Vaughn mete de todo en su historia: acción, humor, drama, algo de historia, pero sin que la mezcla se estropee o luzca forzada, salvo la pequeña licencia histórica que se toma hacia al final con la Crisis de los Misiles de Cuba, pero que comparada con la que se tomó Tarantino en la mencionada Inglourious... es microscópica.
Los efectos especiales están bastante bien logrados, y aunque quizá algún sector del público puede pensar que son poco vistosos, la verdad es que son lo suficientemente discretos como para no opacar a los otros elementos del film. Otro elemento importante de esta película es la recreación de época: los sesentas están muy bien reflejados en varios elementos (vestuario, arquitectura, emisiones de televisión), pero no de manera general, sino muy en concreto en 1962, con todo lo que ocurría ese año.
Sin embargo, el punto fuerte de la película, además de la historia bien contada, está en el buen trabajo del reparto, X Men: Primera Generación, cuenta con uno de los mejores trabajos de casting que hemos visto en este tipo de películas. James Mc Avoy cumple bastante bien con el rol del joven Xavier, y vemos cómo su personaje va creciendo desde su despreocupada juventud, pasando por su creciente interés en la ciencia hasta su liderazgo pacífico de la causa mutante a la que se entrega en cuerpo y alma.
Pero, como ya hemos mencionado antes, quien se roba el show es Michael Fassbender, quizá en parte porque Magneto,  su personaje es el más rico, con un pasado muy sufrido, que evoluciona de la venganza pura a la lucha por la causa mutante, pero sin renunciar nunca a su agenda personal. Fassbender le da crediblidad y dignidad al personaje, al demostrarnos su dolor, su esperanza y su ambigua amistad con Charles Xavier, a quien respeta mucho, pero con quien no puede estar de acuerdo en todo.
El resto del reparto no desentona, Kevin Bacon compone un villano que quizá no sea tan atractivo como los de otras películas de superhéroes, como por ejemplo Batman, pero cumple, e incluso nos guarda alguna sorpresa. También podemos mencionar a  Rose Byrne (agente Mc Taggert) que destaca en la serie Damages, January Jones (Emma Frost) una de las revelaciones de la serie Mad Men, Nicholas Hoult (Beast) y Jennifer Lawrence (Mystique).
Si algo hay que reprochar, es esa creciente mala costumbre de las distribuidoras de doblar las películas al español. En este caso el resultado es aún más ridículo, porque gran parte de los diálogos están en alemán, que solo ha sido subtitulado.
En resumen, se trata de un prometedor nuevo comienzo, que hace renacer la fe en esta serie, y que además nos deja con muchas ganas de conocer el siguiente trabajo de Mathew Vaughn.

viernes, 18 de febrero de 2011

Encontrando la Voz de una Nación


Cuando vimos el cartel de esta película y nos enteramos que detrás de ella estaban los hermanos Weinstein, famosos por su ex productora Miramax, que metía en el mismo saco películas de calidad, y otras que no lo eran tanto pero que gustaban más a los miembros de la Academia de Hollywood, nos dio cierta desconfianza, pero no siempre se encuentra una dupla como la de Colin Firth y Geoffrey Rush en un film así es que nos aventuramos a verla.
Tras unos primeros minutos en los que se nos introduce al problema del entonces Príncipe Bertie (Colin Firth), que tiene una tartamudez que le impide dar discursos y unos médicos que no hacen mucho por corregirlo, pareciera que no vamos a ver nada nuevo y nos encontráramos ante otra película más de superación, pero entonces empiezan las sorpresas cuando aparece en escena el personaje de Lionel Logue (Geoffrey Rush), un terapista del lenguaje de "métodos poco ortodoxos", que dialoga inicialmente con Elizabeth, la esposa del príncipe, para ver si puede tratar a su marido.
Tras un encuentro infructuoso, el príncipe se convence que tal vez el tal Logue puede servirle de ayuda e inicia toda una serie de terapias físicas, algunas bastante complicadas, pero ya el terapista le ha dicho al noble, que el problema es más mental que físico, aunque éste se resista a aceptarlo.
Las cosas se complican cuando muere el rey Jorge V, y el nuevo rey Eduardo VII hermano de de Bertie, debe dimitir rápidamente porque prefiere casarse con la divorciada Wallis Simpson, y no le queda otra al príncipe que convertirse en el nuevo rey Jorge VII. Entonces la necesidad de hablar con corrección se convierte en asunto de estado, y debe llamar nuevamente a Logue a pesar de la oposición de muchos familiares y nobles en la corte.
Desde el primer encuentro entre Firth y Rush nos damos cuenta que no estamos ante un film cualquiera, ya que no sólo la química entre ambos actores es evidente, sino que ambos se han metido de lleno en sus personajes y los hacen más que convincentes. Firth compone no sólo a un rey con problemas de dicción y bastante mal humor, sino que guarda en su interior graves traumas adquiridos en sus años de niñez, que lo hacen un ser humano, que no despierta antipatía, sino compasión.
Logue, el personaje de Rush es al contrario, un tipo seguro de sí mismo y de sus conocimientos y experiencias, a pesar de no tener ningún título que lo avale. Pero, aunque a veces esa seguridad pueda ser confundida con arrogancia, es un tipo muy humano que le gusta ayudar a los demás y además sabe cómo hacerlo.
Cada momento en que se encuentran ambos, las cosas se ponen mejores ya que sus difíciles relaciones  (recelo primero, confianza después, ruptura y finalmente reconciliación) son mostradas con suma credibilidad, verdaderos duelos actorales, capaces de captar la atención del espectador más desinteresado.
Esto obviamente es mérito de los actores en los que recae el mayor peso de la película, pero también de un guión que está construido con precisión relojera para contar una historia con mucha eficacia, pero también con la emoción suficiente como para sensibilizar a los más fríos, la flema británica aquí, se va al tacho. Cuando nos enteramos luego que David Seidler el guionista, tuvo una historia parecida a la del rey, nos explicamos muchas cosas.
La reconstrucción de época es muy precisa, no sólo por los lugares públicos y las escenas en interiores, sino también por la recreación de los instrumentos electrónicos y radiales de la época. La música si bien mayormente está compuesta por piezas de Mozart, tiene también piezas originales creadas por Alexandre Desplat, las  cuales cumplen su función de dotar de emoción a muchas escenas, sobre todo en las cercanas al final. La dirección de fotografía es también digna de destacar, el encargado Danny Cohen coloca y mueve muy bien la cámara y logra composiciones bastante expresivas y originales. Pero la fotografía no hubiera sido bien aprovechada, de no ser por el montaje de Tariq Anwar que brinda un ritmo ágil al film, pero que sabe detenerse en los momentos íntimos y  logra sus mayores luces hacia el final.
No podemos dejar de hablar del director, Tom Hooper que si bien cuenta con un buen guión en el que sustentarse, ha tenido la habilidad de orquestar con maestría los distintos elementos del film, especialmente el reparto multiestelar (Helena Bonham-Carter, Guy Pearce, Timothy Spall, Michael Gambon), que a veces puede ser difícil de controlar.
Hooper también acierta en recrear las tensiones que se dan en las relaciones entre el rey y su amigo, o entre este último y los allegados al rey, pues no hace falta recurrir a un libro de historia para darnos cuenta que las relaciones entre nobles y plebeyos no eran tan sencillas en la Inglaterra de principios del siglo XX.
Donde se puede apreciar la mano del director está en la escena de la discusión entre Bertie y Logue, que ocurre cuando ambos caminan por una gran avenida de un Londres lleno de niebla, en los que cámara en mano combinado con steady cam y algunos cortes dotan el momento de gran tensión aprovechando al máximo la escasa luz y las sombras; y claro la escena clímax cercana al final, cuando vemos al ahora rey Jorge enfrentar su destino, y logra encontrar su voz (que en esas horas aciagas de la segunda guerra, se convierte en la voz de toda una Nación) donde el montaje paralelo bien ejecutado, hace imposible el dejar de prestarle atención.
Este es el tercer trabajo de Hooper (antes hizo Red Dust y luego The Damned United), con lo que parece que tendremos a un director interesante a seguir en los próximos años.
Finalmente sobre El Discurso del Rey, ¿está hecha al gusto de los miembros de la Academia? pues sí, ¿le gustará al gran público? es muy probable... Pero ¿eso la hace una mala película? Para nada. Al contrario, no está demás recordar que hubo un tiempo en que mucho del cine que se hacía era para tratar de agradar a la mayor cantidad de público, sin que eso signifique renunciar a la calidad.

viernes, 14 de enero de 2011

Un legado descuidado


Hace casi 30 años una cinta se adelantó a su tiempo, se trató de Tron de Steven Lisberger, pero al revés en el que Kevin Flynn un joven hacker y dueño de una sala de juegos de video, es secuestrado  y enviado a un mundo paralelo regido por una especie de programa maligno que gobierna de manera tiránica, llamado Sark-Control Maestro que es la versión electrónica de uno de los villanos del mundo real .
Flynn tiene todas las de perder en un mundo en el que desconoce totalmente las reglas hasta que recibe la ayuda de Tron, una especie de programa superhéroe que defiende a los usuarios y con él logra vencer al malhechor y vivir en una era de paz.
Filmada en gran parte en blanco y negro, y luego colorizada con técnicas de rotoscopía, y con los primeras imágenes computarizadas usadas en cine, la película se convirtió prácticamente en un film de culto, a pesar de su trama llena de términos informáticos complicados de entender en ese momento, por un público que todavía no conocía las computadoras como ahora.
En el 2010, Lisberger ahora como productor, decide que es tiempo de retomar la historia, que empieza poco después de donde terminó la primera parte: Kevin Flynn llena la cabeza de su hijo de 7 años con historias sobre sus fabulosos viajes a "La Red", el mundo paralelo digital que descubrió, que ahora gobierna y que él ha convertido en un videojuego que lo ha hecho millonario. Se vale para ello de réplicas tipo Star Wars de los personajes. Pero justo cuando está punto de contarle un último descubrimiento, se detiene, le da las buenas noches a su hijo, se va a "La Red" y no vuelve más.
Esta escena inicial, está muy bien contada: hace una buena presentación de los personajes, la recreación de una habitación de los '80 es bastante realista, se palpa el amor y la conexión que existe entre padre e hijo,  y que se mantendrá a pesar de los años ("Somos del mismo equipo", se dicen). Pero lo que más sorprende de este momento, es la versión digital de Jef Bridges, sorprendentemente similar a como lucía en el Tron de los '80.
Luego de este prometedor inicio, las cosas para la película ya no van a mejorar, el nudo argumental es bastante flojo y los personajes que aparecen a partir de allí (salvo el de Flynn y en menor medida el de Clu), tienen la dimensión de un personaje de videojuego.
Incluso cuando Sam, el hijo de Kevin acude en busca de su padre al mundo de digital de "La Red", las cosas decepcionan un poco: es verdad ahora el mundo paralelo luce más real, y los efectos digitales son más definidos que en el original, pero no hay nada novedoso con respecto al primer film, es un mundo oscuro (salvo la zona donde viven Flynn y Q y también el bar de Castor), diseñado sin mayor imaginación y ni siquiera las escenas de luchas en juegos y persecuciones tienen algo que las haga realmente destacarse.
Las actuaciones son bastante disparejas, la experiencia y las virtudes de Jeff Bridges lo elevan por encima del resto del reparto, aunque tiene la suerte de que su personaje es el menos plano. Increíblemente la actuación que sigue en méritos es la de su doble digital Clu, y aquí seguro podría darse un debate sobre lo que pronto será una tendencia en Hollywood: la de incluir actores digitales y sobre si se puede comparar sus "habilidades" con actores de carne y hueso. Lo dejamos allí.
Del resto Olivia Wilde (la Dra Remy de House) apenas cumple, Garret Hedlund fracasa en su intento de darle algo de alma al personaje de Sam, y al pobre de Bruce Boxleitner le tocó bailar con la más fea: su personaje a pesar de su importancia en la historia original, está ahora completamente relegado y ni siquiera tiene derecho a un doble digital, como su colega Bridges.
La música de Daft Punk funciona generalmente bien, aunque a veces está presente más tiempo del que debe, y si tuvo la mala suerte de presenciar la versión doblada, tendrá que soportar la distorsión que sufren  la música y los efectos sonoros, que a veces llegan a niveles peligrosos para los oídos.
El director Jospeh Kosinski, proveniente del mundo de la publicidad de videojuegos, y que debuta en el cine en esta película, nos ofrece una historia superficial, ingenua y que desaprovecha totalmente los avances tecnológicos desarrollados desde los '80 a la fecha para incorporarlos a la trama: ¿Qué hubiera ocurrido por ejemplo si se hubiera utilizado el Wifi (mencionado en el film en tono de broma) en lugar de los cables como puente entre ambos mundos?
Cuando después de ver una secuela, tenemos unos deseos incontenibles de volver a ver el original, obviamente no estamos ante una gran continuación, y es que Tron, sin llegar a ser una obra maestra, definitivamente envejecerá mejor de lo que lo hará su secuela.