viernes, 18 de julio de 2008

REGRESO A LA SELVA


RESCUE DAWN
Fundador de ese grupo de cineastas agrupados en el movimiento llamado Nuevo Cine Alemán, Werner Herzog (Munich, 1942), siempre fue dueño de un estilo muy personal de hacer cine, debido en gran parte a su formación autodidacta.
Lo primero que uno piensa cuando empieza la película es ¿qué hace Werner Herzog haciendo una película sobre Viet Nam?, pero cuando vemos los créditos vamos resolviendo esta duda: se trata en realidad de la historia de un piloto alemán nacionalizado norteamericano que participó en una misión secreta en Laos, durante la Guerra de Vietnam, Dieter Dingler; entonces no estamos para nada otra historia de esa guerra, sino ante otra con un tema que es muy común en Herzog: la de un hombre solitario que se enfrenta a un mundo hostil, extraño, con pocas posibilidades de salir adelante.
Justo cuando va iniciar su primera gran misión, el piloto Dingler cae en plena selva de Vietnam, es hecho prisionero y llevado de un lugar a otro, hasta que llega a una prisión, con varios soldados norteamericanos subalimentados y tratados casi como animales. Al poco tiempo de llegado Dingler, las cosas empiezan a cambiar: él no ha caído en esa especie derrotismo resignado, como sus compañeros ni está esperando una liberación que nunca llegará, sino que trata de sacar el mejor provecho al encierro y empieza a planificar la mejor ocasión para fugarse.
Es justamente este momento el que más destaca Herzog en la película: la larga temporada de encierro, mediante el cual vamos conociendo la extraña relación que se establece entre Dingler y sus compañeros de celda y entre ellos y sus captores. Con personajes muy bien construidos, de perfiles inquietantes e interpretados con naturalidad, durante eso largo minuto del cautiverio, el cual a pesar de su densidad se convierte en la columna vertebral de la película.
Por supuesto que quien llama más la atención en la película es Christian Bale, (que nuevamente ha bajado de peso de forma extrema para este film, aunque no al grado del que lo hizo en El Maquinista), quien realiza una de sus más sólidas actuaciones, caracterizando a un personaje muy creativo y postivo, a quien las dificultades lejos de doblegarlo, lo fortalecen.
Pero no es sólo Bale quien destaca, también hace lo suyo Steve Zahn en un rol muy distinto al que estamos acostumbrados a verlo, y por supuesto Jeremy Davies (también con una bajada de peso brutal), con su magnífica construcción del verborrágico y desconcertante Gene, quien da muy buena réplica a Dingler. No en vano, Herzog comentaría en una excelente entrevista que le hizo la web Rotten Tomatoes (ver link abajo, la recomiendo), que contó para esta película, con los mejores actores de su generación.
Otro detalle que llama la atención, es el brillante registro de la fotografía, que capta a la selva asiática en tonos muy vivos, de gran contraste, algo inusual en este tipo de films. Al respecto, luego Herzog comentaría que lo logró gracias a un tipo de película especial el Super 35 mm, que utiliza una mayor cantidad de rollo, que el 35 normal, y que además, gracias a la fuerza del operador Peter Zeitlinger (un ex jugador de Jockey), pudo adentrarse en zonas de selva muy difíciles.
La película quizá se excede algo en su metraje y para muchos podría resultar no relevante el epílogo final (pero si consideramos el tema de la misión secreta se entiende perfectamente), pero ello no desmerece para nada el resultado final.
En suma estamos ante un filme típico de Herzog, donde se encuentran muchos de sus elementos personales, sin que ello signifique que estamos ante un film repetitivo, al contrario, nos demuestra que a sus 66 años, el realizador de Aguirre, la cólera de Dios, está en plena forma.
Lo lamentable, es que ha pasado desapercibida para los distribuidores nacionales, y de no ser por otra afortunada casualidad (la pusieron en el dvd de un bus pensando que quizá se trataría de una típica película de Viet Nam), no la habríamos visto. Aunque esto ya no debería sorprendernos, seguramente la siguiente película de Herzog, su versión de Bad Lieutenant, la veremos en circunstancias parecidas.

http://www.rottentomatoes.com/m/rescue_dawn/news/1689315/werner_herzog_on_rescue_dawn_the_rt_interview

jueves, 26 de junio de 2008

LOS 50 AÑOS DE VÉRTIGO



En un ciclo en honor a Alfred Hitchcock programado actualmente en la USAT, tuvimos la oportunidad de volver a apreciar Vértigo, considerada por los críticos como la mejor película en la extensa filmografía del mago del suspense. Justamente por estos días Vértigo cumple 50 años de vida, y luce tan impactante como el día de su estreno.

Cuando Alfred Hitchcock leyó la novela De Entre los Muertos, de los franceses Pierre Boielau y Thomas Narcejac, enseguida se forjaron en su mente las imágenes de lo que sería una de sus películas más personales, pero no encontraba el guionista que diera forma a los personajes y diálogos de lo que sería su historia.
Sólo tenía en claro las locaciones: Hitchcock detestaba filmar en exteriores, pero las imágenes que tenía en mente, lo obligaron a buscar un lugar que tuviera esas locaciones, y lo encontró en San Francisco, una ciudad con pasado español, rodeada de hermosos paisajes campestres. Los primeros guionistas le enviaron trabajos imposibles de filmar, hasta que le recomendaron a un nativo de esa ciudad: el dramaturgo Samuel Taylor, quien fue el único que pudo dar vida a los personajes y construir los diálogos del film, aunque luego Taylor cedería gran parte del mérito a Hitchcock:
“Sabía exactamente lo que quería hacer, y me explicó varias escenas con meticuloso detalle. Lo que necesitaba era un escritor que le ayudar a articular lo que veía”[1].
Aparentemente la trama conservaba su esencia policial: John “Scottie” Fergusson, un ex policía, se ve forzado por hacerle un favor a un amigo, convertirse en detective privado y seguir a su esposa, la cual aparentemente está poseída por el espíritu de un antepasado suya, que le inculcaría tendencias suicidas. Fergusson se enamora de la mujer de su amigo, pero al sufrir de agarofobia (pánico al vacío), por un accidente cuando fue policía, no puede evitar que esta se arroje de lo alto de una torre, consumando su suicidio.
Pero, Hitchcock empleando una vez más su técnica McGuffin (término que utilizaba el realizador para referirse a un hecho, objeto o situación al que el público y los personajes conceden mucha importancia, pero que en el fondo sólo sirve para llamar la atención al espectador y reconducirlo, sin que él lo advierta, hacia el tema principal del filme [2]), utiliza la trama policial como un mero pretexto, lo que el quiere contarnos en realidad, es el romance entre Scottie y Madelleine, aunque al final de cuentas, la historia que se nos cuenta no es tampoco romántica, es una fábula sobre la imposibilidad de traer de vuelta con nosotros a los muertos, sobre lo vano de querer de transformar una persona en otra, sobre el engaño y la decepción, y otros temas que rondaban la mente del director en esos días.
Es por eso que Vértigo fue muy distinta a lo que Hitchcock había hecho hasta ese momento, incluyendo la ausencia de un final feliz y quizá fue por eso que el público y la crítica se defraudauron un poco del a película, y la recibieron fríamente.

OBRA MAESTRA
Tendrían que pasar algunos años cuando otros críticos como el francés Francois Truffaut, revaloraron la cinta, para que los demás críticos y el público, consideraran que Vertigo era realmente una obra maestra[3] y verla ahora después de 50 años, se puede estar completamente de acuerdo con ellos.
Vértigo posee una historia que contiene todos los ingredientes atractivos para el público, una mujer misteriosa, un pasado tormentoso, un hombre enamorado y obsesionado con regresar a la vida al ser amado.
Hitchcock contó para esta película con dos de los actores más populares del momento: James Stewart quien en esta película más que en ninguna otra sería el alter ego de Hitchcock, y Kim Novak, quien lució muy natural en su único trabajo con Hitchcock. Ambos harían las mejores interpretaciones de su carrera[4].
Pero además de ello, la película contiene algunas de las escenas más bellamente filmadas en el cine de Alfred Hitchcock, como por ejemplo: cuando el personaje de Madeleine contempla una tumba en medio de la bruma, o la escena en el bosque de secoyas o la aparición de Judy vestida como Madeleine, con una fantasmagórica iluminación verde de fondo, etc.
Además el genial cineasta británico, aportó a la historia del cine, un importante trucaje: la combinación del zoom in (acercamiento con el zoom) más travelling out (alejamiento físico de la cámara), que simulaba con bastante aproximación, la sensación de atracción-repulsión que a veces tenemos cuando miramos hacia el vacío, desde una altura considerable.
Punto aparte merece el gran trabajo musical de Bernard Hermann, tanto al componer las enigmáticas e inquietantes notas de los créditos iniciales, como las piezas que acompañan las escenas de seguimiento o romance a lo largo del film, basadas a su vez en temas clásicos como el Tristán e Isolda de Wagner.
Hoy 50 años después, Vértigo sigue sorprendiendo a medio mundo, no sólo por su gran calidad sino por ser una obra adelantada a su tiempo y a la vez muy personal, “Es increíble como una película tan personal pudo haber salido del sistema de estudios de Hollywood, con grandes estrellas, además”, diría Martin Scorsese[5], y tiene razón, definitivamente fue la obra más personal de Hitcchcock y el mejor homenaje que podríamos darle es volverla a ver.



[1] Samuel Taylor citado por Donald Spoto en Alfred Hitchcock: la cara oculta del genio. (Ulramar Editories 1984)
[2] Juan José Muñoz en su blog http://jjmunoz-mashumanos.blogspot.com/2008/06/el-incidente-de-m-night-shyamalan.html
[3] Susana Farré en la revista On line Miradas de Cine : http://www.miradas.net/0204/clasicos/2002/0210_vertigo.html
[4] Samuel Taylor diría: “Parecía tan ingenua en su papel y eso fue lo mejor. Siempre resultaba creíble. No había ‘arte’ en su actuación y es por eso que todo funcionó tan bien”. Citado en la Op. Cit. de Spoto.
[5] Martin Scorsese en el documental “Obsesionados con Vértigo”, incluido en los bonus track del DVD.

viernes, 11 de abril de 2008

ELEGÍA WESTERN

EL ASESINATO DE JESSE JAMES POR EL COBARDE ROBERT FORD


El caso del guionista y director australiano Andrew Dominik es extraño pero parece encaminarse por buena senda. Con su primera película Chopper, se llevó ya varios premios en festivales y cierto reconocimiento internacional, pero pasaría mucho tiempo para que pueda rodar su segundo largo. Sin embargo 6 años después, consigue la oportunidad de rodarlo y nada menos que con Brad Pitt para llevar a cabo una nueva versión sobre la historia de Jesse James, que aballestado en el tintero cierto tiempo.
Pero esta versión de Jesse James es muy sui generis, muy personal. Estrenada el año pasado (junto con 3:10 to Yuma, fueron los únicos westerns en el horizonte), El asesinato de Jesse James..., se centra más en las relaciones personales entre Jesse el mítico líder de la banda y Robert, el joven aspirante a integrar el legendario grupo, que en tiroteos o persecuciones.
Además nos presenta a dos personajes que han sido desmitificados James no es el heroico ladrón que roba a los ricos para darle a los pobres, es un pobre diablo paranoico que ve traidores por todos lados y por ello es capaz de eliminar hasta sus compañeros. Ford por su parte, es al comienzo el chiquillo idealista que quiere emular al héroe que ha leído en varios pasquines, pero que luego al irse revelando ante él como el criminal miedoso e inseguro que es, torna esa admiración, en odio y miedo.
La película comienza con el planeamiento del asalto a un tren, escondidos en un apacible bosque Jesse James y sus compinches conversan, bromean, ríen, mientras faltan pocas horas para el robo. Este primer acercamiento sirve para introducirnos a la banda y revelarnos las personalidades de cada uno.
Pero hasta en esta escena de acción las cosas en este film son diferentes: está filmada en claroscuros, con pocos efectos sonoros (los balazos suenan lejanos, asordinados), casi sin tiroteos, ni luchas heroicas, sólo una cobarde agresión de James a un envalentonado miembro de la tripulación del tren. El asalto, pasa a ser entonces un hecho triste, casi fúnebre.
Y precisamente ese es el tono que predomina en la película, fúnebre, elegíaco. La música seria, tocada por cuerdas graves en su mayoría, los colores virados por lo general a los tonos sepia y una omnipresente voz en off, que cuando se oye, desenfoca lo que estamos viendo en pantalla, actúan como preparándonos al hecho más importante de la cinta y que tiene que ver con su largo título.
Si bien a veces los largos planos contemplativos y el ritmo por ratos cansino, parecerían enturbiar por momentos la cinta, las apariciones de un Brad Pitt mucho más cuajado y maduro, pero sobre todo de un sorprendente Casey Affleck (¿de veras es hermano de Ben?), quien dota s su personaje de una serie de matices que su personalidad va adquiriendo a medida que pasa la película, terminan por mover al espectador a seguir la apuesta por Dominick hasta el final.
Por supuesto, el resto del reparto también ayuda mucho, los consagrados Sam Sheppard y Sam Rockell se meten de lleno en sus papeles, e incluso gente de menor trayectoria como Paul Scheneider, tampoco desentona. Sólo Mary Louis Parker aparece desperdiciada en el rol menor de Zee, la esposa de James.
La fotografía de Roger Deakins, merece un comentario aparte, pues a pesar de registrar momentos tan dispares como las del asalto al tren o las discusiones madrugadoras entre James y sus compinches, con las de momentos llenos de luz (como la escena inicial en el bosque o los exteriores llenos de nieve), mantiene siempre el tono sin caer en excesos, ni virtuosismos.
En resumen El asesinato de Jesse James inscrito más en la corriente del western crepuscular (como Unforgiven de Clint Eastwood) que en el clásico, es un film que sorprende por su planteamiento audaz y que no decepciona, ni aburre a pesar de sus dos horas, cuarenta minutos de duración y nos deja con mucha curiosidad para ver cuáles serán los próximos trabajos de este director. Ojalá que no tengamos que volver a esperar 6 años más.

lunes, 17 de marzo de 2008

¿UNA AFEITADITA?


SWEENEY TODD: EL BARBERO DEMONIACO DE LA CALLE FLEET


Después de la emotiva The Big Fish y las divertidas Charlie and the Chocolate Factory y Corpse Bride, teníamos la impresión que Tim Burton seguiría en su línea positiva con sus puestas en escena, e incluso luego de ver el trailer por la televisión daba la impresión que Sweeney Todd sería un divertimento de humor negro, muy negro quizá, pero humor y al fin y al cabo. Pero las apariencias engañan.
Basada en el musical de Stephen Sondheim y Hugh Wheeler quienes supuestamente se basaron a su vez en una historia de la vida real, Sweeney Todd es un musical sangriento que carece casi completamente de momentos de humor.
Todd es un barbero que regresa después de muchos años a Londres (extraño ver cantando a Johnny Depp No place like London), a consumar una venganza: eliminar al juez que mató a su esposa y lo acusó a él del crimen enviándolo 15 años a prisión.
Estéticamente Sweeney Todd guarda muchos aspectos en común con Sleepy Hollow, sobre todo en el tratamiento del color, pero también combina con elementos de otras corrientes como el maquillaje del expresionismo alemán y en algunos momentos los tonos chillones (en especial el de la sangre), de las películas de terror de la productora británica Hammer, muy queridas por Burton.
El reparto es sensacional, realmente de lujo y ninguno desentona ni actuando ni cantando. Depp por ratos luce extraño, cantando pero siempre brillante; aunque más destaque por momentos Helena Bonham Carter como su cómplice la Sra. Lovett. De igual modo el resto del elenco no desentona para nada: Alan Rickman, Timothy Spall el niño Ed Sanders y hasta el excéntrico Sacha Baron Cohen en un breve papel.
Solo Campbell Bower y Jane Wisener, desentonan algo, pero la razón es más porque sus personajes no están del todo desarrollados.
Eso sí, la película no parece estar dirigida a un amplio público. Los fanáticos de Burton pueden quedar encantados con ella, pero para los demás puede resultar demasiado oscura, especialmente si han visto los desorientadores trailers de la t.v.
En efecto, Sweeney Todd se va volviendo cada vez más violenta y pesimista a medida que avanza la trama, y los momentos musicales, no son utilizados como respiro, sino que acentúan el carácter sombrío de la trama, incluso el único momento de esperanza que tiene el film (el sueño-canción By the Sea, que canta Mrs Lovett), rápidamente se desvanece, para dar paso al terrible desenlace.
Justamente la escena final es realmente desoladora, de esas que a uno lo obligan a quedarse sentado varios minutos después de haber terminado los créditos. Hasta ahora, hubiera sido muy difícil creer que alguien lograría combinar con tanta maestría un buen musical, con una película tan oscura y pesimista. Burton lo ha conseguido.

jueves, 14 de febrero de 2008

CLÁSICO Y MODERNO



EL TREN A YUMA

La carrera de James Mangold, parece estar en franca recuperación: al interesante biopic sobre el cantante Johnny Cash Walk the line, que se llevó un Oscar a la mejor actriz, podemos agregarle ahora su primera incursión en el western; claro sino tomamos en cuenta Copland, aquel logrado film con Silvester Stallone y Harvey Keitel, que no era otra cosa que un film del oeste disfrazado de policial.
Esta vez se trata de un nueva versión de un clásico del oeste norteamericano de Delmer Danes protagonizado por Glenn Ford, que se basa en el cuento de Elmore Leonard, sobre un granjero venido a menos, quien para salvar sus tierras y recuperar el respeto de su familia, acepta formar parte del grupo que escoltará al temible criminal Ben Wade al tren que lo llevará a la horca.
Como buen cinéfilo, Mangold nos ofrece un aplicado ejercicio que respeta muchas de las convenciones del género, mostrando los grandes escenarios abiertos que son típicos de los western clásicos, aunque mejorados por una fotografía detallista, sincronizada perfectamente con un sonido limpio.
Un buen ejemplo de esto, es el asalto inicial a la diligencia, magistral secuencia que dura varios minutos y que es todo un ejemplo de virtuosismo al mostrarnos en gran detalle una dura batalla por capturar un botín.
Pero es en la dimensión humana de los personajes donde Mangold demuestra que más que un cinéfilo, es alguien con vocación de autor. Los personajes de esta nueva versión están mucho más redondeados que en el filme original, no estamos aquí ante el típico esquema maniqueo de muchos westerns: el héroe es un tipo que trata de cumplir las reglas, pero precisamente por ello está perdiendo sus tierras y lo que es peor el respeto de su familia y más que un tipo resuelto e idealista, es alguien disminuido (no sólo físicamente), lleno de dudas.
Y el malo, a pesar de ser un asesino cruel y despiadado, es una persona muy inteligente, con sensibilidad artística y dueño de una personalidad encantadora, con la que cautiva tanto a los bestiales miembros de su banda, como a sus enemigos.
Por supuesto, hubiera sido un riesgo muy grande encargarles estos personajes a cualquier actor, pero felizmente el casting trabajó bien, Russell Crowe está como pez en el agua en su rol del duro y sensible Ben Wade, y Bale, uno de los mejores actores de su generación, compone magníficamente a un Dan Evans que intenta actuar moralmente, pero que está lleno de dudas y decepción.
Junto a ellos un equipo de secundarios (entre los que destacan el veterano Peter Fonda en el rol de un viejo cazarecompensas y Ben Foster, como el sicópata lugarteniente de Wade), que no sólo no desentona, sino que aporta mucho de autenticidad al film.
Y ya que hablamos de autenticidad, no podemos dejar de mencionar los ingeniosos diálogos, que en muchas ocasiones funcionan como duelo sin armas entre los personajes. Son particularmente destacables los que sostienen Wade y Evans en la habitación del hotel, y el posterior entre el mismo Wade y el hijo de Evans.
La historia avanza sin trabas y no lleva al espectador por los archiconocidos caminos de siempre, sino que le depara sorpresas a cada tramo del camino, incluyendo el magnífico final, digno de los mejores westerns de todos los tiempos.
A pesar de que muchos ya le habían extendido su partida de defunción, con películas como ésta o El asesinato de Jesse James, el western demuestra que todavía tiene para rato, especialmente si se les encarga a directores como James Mangold, del cual esperamos ver aún mejores trabajos en el futuro próximo.

miércoles, 13 de febrero de 2008

El camino de San Diego


Para quienes hemos visto las dos anteriores películas del argentino Carlos Sorín, su última producción decepciona y plantea interrogantes con respecto al futuro de este buen director cuya filmografía va de más a menos.
Recuerdo con agrado Historias mínimas, su filme más laureado, una película con caractrísticas inusuales dentro de la cinematografía sudamericana por su estilo neorrealista: actores no profesionales, con una historia personal, un buen uso de la cámara en mano, sin grandes conflictos ni mucho menos intenciones comercialonas. Todo desarrollándose en la patagonia argentina, con su gente y su singular forma de hablar, un road movie atípico donde tres historias se desarrollan paralelamente, sin happy ends pero dejando al público satisfecho como pasó en el Festival de Lima de hace algunos años donde ganó el premio a Mejor Película.
El filme que le seguiría a Historias mínimas es Bombón, el perro, una nostálgica historia -también desarrollada en la patagonia- que es casi la prolongación de una de las historias de su anterior producción. Nuevamente el neorrealismo es evidente: su protagonista es un poblador de esa zona de la argentina, un inexperto de la actuación que le da un aire fresco y realista a este filme, gracias a la notoria improvisación de sus diálogos y de sus gestos en casi todo el filme. Con respecto a la estructura del guión de esta película nuevamente no hay conflictos y tras 20 minutos de metraje Sorín nos lleva de nuevo por las carreteras de la sierra argentina en un road movie muy simpático, singular pero sin el acabado ni mucho menos la identificación del público como si sucedió con Historias mínimas.
Después de unos años llegó El camino de San Diego, su esperada ultima producción, que personalmente defrauda. Veamos: el estilo es el mismo de sus anteriores películas, neorrealismo aparente porque en esta película interactúan peronajes de la realidad con actores lo que hace que el público sin ser muy entendido note las diferencias imensas de actuación y estilo al hablar en los personajes de la película.
Hablar de los personajes es justamente algo clave en los errores del filme. No sólo el mezclar personajes reales y actores es forzadísimo el problema de raíz está en la construcción de los mismos: personajes demasiado ingenuos, demasiado buenos (en la peli no hay argentino malo, todos son dadivosos... hasta la prostituta de ruta es buena gente), es decir, muy acartonados.
Sobre las motivaciones que inducen al personaje principal en el filme pues son clarísimas: él es un fan de maradona, diego enferma y Tati benítez (personaje principal) decide ir a buenos aires para entregarle una raíz que "se parece a maradona". Tati es un seguidor extremo de maradona y durante su trayecto intenta descubrir en la opinión de la gente algún misticismo o sentido a su viaje, explicación que no tiene resolución más que la de la necesidad de un pueblo por encontrar ídolos, gente en quien creer, en quien confiar y que de ese modo obtengan felicidad o algún "milagrito" como en la escena donde el bus donde sube tati se dirige a ver a la imagen del gauchito gil, ahí se aprecia el tema de la devoción y se realiza la primera metáfora de la imagen del diego maradona "santo", analogía que por cierto resulta risible cuando un grupo de manifestantes irrumpe su paro simplemente por la figura de diego maradona en pedazo de árbol... escena poco lograda por la facilidad de su resolución.
Pero no quiero ser malo con Sorín, los primeros 20 minutos de la película son buenísimos: testimonios my bien logrados de los pobladores, una imagen poco iluminada, una excelente cámara en mano, las imágenes insertadas y la voz en off nos muestran un clásico documental social o de lo contrario -para los más entendidos- un genial documental ficcionado... lástima que después todo se desdibuja, desaparecen los testimonios y el estilo visual es más común, más digerible para cualquier público y es que aunque al principio la peli parece una creación de autor tal parece que Sorín intento llegar al gran público, hacer una peli dento de todo comercial mucho más usando como móvil la figura de maradona y un seudo neorrealismo que se ha convertido en un tópico para este director que esperemos retome su estilo inicial, personal aquel que descubrimos en una gran obra como Historias mínimas.

lunes, 28 de enero de 2008

EN EL NOMBRE DEL PADRE

Perder un padre no es cosa de todos los días, y no debería serlo por el dolor que implica esta pérdida, sobre todo cuando se trata de un buen padre. A manera de homenaje al padre que se ha ido, hacemos aquí una pequeña revisión de películas que en los últimos años, han tratado el tema de hijos que de un momento a otro se enfrentan a la partida del autor de sus días.

Las Invasiones Bárbaras (Les Invasions Barbares) de Dennys Arcand
Una rara muestra del cine quebequiano, que por una aún más rara decisión de los distribuidores nacionales se pudo ver en el Perú, con la colaboración también del circuito de distribución pirata.
Se trata en realidad de la conclusión de una película anterior del mismo Arcand que llevaba por título El declive del imperio americano (Le Decline de l’Empire Americaine), en la cual el director vuelve a reunir a varios de los personajes de aquel film, pero esta vez en ocasión de la enfermedad terminal del protagonista Remy.
El tema de la primera película se centraba en la discusión sobre si la civilización estadounidense estaba llegando a su fin, que hacía Remy con varios de sus colegas académicos. Por el título esta secuela llamada Las Invasiones Bárbaras situada 17 años después, parecía indicar una reafirmación de este tema, especialmente cuando una de las escenas iniciales muestra los sucesos del 11 de setiembre del 2001.
Pero rápidamente la cinta da otro giro, cuando aparece en escena Sebastien, el hijo de Remy quien llega a Montreal por un pedido de su madre, más que por querer ver a su padre, ya que está muy resentido con él, por el divorcio de ambos años atrás.
Al principio la relación entre padre e hijo, es tirante, no sólo porque Sebastien no le perdona al padre que haya dejado a su madre, sino también porque son literalmente opuestos: izquierdista e idealista el padre, capitalista y materialista el hijo. Pero luego de la revelación de un secreto por su madre, Sebastien cambia y mueve cielo y tierra para hacer que el tránsito de su padre hacia la muerte sea lo menos penoso posible.
Tratada con algo de frialdad y distancia, la película no deja de ser por ello emotiva, y realista. Todo esto gracias a unos personajes muy humanos, bien trabajados en el guión y un gran trabajo del elenco de actores, todos franco-canadienses y por ello mayormente desconocidos.
A pesar del estilo diametralmente opuesto al cine norteamericano, porque se basa más en los diálogos y en las relaciones personales que en caros efectos especiales, la película se deja ver, sin caer en el aburrimiento, por el contrario invita a la reflexión y ya sólo por ello su visión es recomendable.

El Gran Pez (The Big Fish) de Tim Burton
El mismo año que Arcand, entregaba al mundo sus invasiones bárbaras, un director norteamericano de estilo totalmente diferente, nos entrega una película que a pesar de ello, tiene una gran similitud con la cinta de Arcand. Acá también hay un hijo, que es llamado por su madre, para que regrese a ver a su padre, cuyo final parece muy próximo.
En este caso padre e hijo han estado también alejados por su manera de ver el mundo (fantasioso el padre, hiperrealista el hijo), pero sobre todo por la voluntad del hijo, de querer encontrar su espacio, lejos de la gran sombra de su padre, el mitómano Edward Bloom.
Lo que en la película de Arcand lo conseguían los diálogos y las relaciones simples de los personajes, Burton lo logra intercalando las fantasiosas historias que contaba el padre, llenas de una gran imaginería visual, como sólo Burton sabe hacerlo y que reflejan su talento como creador, que había quedado mellado con su fallida Planeta de los Simios.
El elenco trabaja casi a la perfección, cada actor se mimetiza con su personaje, especialmente los británicos Ewan McGregor y Albert Finney, quienes interpretan a Edward Bloom en distintos momentos de su vida. Jessica Lange luce genial como la comprensiva esposa de Bloom y Billy Crudup no desentona, en el rol del incomprendido hijo.
La escena final, en el entierro multitudinario del padre (*), cuando el hijo puede comprobar cuánto de verdad, habían en sus historias, es una de las mejores que hemos visto del cine de Burton, tanto por su logrado aspecto visual, como por las hondas emociones que inspira. Obviamente muy recomendable.
(*) Esto tiene un valor emocional muy grande para mí, porque la despedida a mi padre, con la Iglesia Matriz de Sullana, llena de muchas personas, algunas de las cuales veía por primera vez, aplaudiendo de pie, me remitió inmediatamente a las visiones de Burton.

Perdiendo el Control (Click) de Frank Coraci (Adam Sandler)
Aunque nunca aparece como director de sus filmes, Adam Sandler es el típico caso de actor/autor, que tiene una participación tan grande en la producción de sus filmes, al punto que no importa al final quién dirige el film, la mayoría de las veces lucirá como “una película de Adam Sandler”.
En esta ocasión, Sandler nos presenta la historia de un arquitecto quien se mata trabajando para poder dar a sus hijos un mejor nivel de vida, pero no encuentra el tiempo para concentrarse en su trabajo. Además su poco comprensivo jefe le exige cada vez más. Un día, producto de su encuentro con un misterioso técnico, llega a sus manos un control remoto universal, que no sólo controla todos los aparatos eléctricos de su hogar, sino que también controla algunos aspectos de su vida.
Todo parece ir bien, hasta que el control se empieza a autoprogramar, y empieza a controlar sus acciones, haciendo que años enteros pasen en segundos y él no pueda hacer nada por evitarlo. Así por ejemplo, en un segundo se pierde el salto de sus bebes a la segunda infancia y luego a su adolescencia.
Aunque la sutileza de Sandler para el humor, muchas veces pueda compararse a afeitarse con un machete, y el tema de la película esté más en el muy usado tópico capriano de “qué pasaría sí...”, la relación de Sandler con su padre tiene un peso importante en la película y la escena en la que ambos se ven por última vez, está bien trabajada y es clave para entender el mensaje que nos quiere dar a conocer.
Sandler no es Burton, ni mucho menos Arcand, pero Click es divertida y su mensaje contra el trabajo del hombre en estos tiempos, está plenamente vigente.