lunes 5 de marzo de 2012

El Regreso del Silencio

EL ARTISTA

Hubo un momento en los últimos años del cine mudo, en que el lenguaje cinematográfico alcanzó un nivel de desarrollo muy elevado, el cual luego se vio afectado por la llegada del cine sonoro, como bien lo veían venir y lo señalaron el soviético Eisenstein y Chaplin y más adelante Alfred Hitchcock en la famosa serie de entrevistas que le hizo Francois Truffaut, reunidas en el libro "El Cine Según Alfred Hitchcock".
Pero además de esas amenazas trajo consigo también muchos cambios traumáticos y dificultades, algunos de ellos reseñados con mucha gracia en Singing in the Rain (1955) de Gene Kelly y Stanley Donen.
Es en estos años de grandes logros del cine mudo, en los que The Artist se ubica, contándonos la historia de George Valentine, toda una estrella de esas épocas, que parece tenerlo todo a su favor: hace las películas que quiere, tiene miles de admiradores, gana el dinero que desea y hasta parece tener el poder de contagiar su fama a otros, como cuando gracias a un tropiezo, durante la premiere de una de sus películas hace que la desconocida Peppy Miller sea primera plana de varios medios de comunicación.
Pero cuando llega el cine sonoro y por una razón que no se nos es revelada al comienzo, Valentin se resiste a abandonar el mundo del cine silente, logrando con esta decisión la debacle de su carrera, mientras que la Miller asciende y se va convirtiendo en toda una estrella.
Es curioso que entrando a la segunda década del siglo XXI alguien se haya atrevido a hacer una película muda para estrenarla comercialmente; el intento anterior fue Silent Movie, en 1976 que fue un fracaso, aunque cabe aclarar que esa cinta fue hecha a color, y en este caso se ha tratado de seguir todo el estilo de las películas de la época: uso del blanco y negro, estilo de presentación de los créditos, fundidos en negro con viñeta, solo hay algunas diferencias con los movimientos y posiciones de la cámara.
Si a esto agregamos el esfuerzo de la reconstrucción de época hasta el mínimo detalle en infraestructura y vestuario, nos ubicamos de la mejor forma en los años en los que se sitúa la película: entre 1927 y 1932.
Pero además de los aspectos técnicos, lo que funciona en The Artist, es la forma de contar la historia, bastante ágil (muy bien acompañada por la partitura de Ludovic Bource), mezclando con habilidad humor y algo de drama y logrando en varios momentos escenas memorables, entre las que podemos destacar la secuencia onírica, cuando Valentin se queda sin voz y que profetiza el difícil momento que pasará el actor al pasar a cine sonoro.
A pesar de esa amplia sonrisa que por momentos llega a cansar, Jean Dujardin compone un George Valentin bastante digno, que emula obviamente a Douglas Fairbanks (como el mismo actor reconoció cuando recibió el Oscar), acompañado de la agradable presencia de Berenice Bejo, cuyo personaje tiene algo de Mary Pickford, aunque el que resulta más simpático a toda la audiencia es el perrito Uggy, obligado a ser de héroe del cine tanto dentro como fuera de la pantalla. Todos ellos acompañados por un elenco de secundarios de lujo, entre los que figuran John Goodman, James Cromwell, Penelope Ann Miller y Malcom Mc Dowell, aunque su aparición es más decorativa.
El Happy Ending, infaltable resulta también ingenioso: Valentino y Miller bailando, logrando ingresar en la siguiente gran etapa del cine, el musical y es allí cuando nos enteramos también porque Valentin se había resistido a formar parte del sonoro.
Lástima que en la vida real, muchos artistas no tuvieron esa suerte, y desaparecieron en el anonimato antes de tener la oportunidad que merecían.
Aunque la gran cantidad de premios que ha recibido, le han generado una gran cantidad de antipatías, The Artist no es una mala película, eso sí todavía lejos de una obra maestra, pero al menos se agradece el afán de ir contracorriente y lograr que mucha gente vaya al cine a ver una película al estilo de los primeros tiempos. Esperemos que ese efecto se contagie y la gente vea otras películas de la época.

miércoles 1 de febrero de 2012

La Mejor Película del 2011


Midnight in Paris

Un crítico español decía no hace mucho que “el problema de Woody Allen consistía en que cree que debe hacer una película por año”, y parece tener razón:  luego de iniciar su etapa europea de manera brillante con Match Point (2005), ninguna de las películas que le siguieron desde Scoop (2006) hasta You will meet a dark tall stranger (2010) alcanzaron el nivel de ésta, y hasta temíamos que el maestro había perdido la habilidad para sorprendernos.
 Felizmente no ha sido así, este 2011 hizo que hasta los menos entusiastas críticos coincidieran en que su Midnight in Paris, era una de sus obras mayores, y nosotros agregaríamos: comparable solo a sus mejores comedias como Purple Rose of Cairo (1985), Bullets Over Broadway (1994) o Annie Hall (1977).
Medianoche en París, nos cuenta la historia de Guy Penner  un guionista de Hollywood, quien aprovecha un viaje a París de sus futuros suegros, para viajar con su novia Inez y buscar en esa ciudad la inspiración que la permita completar su primera novela.
Desde el comienzo nos damos cuenta que algo en la relación entre ambos no va, que Inez es demasiado materialista y conservadora para entender a Guy, y que además siente una admiración desmedida por el pedante esposo de una amiga. Guy se va dando cuenta que no encaja en ese mundo y en una de esas situaciones que busca escaparse y reflexionar, se encuentra de pronto en la soledad de una calle, del barrio latino de París con un auto antiguo, cuyos pasajeros amablemente le invitan a una fiesta.
Allí es cuando se da cuenta que sus anfitriones son nada menos que Scott y Elda Fitzgerald y el pianista en la fiesta es el gran músico Cole Porter, sin saber cómo ha viajado a los años 20.  Luego conocerá al gran Ernest Hemingway con quien tiene un ingenioso diálogo sobre la honestidad del artista, que es uno de los mejores que hemos visto en mucho tiempo en un film de Allen.
Después de esta experiencia Guy regresa varias noches al mismo punto, y cada día conoce a gente diferente: Gertrude Stein (quien se ofrece amablemente a  revisar el borrador de su novela), Pablo Picasso, Luis Buñuel, Salvador Dalí, el torero Belmonte, y hasta la que podría ser su verdadero amor: Adriana, la equivalente a una groupie de nuestros días.
Todos estos encuentros dan pie a varias situaciones cómicas, y algunos podrían pensar de que se trata de una comedia ligera, pero en realidad, como en muchas buenas películas de Allen, Midnight in Paris admite muchas lecturas: el valor de una obra de arte, el artista y su relación con el mundo, el temor a iniciar una nueva etapa en la vida, el peligro de ilusionarse con el pasado y hasta una feroz crítica al snobismo y miopía política de cierta clase norteamericana, causante de muchos de sus problemas.
Allen filma con maestría todas las escenas,  y hace una clara distinción en las que ocurren en el presente, mayormente en exteriores y de día con una fuerte iluminación natural, de las que ocurren en el idílico pasado de Penner, con interiores y exteriores bellamente iluminados con luz cálida, que crean una atmósfera suave, mágica, muy parecida a la que vimos por ejemplo en Radio Days (1987).
En cuanto al reparto, Allen siempre ha sabido sacarle el jugo a sus intérpretes y esta vez no ha sido la excepción: desde un Owen Wilson sorprendemente parecido a Allen (hay un plano a contraluz en la que hasta se para igual que el maestro), pasando por una encantadora Marion Cotillard, o los antipáticos personajes que componen Rachel Mc Adams y Michael Sheen o hasta los breves, pero decisivos roles que tienen por ejemplo Carla Bruni como la guía turística o Kathy Bates como Gertrude Stein. Incluso la brevísima escena en que aparece Adrien Brody recreando a Salvador Dalí, está genial.
Incluso el final, sin llegar a ser un típico happy end o un final muy duro como el de La Rosa Púrpura de El Caro, es perfecto para redondear la película y que captemos el mensaje: no podemos abandonar la realidad, pero la podemos mejorar.
Midnight in París, es un canto de amor de un cineasta a la ciudad que ama y a la que ha querido rendir homenaje desde hace mucho (¿recuerdan la famosa frase de Hollywood Ending (2002) “gracias a Dios que existen los franceses”?), es casi seguro que Allen ha estado filmando esta película en su mente desde hace mucho, recién ahora ha podido lograrlo y lo ha hecho encantado.
Ojalá en el futuro Allen nos tenga preparadas más sorpresas como esta.

martes 31 de enero de 2012

La Mejor Película del 2010


Inception: La Nueva Matrix
Mientras llega la crítica de la mejor del 2011, aquí este artículo de la mejor del 2010.
Hace 11 años un par de hermanos que estaban dando sus primeros pasos en el cine, Andy y Larry Wachowsky sorprendieron al mundo con Matrix, una película que no sólo revolucionó el arte de los efectos especiales, sino que originó múltiples lecturas y debates por sus contenidos mezcla de filosofía oriental, ideología ciberpunk  y elementos cristianos, que si bien casi desaparecieron luego en las dos secuelas siguientes, la catapultaron a la categoría de film de culto, digna de aparecer en cualquier lista de mejores películas.
Hoy, Christopher Nolan nos ha traído un producto similar, que destaca no solamente por la fuerza de sus imágenes, sino porque igualmente nos ofrece múltiples lecturas, con una obra compleja que está ya dando mucho que hablar.
Nolan (Londres, 1970) nacido en las canteras del cine Independiente, ha dado desde siempre muestras de ser un autor en todo el sentido de la palabra, desde sus trabajos iniciales Following y Memento, fuera del mainstream cuando tenía el control absoluto de sus obras, hasta las dos últimas Batman, la cuales a pesar de haberse hecho dentro de la industria, dejan ver en ellas la impronta personal del realizador.
Esta vez ha conseguido llevar a la pantalla grande un proyecto que él había venido acariciando desde hace tiempo y que por distintas razones no había logrado concretar. Se trata de Inception (traducida en nuestras salas como El Origen, pero a la que también podría habérsele dado el sentido más adecuado de Implantación), película donde nos narra la historia de Cobb, un “extractor”, una curiosa profesión de un futuro no lejano, que no es del todo legal, y que consiste en introducirse en los sueños de ciertas personas, para robar de su subconsciente los secretos mejor guardados y venderlos al mejor postor, una especie de espionaje industrial, pero mucho más sofisticado.
Para ello necesita de colaboradores: un “arquitecto” que diseñe los sueños, un vigilante que se encargue que todo esté bajo control  y de despertarlos desde dentro del sueño, cuando sea necesario, utilizando un recurso llamado “la patada”. Necesita además un instrumento llamado Totem, que es cualquier objeto conocido por el soñador, y que al recurrir a él, le confirma si el sueño terminó o si todavía está dentro de él.
Después de un intento fallido de robo con un industrial japonés, Cobb es reclutado por esta misma persona para que haga un trabajo prácticamente opuesto: implantar en la mente de un competidor una idea que lo haga desistir de convertirse en un monopolio que prácticamente controlaría todo el mundo. Cobb al principio se niega, pero luego Saíto le hace una propuesta que no puede rechazar: si consigue la implantación arreglará su situación judicial en Estados Unidos y podrá nuevamente volver a su país a ver a sus hijos.
Para esta misión Cobb necesita nuevos miembros para su equipo: Eames, un imitador (Tom Hardy) alguien que tiene la capacidad de adquirir la apariencia de cualquier conocido del soñador, un químico llamado Yusuf, que fabrique un poderoso fármaco que induzca al durmiente en un sueño  profundo (Dileep Rao) y Ariadne, una nueva arquitecta (Ellen Page) para reemplazar al que falló en la misión anterior.
De todos ellos Ariadne recomendada por un maestro de Cobb (Michael Caine) tendrá un rol ascendente en la cinta, reclutada en el último intento, es una estudiante de gran habilidad, que aprende muy rápido, incluso más de la cuenta ya que descubre los secretos más íntimos de Cobb, algunos de los cuales podrían poner en peligro la nueva misión.
Para contarnos tan compleja historia, Nolan se vale tanto de esclarecedores diálogos de los personajes,  como de poderosas imágenes y acciones, de tal forma que si uno no entiende lo que dijeron en los diálogos, lo captamos luego en las acciones desarrolladas a continuación. Todo esto con un ritmo intenso, con escenas de discurrir muy fluido, gracias a una cámara que se mueve con agilidad y que se mete por los lugares de más difícil acceso, especialmente en las escenas de tiroteos y persecuciones.
Nolan recurre a interesantes golpes de efecto, para sorprender y mantener la atención del público, como por ejemplo jugar con la alternancia de los sueños y la realidad (a veces no sabemos bien donde están los personajes) o complicar la estructura narrativa en sucesivas vuelta de tuerca (un sueño dentro de un sueño, dentro a su vez de otro sueño, en tres subniveles).
La película se mueve en muchos niveles y funciona en todos ellos. En la capa más superficial se aprecia como una cinta de acción, filmada con lo último en efectos especiales y con un ritmo trepidante que no da respiro al espectador. En otro nivel tenemos un drama personal, el de Cobb quien no puede superar un pasado tormentoso, del que ha heredado un fuerte sentimiento de culpa que cada vez con mayor fuerza, va lastrando sus acciones presentes. Finalmente es una apasionante descripción del mundo de los sueños, con su irracionalidad, su fantasía y sus reglas particulares, aunque en este caso sean las reglas que Nolan nos presenta para este mundo.
 Podemos reconocer en esta historia las fuentes de las que ha bebido Nolan, tenemos para empezar un referente que recién empieza a hacerse conocido debido a la muerte de su director: el ánime Paprika de Satoshi Kon, en la cual los personajes pueden también entrar a los sueños de otros, aunque aquí es gracias a un invento, más que por la habilidad de los individuos.
Luego está la Matrix de los Wachowsky, el mundo de los sueños de Nolan y la forma como conectarse a él, tienen cierta relación con el falso universo de la Matrix, y en el modo como el maestro Cobb enseña a su discípula Ariadne, nos hace recordar el aprendizaje de Neo con Morfeo.
Otro referente importante, es sin lugar a dudas Solaris de Tarkovsky, especialmente en la relación de Cobb con Mal, la vívida proyección que él mismo ha creado de su esposa debido a su gran sentido de culpa, que nos hace recordar a Hari, la esposa del Dr. Kelvin, que también tiene vida propia, creada en parte por el hondo sentido de culpa de éste.
El descenso a los submundos más profundos de su subconsciente de Cobb, para tratar de liberarse de Mal, es un equivalente del descenso a los infiernos del mito de Orfeo, con la diferencia que aquí existe la figura de una liberadora, Ariadne, nombre que no por nada nos remite al mito de Teseo y el Minotauro, concretamente en lo referente al hilo de Ariadna, como la llave para encontrar una salida y aquí el personaje homónimo tendrá un rol similar.
Si seguimos buscando encontraremos seguramente más fuentes, pero lo importante es que Nolan las ha sabido unir y recrear para dar como resultado una historia apasionante y atractiva.
Para hacer esta película, Nolan ha logrado reunir a un reparto envidiable -casi perfecto por la forma como se apoyan entre sí- encabezado por Leonardo Di Caprio quien luce cada vez más cuajado y convincente en sus últimas interpretaciones y aquí interpreta con solidez a Cobb un un hombre muy hábil en lo suyo, pero a la vez atormentado por la culpa de una acción que no ha logrado superar. Di Caprio aporta al personaje todos los matices de su difícil situación lo cual hace que el personaje sea sumamente creíble al espectador.
Luego tenemos a Ellen Page la recordada protagonista de Juno, quien termina por confirmar que es más que una promesa de actriz, especialmente porque este es el personaje que más evoluciona en la película: de la tímida y algo insegura aprendiz a convertirse luego en la confidente de Cobb hasta luego convertirse en la clave para liberarlo de su pasado.
Mención aparte merece la francesa Marion Cotillard, nominada al Oscar por su rol de Edith Piaf en La Vie en Rose (no en vano uno de los temas de esta película, Ne vale rien, se emplea continuamente en esta película), la cual da vida a uno de los personajes más enigmáticos del film, Mal la fallecida esposa de Cobb, quien se aparece constantemente en los sueños de Cobb y muchas veces como un espectro incontrolable.
Junto a ellos un equipo de secundarios más que cumplidores: Ken Watanabe como Saíto el misteriosos nuevo cliente de Cobb, Cillian Murphy como Fisher la víctima-villano, Tom Berenger un actor no siempre bien aprovechado en el rol de Peter el tío de Fisher, Joseph Gordon-Levitt quien parece dejar ya sus papeles de adolescente para asumir roles más serios y con ellos los secundarios Tom Hard y Dileep Rao, quienes también encarnan con dignidad a sus personajes.
A pesar de su extenso metraje el ritmo y el interés nunca decaen y se vuelven particularmente intensos en la última hora, cuando se desarrollan las tres líneas de acción que avanzan de manera paralela pero no de manera simultánea, ya que cada una de estas líneas representa un distinto nivel de sueño, con sus propios tiempos (más rápidos los superficiales y más lentos los profundos) ya que los segundos en un primer nivel pueden ser años en el tercero. Aquí Nolan nos da una lección de lo que es el tempo cinematográfico, con una precisión muy pocas veces vista en el cine.
Esta intensidad se ve hasta el último fotograma, cuando Cobb deja su trompo-totem, dando vueltas en la mesa, para convencerse de que no está soñando y un fundido en negro no nos permite saber la conclusión.
Nolan no sólo ha hecho la mejor película del año, sino que ha logrado la mejor película de su carrera. Hasta nos atreveríamos a decir que es una obra maestra, aunque quizá hagan falta algún tiempo para demostrarlo.



jueves 26 de enero de 2012

Las mejores del 2011



Año  muy malo para el cine en provincias, muy pocos estrenos de calidad, al final los cinéfilos hemos tenido que retomar nuestra vieja costumbre de peregrinar a Lima para ver algunos estrenos imperdibles, o recurrir a vías alternativas.
En fin acá la lista, que salió demasiado oscarizada para mi gusto, pero qué vamos a hacer:
1.       1.Medianoche en París (Midnight in Paris)
La declaración de amor más grande de un cineasta a una ciudad que siempre amará. Woody Allen presenta su mejor película desde Match Point, cuando comenzó su etapa europea.
En menos de 90 minutos Allen nos presenta una historia magníficamente bien contada, que tiene muchas lecturas, sobre Gill Penner un guionista a punto de casarse que quiere dar un giro en su vida y no sabe cómo, hasta que se le presenta la oportunidad de viajar cada medianoche al pasado de París y encontrarse con genios de la talla de Fitzgerald, Hemingway, Buñuel, Dalí, Picasso, entre otros.
2.       2.El Discurso del Rey (The King’s Speech)
Uno de los pocos aciertos del Oscar en mucho tiempo. Basada en un hecho histórico, la tartamudez del rey Jorge VI, padre de la actual reina Isabel de Inglaterra.  Además de estar narrada con maestría, bien trabajada visualmente, cuenta con uno de los mejores duelos actorales (Colin Firth vs Geoffrey Rush) de los últimos tiempos.
Pero si nos queremos quedar con una escena , la del clímax cercano al final, cuando vemos al rey Jorge enfrentar su destino, y logra encontrar su voz (que en esas horas aciagas de la segunda guerra, se convierte en la voz de toda una Nación) donde el montaje paralelo ejecutado magistralmente, es simplemente inolvidable.
3.       3.Super 8
JJ Abrams recicla al mejor Spielberg, aquel de Clouse Encounters of the Third Kind y E.T., y nos trae una memorable fábula sobre la amistad, el primer amor y el amor al cine.
Si bien en la segunda parte casi se convierte en una película de ciencia ficción más, el luminoso final, conteniendo imágenes tan sencillas como conmovedoras, la convierten en una de las mejores cintas del cine comercial de los últimos años.
4.       4.El Planeta de los Simios (r) evolución (Planet of the Apes: Evolution)
La otra gran sorpresa comercial del año, llega de la mano del nóvel Rupert Wyatt quien nos cuenta ahora la historia que faltaba en la saga: ¿cómo fue que los simios adquirieron la inteligencia que les hizo destronar a la raza humana?
Además de narrar bien la historia principal, la película presenta otras subtramas que también funcionan y en la que se llama la atención sobre el Alzheimer y sobre la codicia de las grandes trasnacionales.  Luego del fracaso de Burton esta nueva versión de la saga parecía haber llegado a un callejón sin salida, pero con este nuevo realizador británico tiene un prometedor futuro.
5.       5.El Luchador (The Fighter)
David O. Russell, un director de filmes apenas correctos, da un gran salto cualitativo con esta película basada en un hecho real, sobre el boxeador Mikcy Ward y  sus complicadas relaciones con su madre, su talentoso pero desperdiciado hermano Dicky y su novia Charlene, quien parece ser lo que necesita para salir de su estancamiento.
Excelente reparto, con otra buena performance de Christian Bale, bien acompañado de Mark Whalberg y la ganadora del Oscar Melissa Leo. Pero  la que destrozó lo previsto fue la ex princesa Disney Amy Adams, quien se luce en el rol de Charlene, una mujer de carácter, decidida, muy lejana de los personajes que suele interpretar.
6.       6.El Cisne Negro (Black Swan)
Darren Aronofsky vuelve a sorprendernos con otra película en el límite de lo excesivo,  con  otro personaje al límite, en este caso a punto de perder la razón. Se trata de una bailarina, quien debe esforzarse más allá de sus posibilidades para obtener el rol principal de El Lago de los Cisnes de Tchaikowsky, enfrentando a un director libidinoso, a una madre posesiva y a una inescrupulosa y más joven rival.
Natalie Portman, quien recibiera un merecido Oscar por este trabajo, sorprende con un tour de force, en la que ella misma parece haber estado también al borde la sinrazón.
7.       7.El Escritor Oculto (The Ghost Writer)
Al igual que  Woody Allen el gran Roman Polanski, vuelve a su mejor nivel luego de varios fracasos. Esta vez nos trae una historia hitchconiana, sobre un escritor que es contratado para escribir la autobiografía de un político, (de allí el título de fantasma, pues el no aparecería como autor del libro), pero que al iniciar las investigaciones se va metiendo en una serie de intrigas que pone en riesgo sus vidas.
Polanski  maneja muy bien la información y la va soltando de la mejor manera para atrapar al espectador. Además le saca el jugo a esos dos buenos actores que son Pierce Brosnan y Ewan McGregor.
8.       8.Temple de Acero  (True Grit)
Los hermanos Cohen sumaron otro logro a su ya extensa filmografía, esta vez el género fue el western, con una nueva versión de True Grit, de la película de Henry Hathaway de 1969, sobre un alcoholizado sheriff que debe acompañar a una huérfana en una venganza.
Otra versión desencantada y desmitificadora del oeste, muy lejos de los clásicos del género, con otra excelente interpretación de Jeff Bridges, pero la que rompe todos los esquemas es la nóvel Hailee Steinfeld, quien no solo le da la réplica a Bridges, sino que muchas veces termina por robarse las escenas.
9.      9. X Men: Primera Generación  (X Men: First Class)
Cuando ya la saga de los X Men parecía tempranamente extinta , el joven director Matthew Vaughn, nos devuelve la fe con una película bastante correcta, que nos cuenta los primeros años del grupo y la amistad/enemistad de Xavier y Magneto.
El punto fuerte de la película, están en el buen trabajo del reparto, especialmente de Michael Fahssbender , un excelente actor que recién está empezando a ser aprovechado y reconocido por Hollywood.
10.   8 Minutos para Morir (Source Code)
Película que tiene el mismo punto de partida que Groundhog´s day (aquella en la que Bill Murray despertaba atrapado en un momento del tiempo y vivía el mismo día una y otra vez. Acá se trata de un soldado que parece estar atrapado en una simulación de explosión en un tren de pasajeros y solo tiene 8 minutos para saber cómo impedirla.
Con unas esforzadas actuaciones de Jake Gylenhall y Vera Farmiga (sobre ellos se sostienen los pilares narrativos del film), buenos efectos especiales y una trama poco previsible, la historia nos engancha y nos mantiene pegados hasta el sorprendente final.

Tranquilamente pudieron estar en esta lista Winter’s Bone, The Tree of Life, A Dangerous Method, Melancholia y otras, pero como les dije no se pudo acceder a ellas.


martes 19 de julio de 2011

Cuando X conoció a Magneto


X Men : Primera Generación
Después de esas dos decepciones que fueron X Men 3: The Last Stand (2006) y X Men Origins: Wolverine (2009), nos habían quedado serias dudas de la continuidad de esta franquicia. Por eso recibimos con cierto escepticismo el anuncio de este nuevo capítulo X Men: First Class.
Dos buenas noticias sin embargo, nos hicieron abrigar ciertas esperanzas, la llegada en la dirección de Mathew Vaughn, un  director británico que brilló recientemente con Kick Ass (2010), una fresca película de un especial superhéroe adolescente, y la participación en la actuación de Michael Fassbender, un prometedor actor irlandés de ascendencia germana, que ya había tenido una participación destacada en el film de Quentin Tarantino,  Inglourious Basterds y en 300 de Zack Snyder.
Las primeras imágenes de X Men: First Class, nos confirmaron que había razones para tener esperanza:  una adecuada introducción nos muestra la infancia de los dos personajes clave en esta historia: Charles Xavier un niño de familia acomodada que vive en total descuido de sus siempre ausentes padres, y Erik Lehnsherr un niño judío en un campo de concentración, que es obligado por el sádico Dr. Schmidt a demostrar sus dotes especiales atrayendo y  manipulando metales.
Cerca de 20 años después Charles X. Xavier ha sustentado su tesis doctoral  y gracias a la agente Moira Mac Taggert está a punto de ayudar a la CIA; mientras que Lehnsherr, recorre medio mundo siguiendo las pistas de Schmidt quien ahora se hace llamar Sebastian Shaw, y está tejiendo intrigas entre los altos mandos de los Estados Unidos y la Unión Soviética, para convertir la Guerra Fría, en una Guerra Nuclear. En esas circunstancias sus destinos se cruzan, y Charles le  salva la vida a Erik, le explica que ambos son especiales, para luego proponerle unir sus fuerzas ir contra Shaw y luego luchar por la causa mutante.
Todo esto se sucede a un ritmo trepidante, que apenas deja respirar, y nos fuerza a estar atentos a los continuos cambios de escenario, y aparición de nuevos personajes en escena. Vaughn mete de todo en su historia: acción, humor, drama, algo de historia, pero sin que la mezcla se estropee o luzca forzada, salvo la pequeña licencia histórica que se toma hacia al final con la Crisis de los Misiles de Cuba, pero que comparada con la que se tomó Tarantino en la mencionada Inglourious... es microscópica.
Los efectos especiales están bastante bien logrados, y aunque quizá algún sector del público puede pensar que son poco vistosos, la verdad es que son lo suficientemente discretos como para no opacar a los otros elementos del film. Otro elemento importante de esta película es la recreación de época: los sesentas están muy bien reflejados en varios elementos (vestuario, arquitectura, emisiones de televisión), pero no de manera general, sino muy en concreto en 1962, con todo lo que ocurría ese año.
Sin embargo, el punto fuerte de la película, además de la historia bien contada, está en el buen trabajo del reparto, X Men: Primera Generación, cuenta con uno de los mejores trabajos de casting que hemos visto en este tipo de películas. James Mc Avoy cumple bastante bien con el rol del joven Xavier, y vemos cómo su personaje va creciendo desde su despreocupada juventud, pasando por su creciente interés en la ciencia hasta su liderazgo pacífico de la causa mutante a la que se entrega en cuerpo y alma.
Pero, como ya hemos mencionado antes, quien se roba el show es Michael Fassbender, quizá en parte porque Magneto,  su personaje es el más rico, con un pasado muy sufrido, que evoluciona de la venganza pura a la lucha por la causa mutante, pero sin renunciar nunca a su agenda personal. Fassbender le da crediblidad y dignidad al personaje, al demostrarnos su dolor, su esperanza y su ambigua amistad con Charles Xavier, a quien respeta mucho, pero con quien no puede estar de acuerdo en todo.
El resto del reparto no desentona, Kevin Bacon compone un villano que quizá no sea tan atractivo como los de otras películas de superhéroes, como por ejemplo Batman, pero cumple, e incluso nos guarda alguna sorpresa. También podemos mencionar a  Rose Byrne (agente Mc Taggert) que destaca en la serie Damages, January Jones (Emma Frost) una de las revelaciones de la serie Mad Men, Nicholas Hoult (Beast) y Jennifer Lawrence (Mystique).
Si algo hay que reprochar, es esa creciente mala costumbre de las distribuidoras de doblar las películas al español. En este caso el resultado es aún más ridículo, porque gran parte de los diálogos están en alemán, que solo ha sido subtitulado.
En resumen, se trata de un prometedor nuevo comienzo, que hace renacer la fe en esta serie, y que además nos deja con muchas ganas de conocer el siguiente trabajo de Mathew Vaughn.

viernes 18 de febrero de 2011

Encontrando la Voz de una Nación


Cuando vimos el cartel de esta película y nos enteramos que detrás de ella estaban los hermanos Weinstein, famosos por su ex productora Miramax, que metía en el mismo saco películas de calidad, y otras que no lo eran tanto pero que gustaban más a los miembros de la Academia de Hollywood, nos dio cierta desconfianza, pero no siempre se encuentra una dupla como la de Colin Firth y Geoffrey Rush en un film así es que nos aventuramos a verla.
Tras unos primeros minutos en los que se nos introduce al problema del entonces Príncipe Bertie (Colin Firth), que tiene una tartamudez que le impide dar discursos y unos médicos que no hacen mucho por corregirlo, pareciera que no vamos a ver nada nuevo y nos encontráramos ante otra película más de superación, pero entonces empiezan las sorpresas cuando aparece en escena el personaje de Lionel Logue (Geoffrey Rush), un terapista del lenguaje de "métodos poco ortodoxos", que dialoga inicialmente con Elizabeth, la esposa del príncipe, para ver si puede tratar a su marido.
Tras un encuentro infructuoso, el príncipe se convence que tal vez el tal Logue puede servirle de ayuda e inicia toda una serie de terapias físicas, algunas bastante complicadas, pero ya el terapista le ha dicho al noble, que el problema es más mental que físico, aunque éste se resista a aceptarlo.
Las cosas se complican cuando muere el rey Jorge V, y el nuevo rey Eduardo VII hermano de de Bertie, debe dimitir rápidamente porque prefiere casarse con la divorciada Wallis Simpson, y no le queda otra al príncipe que convertirse en el nuevo rey Jorge VII. Entonces la necesidad de hablar con corrección se convierte en asunto de estado, y debe llamar nuevamente a Logue a pesar de la oposición de muchos familiares y nobles en la corte.
Desde el primer encuentro entre Firth y Rush nos damos cuenta que no estamos ante un film cualquiera, ya que no sólo la química entre ambos actores es evidente, sino que ambos se han metido de lleno en sus personajes y los hacen más que convincentes. Firth compone no sólo a un rey con problemas de dicción y bastante mal humor, sino que guarda en su interior graves traumas adquiridos en sus años de niñez, que lo hacen un ser humano, que no despierta antipatía, sino compasión.
Logue, el personaje de Rush es al contrario, un tipo seguro de sí mismo y de sus conocimientos y experiencias, a pesar de no tener ningún título que lo avale. Pero, aunque a veces esa seguridad pueda ser confundida con arrogancia, es un tipo muy humano que le gusta ayudar a los demás y además sabe cómo hacerlo.
Cada momento en que se encuentran ambos, las cosas se ponen mejores ya que sus difíciles relaciones  (recelo primero, confianza después, ruptura y finalmente reconciliación) son mostradas con suma credibilidad, verdaderos duelos actorales, capaces de captar la atención del espectador más desinteresado.
Esto obviamente es mérito de los actores en los que recae el mayor peso de la película, pero también de un guión que está construido con precisión relojera para contar una historia con mucha eficacia, pero también con la emoción suficiente como para sensibilizar a los más fríos, la flema británica aquí, se va al tacho. Cuando nos enteramos luego que David Seidler el guionista, tuvo una historia parecida a la del rey, nos explicamos muchas cosas.
La reconstrucción de época es muy precisa, no sólo por los lugares públicos y las escenas en interiores, sino también por la recreación de los instrumentos electrónicos y radiales de la época. La música si bien mayormente está compuesta por piezas de Mozart, tiene también piezas originales creadas por Alexandre Desplat, las  cuales cumplen su función de dotar de emoción a muchas escenas, sobre todo en las cercanas al final. La dirección de fotografía es también digna de destacar, el encargado Danny Cohen coloca y mueve muy bien la cámara y logra composiciones bastante expresivas y originales. Pero la fotografía no hubiera sido bien aprovechada, de no ser por el montaje de Tariq Anwar que brinda un ritmo ágil al film, pero que sabe detenerse en los momentos íntimos y  logra sus mayores luces hacia el final.
No podemos dejar de hablar del director, Tom Hooper que si bien cuenta con un buen guión en el que sustentarse, ha tenido la habilidad de orquestar con maestría los distintos elementos del film, especialmente el reparto multiestelar (Helena Bonham-Carter, Guy Pearce, Timothy Spall, Michael Gambon), que a veces puede ser difícil de controlar.
Hooper también acierta en recrear las tensiones que se dan en las relaciones entre el rey y su amigo, o entre este último y los allegados al rey, pues no hace falta recurrir a un libro de historia para darnos cuenta que las relaciones entre nobles y plebeyos no eran tan sencillas en la Inglaterra de principios del siglo XX.
Donde se puede apreciar la mano del director está en la escena de la discusión entre Bertie y Logue, que ocurre cuando ambos caminan por una gran avenida de un Londres lleno de niebla, en los que cámara en mano combinado con steady cam y algunos cortes dotan el momento de gran tensión aprovechando al máximo la escasa luz y las sombras; y claro la escena clímax cercana al final, cuando vemos al ahora rey Jorge enfrentar su destino, y logra encontrar su voz (que en esas horas aciagas de la segunda guerra, se convierte en la voz de toda una Nación) donde el montaje paralelo bien ejecutado, hace imposible el dejar de prestarle atención.
Este es el tercer trabajo de Hooper (antes hizo Red Dust y luego The Damned United), con lo que parece que tendremos a un director interesante a seguir en los próximos años.
Finalmente sobre El Discurso del Rey, ¿está hecha al gusto de los miembros de la Academia? pues sí, ¿le gustará al gran público? es muy probable... Pero ¿eso la hace una mala película? Para nada. Al contrario, no está demás recordar que hubo un tiempo en que mucho del cine que se hacía era para tratar de agradar a la mayor cantidad de público, sin que eso signifique renunciar a la calidad.

viernes 14 de enero de 2011

Un legado descuidado


Hace casi 30 años una cinta se adelantó a su tiempo, se trató de Tron de Steven Lisberger, pero al revés en el que Kevin Flynn un joven hacker y dueño de una sala de juegos de video, es secuestrado  y enviado a un mundo paralelo regido por una especie de programa maligno que gobierna de manera tiránica, llamado Sark-Control Maestro que es la versión electrónica de uno de los villanos del mundo real .
Flynn tiene todas las de perder en un mundo en el que desconoce totalmente las reglas hasta que recibe la ayuda de Tron, una especie de programa superhéroe que defiende a los usuarios y con él logra vencer al malhechor y vivir en una era de paz.
Filmada en gran parte en blanco y negro, y luego colorizada con técnicas de rotoscopía, y con los primeras imágenes computarizadas usadas en cine, la película se convirtió prácticamente en un film de culto, a pesar de su trama llena de términos informáticos complicados de entender en ese momento, por un público que todavía no conocía las computadoras como ahora.
En el 2010, Lisberger ahora como productor, decide que es tiempo de retomar la historia, que empieza poco después de donde terminó la primera parte: Kevin Flynn llena la cabeza de su hijo de 7 años con historias sobre sus fabulosos viajes a "La Red", el mundo paralelo digital que descubrió, que ahora gobierna y que él ha convertido en un videojuego que lo ha hecho millonario. Se vale para ello de réplicas tipo Star Wars de los personajes. Pero justo cuando está punto de contarle un último descubrimiento, se detiene, le da las buenas noches a su hijo, se va a "La Red" y no vuelve más.
Esta escena inicial, está muy bien contada: hace una buena presentación de los personajes, la recreación de una habitación de los '80 es bastante realista, se palpa el amor y la conexión que existe entre padre e hijo,  y que se mantendrá a pesar de los años ("Somos del mismo equipo", se dicen). Pero lo que más sorprende de este momento, es la versión digital de Jef Bridges, sorprendentemente similar a como lucía en el Tron de los '80.
Luego de este prometedor inicio, las cosas para la película ya no van a mejorar, el nudo argumental es bastante flojo y los personajes que aparecen a partir de allí (salvo el de Flynn y en menor medida el de Clu), tienen la dimensión de un personaje de videojuego.
Incluso cuando Sam, el hijo de Kevin acude en busca de su padre al mundo de digital de "La Red", las cosas decepcionan un poco: es verdad ahora el mundo paralelo luce más real, y los efectos digitales son más definidos que en el original, pero no hay nada novedoso con respecto al primer film, es un mundo oscuro (salvo la zona donde viven Flynn y Q y también el bar de Castor), diseñado sin mayor imaginación y ni siquiera las escenas de luchas en juegos y persecuciones tienen algo que las haga realmente destacarse.
Las actuaciones son bastante disparejas, la experiencia y las virtudes de Jeff Bridges lo elevan por encima del resto del reparto, aunque tiene la suerte de que su personaje es el menos plano. Increíblemente la actuación que sigue en méritos es la de su doble digital Clu, y aquí seguro podría darse un debate sobre lo que pronto será una tendencia en Hollywood: la de incluir actores digitales y sobre si se puede comparar sus "habilidades" con actores de carne y hueso. Lo dejamos allí.
Del resto Olivia Wilde (la Dra Remy de House) apenas cumple, Garret Hedlund fracasa en su intento de darle algo de alma al personaje de Sam, y al pobre de Bruce Boxleitner le tocó bailar con la más fea: su personaje a pesar de su importancia en la historia original, está ahora completamente relegado y ni siquiera tiene derecho a un doble digital, como su colega Bridges.
La música de Daft Punk funciona generalmente bien, aunque a veces está presente más tiempo del que debe, y si tuvo la mala suerte de presenciar la versión doblada, tendrá que soportar la distorsión que sufren  la música y los efectos sonoros, que a veces llegan a niveles peligrosos para los oídos.
El director Jospeh Kosinski, proveniente del mundo de la publicidad de videojuegos, y que debuta en el cine en esta película, nos ofrece una historia superficial, ingenua y que desaprovecha totalmente los avances tecnológicos desarrollados desde los '80 a la fecha para incorporarlos a la trama: ¿Qué hubiera ocurrido por ejemplo si se hubiera utilizado el Wifi (mencionado en el film en tono de broma) en lugar de los cables como puente entre ambos mundos?
Cuando después de ver una secuela, tenemos unos deseos incontenibles de volver a ver el original, obviamente no estamos ante una gran continuación, y es que Tron, sin llegar a ser una obra maestra, definitivamente envejecerá mejor de lo que lo hará su secuela.