viernes, 2 de marzo de 2018

Amores que casi Matan

El Hilo Fantasma

Paul Thomas Anderson es probablemente uno de los directores más personales del Hollywood actual, pues desde sus primeros éxitos Boogie Nights (1997) o Magnolia (1999), ya se podía apreciar una visión muy personal, y que además podía ser cualquier cosa menos complaciente o fácil de ver.
En los últimos años sus películas se han encargado de descubrir personajes extremos casi delirantes, especialmente en There will be Blood (2005) en la que retrató a un explorador de petróleo sin escrúpulos, o en The Master (2012) en la que retrata al peculiar fundador de una religión, ambas también nominadas al Oscar aunque sin llevarse ningún premio.
Ahora en El Hilo Fantasma, continúa con esa tendencia retratando a Reynolds Woodcock, un modisto ficticio, pero en el que algunos críticos identifican a toda una generación de sastres londinenses que destacaron en los años 50, entre ellos a Hardy Amies, el modisto oficial de la reina de Inglaterra Isabel II hasta el año 2002.
Anderson se vale del arte y oficio del gran Daniel Day Lewis (en el rol que aparentemente es su despedida del cine), para presentarnos en los pocos minutos iniciales las características y complejidades de Reynolds.
Además el cineasta, a través de la grúa, el steady cam y la cámara en mano, nos sumerge de plano en el hogar-taller del costurero, y nuestra visión que tenemos de estos espacios cerrados, es la de un intruso al que a duras penas se le permite atisbar los detalles de esta fortaleza templo, donde se llevan a cabo rituales diarios, de cumplimiento casi sagrado.
Además de Reynolds, la otra sacerdotisa que rige estos lugares es Cyrril, la flemática y estricta hermana del coutourier, además de ser su administradora y mano derecha, es también la que se encarga de despedir a las modelos-amantes, de Reynolds, cuando este se aburre de ellas.
Esto es más o menos el día-día, hasta que Reynolds conoce a Alma, una mesera a quien conoce en un hotel de carretera al que ha acudido para despejarse, y el mutuo flechazo entre ambos, ha sido casi instantáneo. Alma se enamora no solo de Woodcock sino también de su mundo, y demostrará que no es otra de esas musas desechables que entraban y salían de la vida del modisto.
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La llegada de Alma al mundo de los Woodcock es filmada por Anderson con un refinamiento y maestría, pocas veces visto en el cine contemporáneo.Particularmente la escena en la que Reynolds le pide a Alma que sirva de modelo para hacer un nuevo vestido, donde iluminación en clave baja, el ritmo, la escenografía, la alternación entre planos enteros y planos detalle, y la interacción entre ambos personajes, crea una atmósfera que resulta simplemente fascinante.
Pero ese solo uno de los tantos momentos en los que la película muestra su arte: está también el diálogo entre Reynolds y la princesa de Bélgica, el robo/recuperación de uno los vestidos, la participación de todas las empleadas al momento de culminar estas obras de arte, entre muchos otros, que nos muestran un mundo ya inexistente y al que solo podíamos haber accedido de manera muy indirecta leyendo revistas de nuestras abuelas.
Paul Thomas Anderson ha logrado una obra maestra, uno de sus mejores trabajos como realizador, que debería culminar con su condición de eterno nominado y debería otorgarle de una vez por todas el Oscar.

miércoles, 28 de febrero de 2018

Cierre con Broche de Oro

Visages Villages

No contenta con ser la primera mujer en recibir un Oscar honorario Agnés Varda vuelve a la carga con Visages Villages (Caras, Pueblos), un documental -si podemos llamarlo así- experimental, realizado en conjunto con el artista callejero y fotógrafo JR.
Después de las escenas iniciales en las que ambos revelan como se conocieron, y en las que apelan a diversas técnicas como la animación, ambos artistas van de frente a la acción y nos muestran la actividad central de este trabajo: ir a diversos pueblitos o villas de la Francia rural a retratar rostros, personas o grupos de personas (en algunos casos también animales), para luego imprimirlos como gigantografías y pegarlos como murales en las paredes de edificios o estructuras distintivas de las localidades, donde ellos han estado presentes.
Varda y Jr se encargan después de registrar las reacciones de estas personas, algunas positivas, otras extrañas, algunas también negativas, pero todas sumamente interesantes por su frescura y autenticidad.
Todo esto acompañado con un lenguaje audiovisual muy rico, original, una edición dinámica y una fotografía insuperable.
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En el camino, o en los momentos en que los autores planifican las nuevas visitas, vamos siendo testigos de la creciente relación entre Varda y JR, ambos van intercambiando comentarios, consejos y en algún momento hasta conocen a la abuela de este último. La relación entre ambos que en un inicio parecía superficial se va transformando después en una relación de colegas artistas que se admiran y respetan mutuamente a pesar de la diferencia de sus artes y de sus edades.
De allí que hacia el final, Agnés Varda quiere compartir con su nuevo amigo, algo muy personal y el resultado de esto -aunque fallido- es lo que probablemente sea uno de los finales más conmovedores y mejor logrados en toda la historia del género documental. Imposible no conmoverse, especialmente aquellos que vivieron los tiempos de la nueva ola.
Varda y JR han logrado -quizá sin proponérselo-, un trabajo que parece haber salido de las entrañas de la Nouvelle Vague, y aunque haya sido casi medio siglo después, bien puede ser el broche de oro final a uno de los movimientos más influyentes de la historia del cine.


martes, 27 de febrero de 2018

El Oscar en Netflix

La plataforma de streaming más grande del mundo está siendo cada vez más considerada en las diversas premiaciones: después de haberse llevado varios Emmys, ahora está compitiendo por los Oscars, este año lo hace con tres producciones el drama Mudbound (inexplicablemente aún no disponible en la plataforma) y los documentales Icaro y Strong Island.

Icaro (Icarus, 2017)
Este documental de Brian Fogel, es un documental protagonizado por su director quien intenta demostrar que él puede desarrollar un proceso de doping sin ser detectado, tal y como lo hizo el ciclista Lance Armstrong, quien no fue descubierto, sino denunciado y luego de confesar, terminó despojado de todas sus medallas.
De esta manera Fogel se contacta con el ruso Grigory Rodchenkov, un bioquímico quien le indica a Fogel  que sustancias inyectarse y en qué dosis, para luego participar en una competencia ciclística en Francia, llamada Haute Route, donde le va bastante mal. 
Pero partir de aquí la historia da un giro inesperado, ya que gracias a la tv alemana se destapa el elaborado y extendido sistema de dopaje de los atletas rusos en las Olimpíadas de Invierno de Sochi en 2014 y adivinen quién era la cabeza visible de todo este escándalo: sí, Rodchenkov.

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Todo el planteamiento inicial es dejado de lado y se centra ahora en la figura de Rodchenkov quien huye a Estados Unidos porque teme por su vida (un colega suyo muere en Rusia en extrañas circunstancias), y las revelaciones que se van dando, se tornan cada vez más delirantes al punto que más documental, Icaro parece una película de espías de la época de la Guerra Fría.
Fogel sin embargo respalda las acusaciones vertidas, con gran cantidad de información ya sea en base a entrevistas, fragmentos de noticieros de las televisión de diversos países, declaraciones de autoridades y a un meticuloso registro de sus actividades, que incluían varias conversaciones vía Skype con Rodchenkov.
Si bien durante la primera parte, el documental es algo complicado de seguir, la segunda parte, por el peso de las afirmaciones de los protagonistas, se va haciendo cada vez más interesante, y captura totalmente nuestra atención, por su casi total impredicibilidad .
El trabajo de Fogel tiene además un gran valor como documento en sí mismo, especialmente en estos tiempos en que la verdad se va convirtiendo cada vez más en posverdad.

Strong Island
Esta película de la cineasta Yance Ford, es un documental diametralmente opuesto a Icaro, tanto por el estilo del documental -mucho más íntimo y pausado en este caso-, que por la amplitud del tema, mientras en Icaro se trató de un escándalo que fue transmitido por todos los medios en su momento (aunque hoy ya pocos recuerdan), este caso ni siquiera trascendió y tal parece que muchos se empeñaron en que no fuera noticia.
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Se trata del asesinato del hermano de la realizadora William, a manos de una mecánico blanco, al que nunca se llevó a juicio.
En base a diversos testimonios de la madre, la hermana, los amigos, personajes relacionados con el crimen y hasta la misma directora quien se filma a sí misma en unos primeros planos muy cercanos, Ford va construyendo una historia amarga y triste.
A través de esos testimonios, más documentos y viejas fotografías, Ford logra transmitir varias cosas, como que el único crimen no fue el asesinato del hermano, sino también un juicio que nunca se llevó a cabo, unas autoridades que lejos de buscar justicia buscaron encubrimiento y una familia que no pudo soportar estos golpes y terminó también falleciendo.
Además es un alegato contra el racismo aún imperante en Estados Unidos, la discriminación y la falta de oportunidades.
Ford también pudo tratar el tema del control de armas, pero no ha querido complicarse la vida. Otro defecto es que el esquema narrativo de testimonio + fotografías + documento, terminar por cansar un poco al espectador.
De todas maneras se trata de un documental necesario y que contribuye en algo a terminar de una vez por todas contra la discriminación, el racismo y las desigualdades en los Estados Unidos. 

jueves, 22 de febrero de 2018

Expectativa vs Realidad

La Forma del Agua

Cuando La Forma del Agua (The Shape of Water, 2017) ganó el León de Oro del Festival de Venecia del año pasado, y vimos el trailer, despertó una gran expectativa, que luego se incrementó a niveles casi exponenciales cuando batió récord con sus nominaciones al Oscar.
El hecho que la dirigiera Guillermo del Toro, uno de los "tres amigos" mexicanos que emigraron a Hollywood a comienzos de siglo (junto con Cuarón y González Iñárritu), y creador de aquella obra maestra que fue El Laberinto del Fauno (2006), no hacía más que añadirle puntos a esas expectativas.
Pero tal y como aparecen ahora en esos memes de "expectativa vs realidad", nos llevamos una pequeña estrellada al momento de apreciarla.
Ojo, no se trata de una mala película: La Forma del Agua, es una hermosa fábula con varios tópicos del mejor romanticismo, que está además muy bien narrada y cuenta con imágenes poderosas, capaz de despertar emociones con intensidad.
Pero quien haya seguido toda la obra de Del Toro, sabe que no es su mejor película, y que tanto las 13 nominaciones al Oscar y los calificativos de "maravillosa" que le han adjudicado varios críticos de diversos países, pueden resultar algo exagerados.
Además de sus cualidades narrativas, La Forma del Agua, cuenta también con una excelente ambientación de época (fines de los '50, en plena guerra fría soviético-norteamericana), mostrados en unos tonos azul verdosos, que le dan un aspecto bastante vintage.
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Y claro, están también las excelentes actuaciones de una expresiva Sally Hawkings y un esforzado Michael Shannon, ambos inmensos en sus roles (en especial Shannon que saca adelante un villano muy esteroetipado), por lo que tienen muchas posibilidades de llevarse el Oscar.
Pero la historia no presenta mayor novedad: todo está ya en el trailer, basta con haber visto el adelanto una vez, para que la película se torne previsible, con muchos lugares comunes y por momentos demasiado políticamente correcta.
Incluso el personaje del ser anfibio tampoco es novedoso, pues es una versión mejorada del Abe Sapiens, que aparece en las dos Hellboy (2004-2008), además encarnado por el mismo actor Doug Jones.
Es muy probable sin embargo que la película se lleve los premios a mejor película y mejor director pues sería la ocasión perfecta para terminar de otorgarles la estatuilla a los "tres amigos" mexicanos (Cuarón y González Iñárritu ya fueron premiados), lo cual sería un gran estímulo para que el cineasta de Guadalajara nos siga regalando su peculiar cine fantástico. 

jueves, 15 de febrero de 2018

Microcosmos white trash

El Proyecto Florida
Sean Baker es un cineasta que deslumbró a medio mundo hace unos años al grabar una película íntegramente con un Iphone 6s (Tangerine, 2016), y ahora regresa una película con tema diferente, pero que comparte gran parte del estilo visual de su ópera prima.
El Proyecto Florida se instala en el microcosmos de los moteles cercanos a los parques temáticos de Disney, en Orlando, Florida. Acá llegan turistas no muy adinerados, pero también viven personas de muy bajos recursos que no tienen para alquilar un departamento.
En este submundo conocemos a Moon y sus amigos, todos provenientes de hogares disfuncionales o monoparentales, que pasan sus vacaciones de verano haciendo travesuras, pero sin supervisión adulta, y ya se sabe los problemas que pueden traer estas acciones.
Baker utiliza al principio un estilo documental, con planos generales, lejanos para contarnos la historia de estos niños semiabandonados en un entorno de colores chillones, atractivo en la superficie, pero que por dentro parece estar totalmente podrido.
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A medida que las cosas se complican, el lenguaje audiovisual cambia paulatinamente, insertando más movimientos de cámara, más encuadres cercanos, y más ángulos de cámara, algunos de ellos aberrantes.
Baker no juzga, ni condena a sus personajes, solo nos los muestra cómo se comportan en su hábitat, una sociedad descompuesta, donde vive lo que algunos gringos llaman la White Trash: personajes desvalidos, abandonados a su suerte y que cada día tienen que inventarse cientos de formas para sobrevivir.
Baker ha hecho un trabajo digno de reconocimiento, empezando por la buena elección de actores, la niña Broklynn Prince es un gran hallazgo, porque siempre luce natural, espontánea hasta en el exigente clímax. Igualmente destacable está la debutante Bria Vinaite, quien compone con convicción un personaje viviendo siempre al filo de la navaja. Y claro, está Willem Dafoe, veterano actor que no necesita mayor presentación, y que acá se luce en el rol del sufrido conserje Bobby, una especie de ángel guardián decadente, de este seudo paraíso. Es particularmente genial la escena en la que se enfrenta a un hombre mayor, quien conversa sospechosamente con los niños.
Hacia el final Baker nos sorprende una vez más tomándose una licencia: el director se hace uno con el personaje de Moon, se adueña de su mirada y abandona todo el realismo y estilo cuasidocumental que había usado hasta ese momento y pasa abruptamente al fantástico, logrando así uno de los finales más conmovedores de los últimos tiempos.

martes, 13 de febrero de 2018

Sacrificio Maternal

Yo, Tonya (I Tonya)
En los años 90, el mundo del patinaje de hielo norteamericano se escandalizó cuando se descubrió que una de sus campeonas, le había mandado a romper las piernas a su competidora más cercana, para poder representar a los Estados Unidos en los juegos olímpicos. Su director el australiano Craig Gillespie ha decidido prescindir de los recursos tradicionales del  biopic y toma prestados recursos del reportaje televisivo y el documental para contar su historia, sazonado con un cargado humor negro del que hizo ya gala en sus primeras películas:  Mr. Woodcock o Lars and the Real Gril.
Así, en la primera hora de la cinta se nos presenta al personaje desde niña, abandonada por su padre, criada por una madre con un retorcido instinto maternal, en un entorno lleno de odio y violencia, que la lleva a casarse con otro personaje igualmente violento. Todo esto no se hace con el afán de justificar al personaje, sino para entender mejor sus motivaciones.
Además de la peculiar narrativa del film, el director destaca también en las secuencias de patinaje, haciendo gala de varios recursos técnicos, pero sobre todo mostrando las marcadas diferencias del estilo de patinaje de Harding, tan poco ortodoxo, con más fuerza que gracia, lo cual hacía que no siempre se granjeara las simpatías de sus jurados, quienes hasta le llegan a decir que el problema no era que no patine bien, sino que se vestía mal o lo mal que se vería que la representante norteamericana en las olimpiadas tenga una familia tan difuncional como la suya.

Es particularmente brillante la escena, en la que el personaje de Tonya logra por fin completar el Axel Triple, complicadísima maniobra del patinaje sobre hielo, la cual hasta ese momento no había sido lograda por ninguna patinadora norteamericana. La cámara capta el rostro iluminado de Robbie, quien se siente realizada por la proeza.
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Destaca en esta cinta la participación Margot Robbie, quien se transforma completamente para meterse dentro de la piel de esta sufrida y violenta patinadora; Robbie ya había dado muestras de su genio en otras películas, pero este papel ha sido hecho para que pueda brillar como nunca. También destaca la genial Allison Janney totalmente creíble en su papel de la monstruosa madre de Tonya, una mujer con un sentido retorcido de lo que es el sacrificio maternal. No sorprende para nada que hayan sido nominadas al Oscar.
El resto del reparto no está nada mal tampoco, especialmente los tontos personajes masculinos interpretados por Sebastian Stan (Jeff) y Paul Walter Hauser (Shawn), quienes siguen contribuyendo con la cuota de humor, a pesar de que la película ya ha dado un giro supuestamente más serio.
En suma una de las películas más divertidas y frescas de estos premios Oscar, confiamos en que su director Craig Gillespie, siga contribuyendo con más trabajos originales en los próximos años.

miércoles, 7 de febrero de 2018

Ira, Frustración y Humor Negro

Tres Anuncios por un Crimen

Martin Mc Donagh es un dramaturgo irlandés, que debutó en el cine hace unos años con la prometedora In Bruges, una especie de comedia, mezclada con trhiller de acción. Siguió luego con la tarantiniana y divertida 7 Psicópatas (Seven Psychopaths, 2009) y luego de unos años regresa con esta cinta difícil de catalogar: Tres anuncios por un Crimen (Three Billboards outside Ebbing, Missoury, 2017).
Mc Donagh no se anda por las ramas y desde el saque nos lleva hasta el conflicto: Mildred, una viuda cuya hija ha sido violada y asesinada, no encuentra otra forma de combatir su ira y frustración, que colocando en tres vallas de una carretera, tres frases que expresan la lentitud e ineptitud (según ella) de la policía local en la investigación, que hasta el momento no produce ningún resultado.
Esto lógicamente provoca la reacción de los policías, (quienes intentan intimidarla a ella y al publicista que se atrevió a alquilarle las vallas), además de algunos pobladores, sus otros hijos, su ex marido y hasta el sacerdote del pueblo, quienes le piden que recapacite y solo consiguen, que Mildred continúe más terca en su empeño.
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Cuando creemos que la historia va ser otro de esos dramas en los que se muestra la intolerancia y la corrupción de un pueblo, el guion da un giro inesperado que parece virar la película al thriller, y cuando el espectador empieza a preguntarse si darán con el asesino, la historia da todavía un giro más sorprendente, y el relato nos lleva por otro lado, más parecido a la comedia de humor negro, en este caso negrísimo.
El director aprovecha aquí para echar una mirada crítica a un sur norteamericano decadente, poblado por seres que no han salido del pasado, y que parece cultivar con entusiasmo las semillas de su autodestrucción. En ese empeño no deja prácticamente títere con cabeza.
Si hasta altura la película nos parece todavía convincente, es por el sólido reparto encabezado por una gigantesca Frances Mc Dormand, seguida por un genial Woody Harrelson (quien hace creíble un papel muy complejo) y el aún infravalorado Sam Rockwell. Todos ellos complotan para que el espectador continúe pegado en la historia, a pesar de los remezones de los giros del guion.
Sin embargo ya hacia cerca del final Mc Donagh exagera, se pone pretencioso y hace varias jugadas de más que estropean lo que pudo ser una historia mejor contada. Que McDormand y sus compañeros se lleven el Oscar sería justo, pero el premio a mejor película sería un exceso.