miércoles, 7 de febrero de 2018

Ira, Frustración y Humor Negro

Tres Anuncios por un Crimen

Martin Mc Donagh es un dramaturgo irlandés, que debutó en el cine hace unos años con la prometedora In Bruges, una especie de comedia, mezclada con trhiller de acción. Siguió luego con la tarantiniana y divertida 7 Psicópatas (Seven Psychopaths, 2009) y luego de unos años regresa con esta cinta difícil de catalogar: Tres anuncios por un Crimen (Three Billboards outside Ebbing, Missoury, 2017).
Mc Donagh no se anda por las ramas y desde el saque nos lleva hasta el conflicto: Mildred, una viuda cuya hija ha sido violada y asesinada, no encuentra otra forma de combatir su ira y frustración, que colocando en tres vallas de una carretera, tres frases que expresan la lentitud e ineptitud (según ella) de la policía local en la investigación, que hasta el momento no produce ningún resultado.
Esto lógicamente provoca la reacción de los policías, (quienes intentan intimidarla a ella y al publicista que se atrevió a alquilarle las vallas), además de algunos pobladores, sus otros hijos, su ex marido y hasta el sacerdote del pueblo, quienes le piden que recapacite y solo consiguen, que Mildred continúe más terca en su empeño.
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Cuando creemos que la historia va ser otro de esos dramas en los que se muestra la intolerancia y la corrupción de un pueblo, el guion da un giro inesperado que parece virar la película al thriller, y cuando el espectador empieza a preguntarse si darán con el asesino, la historia da todavía un giro más sorprendente, y el relato nos lleva por otro lado, más parecido a la comedia de humor negro, en este caso negrísimo.
El director aprovecha aquí para echar una mirada crítica a un sur norteamericano decadente, poblado por seres que no han salido del pasado, y que parece cultivar con entusiasmo las semillas de su autodestrucción. En ese empeño no deja prácticamente títere con cabeza.
Si hasta altura la película nos parece todavía convincente, es por el sólido reparto encabezado por una gigantesca Frances Mc Dormand, seguida por un genial Woody Harrelson (quien hace creíble un papel muy complejo) y el aún infravalorado Sam Rockwell. Todos ellos complotan para que el espectador continúe pegado en la historia, a pesar de los remezones de los giros del guion.
Sin embargo ya hacia cerca del final Mc Donagh exagera, se pone pretencioso y hace varias jugadas de más que estropean lo que pudo ser una historia mejor contada. Que McDormand y sus compañeros se lleven el Oscar sería justo, pero el premio a mejor película sería un exceso.
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