jueves, 25 de enero de 2007

Viviendo una democratización cinematográfica

Por: Manuel Eyzaguirre

Estamos viviendo una revolución. La de los jóvenes cineastas en provincias. No hay muchos medios, pero sí creatividad para realizar proyectos de muchos estudiantes de Comunicación. Conozcamos un panorama general sobre los formatos en el cine y sobre el cortometraje en el Perú.

La democratización cinematográfica nace gracias a una revolución: la del vídeo digital. Hoy en día es fácil conseguir una vídeo cámara casera, tener una computadora con programas de edición y las miles de historias que deseamos contar. Esta revolución digital facilita la producción audiovisual con bajos recursos.

Pero entendamos algo: los filmes que vemos en una sala de cine, proyectados sobre una pantalla blanca y rectangular son FILMADOS, usando un rollo de 35 milímetros.

Ese material es muy costoso. Además, requiere de un proceso fotoquímico de revelado. Es decir, más billete. Con la tecnología digital nos basta una cinta de vídeo para grabar una hora de filme. Esa misma hora FILMADA costaría imaginemos- 500 dólares. Con una cinta Mini DV gastamos 15 soles por una hora de grabación. ¿No es acaso una diferencia importante?

Contra los conservadores
El cine es el arte, no es el formato, ni el soporte para realizarlo. Frase provocadora que levanta a los conservadores y puristas defensores del cine filmado con 35 milímetros.

Hay algo de cierto en ello: la imagen lograda al grabar en vídeo digital casero o semiprofesional no es como la del rollo cinematográfico. Sin embargo, eso no es lo más importante. La tecnología evoluciona, el 35 milímetros perderá vigencia, pero el lenguaje se mantendrá.

Hacer cine implica saber de lenguaje audiovisual. Es también manejo de técnica, por supuesto. Pero antes de lo técnico está lo sensible: sorprendernos y emocionarnos al ver un filme.

Es también producto del ver mucho cine. Verlo y analizarlo. Ir al cine para evadir la realidad, reflexionar, y para saber que algo pasa en el mundo.
Y está ese otro grupo, el de jóvenes que desean aprender cine para comunicar lo que llevan dentro; “crear creyendo en sus historias” y sabiendo que esa democratización les permitirá llegar a un público interesado en sus planteamientos.

El cortometraje, nuevo medio de expresión
En la actualidad, el cortometraje (película de corta duración que va desde el minuto hasta la media hora) se ha convertido en el medio de expresión de esos jóvenes. Los festivales de cortos, muestras, concursos, congresos y bienales difunden el trabajo de los cortometrajistas en su mayoría- estudiantes de Comunicación de las principales universidades del país.

Los cortometrajes en nuestro país tuvieron un primer apogeo en la década de los setenta cuando se promulgó la Ley del Cine. Ahí se estipulaba que antes de la función de una película -en cualquier sala de cine comercial- se debía proyectar un cortometraje nacional. Esta ley, promovió la generación de directores que experimentaron en el corto para luego producir largometrajes. Así sucedió con Francisco Lombardi, Augusto Tamayo, Aldo Salvini, El Grupo Chaski, entre otros realizadores peruanos.

En esa época, la misma ley apoyaba económicamente a los cortometrajistas para la producción de sus obras. Vale recordar que para ser proyectadas en las salas de cine debían estar filmadas en 35 milímetros.

En los ochentas, atravesamos una etapa oscura producto de la derogación de la ley. El estado no apoyó a los directores nóveles. Se dejó de producir cortos y dicha crisis duró aproximadamente 15 años. Los resultados son palpables: la producción de largometrajes tuvo un nivel creativo y de producción insipiente.

En la actualidad, el cortometraje nacional ha resurgido. Este renacimiento tiene apenas 6 años, producto no de una intervención gubernamental sino de la mencionada

REVOLUCIÓN DIGITAL.
Actualmente, se producen cientos de cortometrajes al año. La mayoría en vídeo digital y unos cuantos en celuloide. Lima, tiene el mayor número de realizaciones, pero las provincias están explorando el soporte digital, en especial Puno, Huancavelica, Ayacucho,
Juliaca, Huanuco y Cuzco, trabajando siempre historias de corte social y costumbrista.

En la costa norte la producción todavía está en ciernes de ser constante y aún no maneja el tema de la difusión como debería. Sin embargo, hay quienes apuestan por la realización. En Trujillo y Piura, la mayoría de universidades experimentan con obras de ficción, documental y vídeo arte. En ambas ciudades la temática de sus guiones varía entre lo urbano y lo marginal. Se abordan temas como la drogadicción, la prostitución, la pobreza, la disfunción familiar y la violencia.

El camino para la generación de futuros realizadores nacionales se está dando en todo el país. En nuestra Región el objetivo debe ser el mismo. Gran parte de la responsabilidad la tienen las Escuelas de Comunicación. Me atrevo a plantear caminos: organizar cine forums, ciclos de directores, usar películas como elementos didácticos en clase, promover los ejercicios visuales en aula, analizar filmes, enseñar lenguaje cinematográfico, dedicarse a la enseñanza de la redacción de guiones con visión humanista más que formalista; y sobre todo aprender a transmitir pasión por los audiovisuales. El camino es largo pero las ganas de producir en Chiclayo son muy grandes y es hora de empezar a hacerlo.
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