martes, 30 de enero de 2007

Cine en Estado Puro

JAPANESE STORY

Ver la foto de la gran Toni Colette, en el artículo de mi colega Manuel sobre Little Miss Sunshine, me ha hecho recordar otra gran pequeña película, donde esta camino a excelente actriz que es Toni Colette, tuvo la oportunidad de expresarse en toda su dimensión.


Se trata de Japanese Story (ya ni recuerdo el horrible título en español que le pusieron en el cable), cinta australiana de bajo presupuesto, pero con una fuerza tremenda para contar una historia sencilla en imágenes inolvidables.


En ella, la Colette encarna a una geóloga que trabaja para una empresa y está desesperada por vender un software nuevo que ha desarrollado. Cuando llega de Japón un posible cliente ella es designada para enseñarle la empresa, y cuando cree que el cliente ya cayó, este pide antes de cerrar cualquier negocio, que le muestren el hermoso desierto australiano.


Ella acepta a regañadientes, porque cada vez más irá perdiendo la paciencia con este extranjero aparentemente amable, pero muy exigente y que pide ir cada vez a lugares más alejados. La travesía al desierto se convierte pues en un jornada tensa, cuya atmósfera se irá enrareciendo más, a medida que las dificultades vayan aumentando y llegan al clímax de la desesperación, cuando el vehículo de ambos queda varado, en una zona donde no hay posibilidad de encontrar ayuda, pues no entran ni llamadas de celular.


Él sin hablar casi sin inglés y ella sin saber nada de japonés, más la antipatía y la furia por haberse quedado botados de la forma más tonta, no son un el mejor punto de partida para empezar una relación.


Sin embargo acá la película da un giro completo y somos testigos del esfuerzo que tienen que poner el uno y el otro para tratar de superar sus desencuentros, porque está en juego su superviviencia.


Comienzan en este momento los mejores minutos de la película, narrada a través de bellísimas imágenes muy bien filmadas por Ian Baker, en las que el desierto del Pilbara es un personaje más (es increíble como pueden existir allá arenas tan rojas), con diálogos mínimos y casi sin música de fondo, la relación entre ambos personajes se sigue con interés, a pesar de la duración de algunos planos (más larga que el promedio), y el ritmo contemplativo de la película.


Si hubiéramos visto una película Made in Hollywood, el happy ending (final feliz), estaría ya cantado, y una vez más, la nóvel directora Sue Brooks (¿qué habrá sido de ella?), nos sorprende nuevamente con otro vuelco inesperado en la historia que eleva las emociones del film a otro nivel.


Como dije anteriormente la actuación de Colette, en esta película es soberbia, muestra una gran expresividad para mostrar cada uno de los variados estados de ánimo por los que pasa su personaje y su contraparte el japonés Gotaro Tsunashima le da la réplica bastante bien. Como ejemplo de su química, basta aquella escena en la que él le explica todas las acepciones de la palabra "hai", mientras ella a cambio, le enseña como desert (y dessert) puede significar desierto o postre.


Las escenas finales son simplemente desgarradoras, pero no en el sentido telenovelesco de gritos, llantos, música grandilocuente y excesos, sino precisamente por todo lo contrario emociones contenidas, en una secuencia larga y pausada, con una tierna música de fondo (mérito de Elizabeth Drake) que sin embargo no contiene ningún plano de más, y que es imposible contemplar sin un nudo en la garganta.


Japanese Story, es cine en estado puro, que se basa justamente en la fuerza de las imágenes que son capaces de convertir una historia simple, en una inolvidable. Se agradece (gracias Cinemax), la visión de este tipo de películas, en momentos en las que el cine que más se ve, sigue apostando por los efectos especiales y lo artificioso, en lugar de volver a la sabiduría de los primeros tiempos.
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