viernes, 11 de abril de 2008

ELEGÍA WESTERN

EL ASESINATO DE JESSE JAMES POR EL COBARDE ROBERT FORD


El caso del guionista y director australiano Andrew Dominik es extraño pero parece encaminarse por buena senda. Con su primera película Chopper, se llevó ya varios premios en festivales y cierto reconocimiento internacional, pero pasaría mucho tiempo para que pueda rodar su segundo largo. Sin embargo 6 años después, consigue la oportunidad de rodarlo y nada menos que con Brad Pitt para llevar a cabo una nueva versión sobre la historia de Jesse James, que aballestado en el tintero cierto tiempo.
Pero esta versión de Jesse James es muy sui generis, muy personal. Estrenada el año pasado (junto con 3:10 to Yuma, fueron los únicos westerns en el horizonte), El asesinato de Jesse James..., se centra más en las relaciones personales entre Jesse el mítico líder de la banda y Robert, el joven aspirante a integrar el legendario grupo, que en tiroteos o persecuciones.
Además nos presenta a dos personajes que han sido desmitificados James no es el heroico ladrón que roba a los ricos para darle a los pobres, es un pobre diablo paranoico que ve traidores por todos lados y por ello es capaz de eliminar hasta sus compañeros. Ford por su parte, es al comienzo el chiquillo idealista que quiere emular al héroe que ha leído en varios pasquines, pero que luego al irse revelando ante él como el criminal miedoso e inseguro que es, torna esa admiración, en odio y miedo.
La película comienza con el planeamiento del asalto a un tren, escondidos en un apacible bosque Jesse James y sus compinches conversan, bromean, ríen, mientras faltan pocas horas para el robo. Este primer acercamiento sirve para introducirnos a la banda y revelarnos las personalidades de cada uno.
Pero hasta en esta escena de acción las cosas en este film son diferentes: está filmada en claroscuros, con pocos efectos sonoros (los balazos suenan lejanos, asordinados), casi sin tiroteos, ni luchas heroicas, sólo una cobarde agresión de James a un envalentonado miembro de la tripulación del tren. El asalto, pasa a ser entonces un hecho triste, casi fúnebre.
Y precisamente ese es el tono que predomina en la película, fúnebre, elegíaco. La música seria, tocada por cuerdas graves en su mayoría, los colores virados por lo general a los tonos sepia y una omnipresente voz en off, que cuando se oye, desenfoca lo que estamos viendo en pantalla, actúan como preparándonos al hecho más importante de la cinta y que tiene que ver con su largo título.
Si bien a veces los largos planos contemplativos y el ritmo por ratos cansino, parecerían enturbiar por momentos la cinta, las apariciones de un Brad Pitt mucho más cuajado y maduro, pero sobre todo de un sorprendente Casey Affleck (¿de veras es hermano de Ben?), quien dota s su personaje de una serie de matices que su personalidad va adquiriendo a medida que pasa la película, terminan por mover al espectador a seguir la apuesta por Dominick hasta el final.
Por supuesto, el resto del reparto también ayuda mucho, los consagrados Sam Sheppard y Sam Rockell se meten de lleno en sus papeles, e incluso gente de menor trayectoria como Paul Scheneider, tampoco desentona. Sólo Mary Louis Parker aparece desperdiciada en el rol menor de Zee, la esposa de James.
La fotografía de Roger Deakins, merece un comentario aparte, pues a pesar de registrar momentos tan dispares como las del asalto al tren o las discusiones madrugadoras entre James y sus compinches, con las de momentos llenos de luz (como la escena inicial en el bosque o los exteriores llenos de nieve), mantiene siempre el tono sin caer en excesos, ni virtuosismos.
En resumen El asesinato de Jesse James inscrito más en la corriente del western crepuscular (como Unforgiven de Clint Eastwood) que en el clásico, es un film que sorprende por su planteamiento audaz y que no decepciona, ni aburre a pesar de sus dos horas, cuarenta minutos de duración y nos deja con mucha curiosidad para ver cuáles serán los próximos trabajos de este director. Ojalá que no tengamos que volver a esperar 6 años más.
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