viernes, 6 de septiembre de 2013

La Muerte de Don Corleone

Quizá pocos saben aún que una de las escenas finales de El Padrino (1972), fue realizada y concebida casi en su totalidad por el actor principal, Marlon Brando. La escena de la muerte de Don Vito Corleone, dueño y jefe absoluto, durante muchos años, de la mafia de la Costa Este, y que ahora está enfermo tratando de pasar, poco a poco su autoridad y sus poderes a su hijo Michael.
La película fue dirigida de forma verdaderamente autoritaria por Francis F Coppola y el guión fue realizado de forma admirable, por Mario Puzzo, autor de la novela que da origen a la película. Sin embargo, ni el director ni el guionista habían hecho previsiones para la muerte de Corleone, aunque la lógica interna de la película parecía exigir algún tipo de tratamiento especial en ese momento. Así que fue Brando, actor formado en el Actor’s Studio -donde aprendió a buscar y sentir el realismo sicológico de los personajes – a quien se encargó que diera forma y cuerpo a esta escena, que se escapaba de las manos de los demás. El resultado supuso un cambio completo de la dimensión y del sentido básico de la película.
El problema era meramente técnico, ya que lo que contaba la novela no era muy visual, no se podía traducir en términos de imágenes. En su libro, Puzzo  describe la muerte de Corleone en metáforas de calor y luz:
De pronto sintió como si el suelo hubiera bajado muy cerca de su cabeza. El Aire se llenó de pequeñas y danzarinas manchas doradas. El hijo mayor de Michael vino corriendo por el jardín hacia el lugar en el que se había arrodillado Don Corleone, y el niño aparecía envuelto en una nube de luz…La muerte se escondía detrás de esa nube amarilla preparada para golpearle y Don Vito con un gesto de la mano quiso alejar al niño de su presencia.
El lenguaje parece, en un principio bastante visual, incluso sugería una materialización fotográfica, pero ¿cómo se podría filmar esto? Aunque es muy fácil crear  manchas doradas, en el aire con la pluma, es muy difícil materializarlas en una imagen cinematográfica. El color quedaría destruido si se usaba un filtro amarillo. El color se podía insinuar recurriendo a la sobreexposición, para conseguir así un color blanquecino, en las hojas verdes del jardín de Don Vito.  0 tal vez se podía haber filmado directamente, sin ninguna protección para la lente, de cara a la luz, y así se podían obtener burbujas de reflejos y brillos.
Pero todo esto se ha visto tantas y tantas veces antes en el cine, que se ha convertido en un tópico. Con gran acierto por tanto, el director prefirió dejar todo el peso de la escena en las manos del actor y no en las del operador. Ya que en esta escena, Don Vito está solo, con el niño de Michael, la escena no se podía apoyar en el diálogo o en la conversación la escena pedía mimo, expresión corporal, acción sutil pero significativa. Con esta idea en la cabeza Brando comenzó a trabajar con el niño, su único compañero de rodaje. En primer lugar se puso un gran trozo de manzana en la boca, haciendo que su cara adquiriese una expresión desfigurada, monstruosa, para provocar la reacción del niño, pero con este pequeño truco no solo consiguió la reacción del niño, sino que también contribuyó a definir, fatalmente, y de una vez por todas, la personalidad el propio Corleone.
Tal y como se hizo, la escena de Don Vito y el niño es una de las más expresivas de toda la película, encontramos a Don Vito en su pacífico su jardín, donde ya lo había colocado Puzzo en su novela, ocupado en la pequeña huerta, retirado de toda actividad exterior, dedicado a su familia y a la administración de sus propiedades. El mismo huerto, es un símbolo en sí mismo, es como el espejo que refleja el paternalismo de Don Vito. Poco antes de que inicie esta escena él ha tenido su última conversación con su hijo Michael, un heredero indeciso del gran imperio del crimen, fundado por Corleone. Durante esta entrevista con Michael Vito trata a su hijo como si fuese un niño e inmediatamente le pide disculpas por el tipo de vida que le ha obligado a vivir, a él, a su hijo más querido.
Estas dos posturas quedan claramente  recogidas en la escena de la muerte de Corleone. Primeramente,  Corleone coge un fumigador y le enseña a su nieto como matar a los parásitos e insectos por lo que introduce en la escena el tema de la muerte una de las ocupaciones cotidianas de la mafia. A continuación y de una forma divertida, se convierte (gracias a la manzana en la boca) en un monstruo, para hacer reír al niño, pero la máscara del monstruo es al mismo tiempo, el reflejo de la última confesión y la última definición que de sí mismo ha hecho Corleone en la entrevista anterior con Michael.  Así habiéndose revelado moralmente, Corleone ha puesto en niño en contacto con un objeto mortífero. Corleone cae y muere sabiendo que la nueva generación seguirá con lo que él ha iniciado. De esta forma, una escena, que lo único que buscaba era ocupar en algo a un actor, llegó a convertirse gracias a Brando, en el resumen de todos los temas centrales de la película.

(Tomado de “El  Cine, un Arte Compartido” de James F. Scott 1979 Ed. EUNSA Pamplona, España)
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