jueves, 28 de enero de 2010

UNA AGRADABLE SORPRESA

LA PRINCESA Y EL SAPO


Después de un largo período de aletargamiento, debido en gran parte al boom de los dibujos animados por computadora, los estudios Disney vuelven a la carga con la animación tradicional y nada menos que con el mismo equipo que tuvo a su cargo producciones exitosas como La Bella y la Bestia y Aladdin: Ron Clements y John Musker.

Para variar en esta ocasión nos traen de vuelta otro cuento clásico “El Príncipe Sapo”, aunque ha sufrido tantas modificaciones que prácticamente es una nueva historia. Esta vez se ambienta en el Nueva Orléans de comienzos de siglo XX, donde vive Tiana, una niña negra que es la adoración de su padre, un obrero de buen corazón que sueña con ser cocinero y poner un restaurante con su hija. Esto ya es toda una novedad, ya que es la primera vez que una película de Disney tiene como protagonista un personaje de raza negra.

Pero el tiempo pasa, el padre ya no está con Tiana y ella tiene que tener hasta tres trabajos para poder ahorrar y cumplir con un sueño que parece cada vez más lejano. Pero su suerte parece cambiar cuando su amiga Charlotte La Bouf, la hija del hombre más rico del pueblo la contrata para que prepare la cena que ofrecerá al príncipe Naveen que llega a la ciudad, pero para su desgracia éste se encuentra con un brujo vudú que lo convierte en ya sabemos qué.

Desde el comienzo nos damos cuenta que no estamos ante una película cualquiera, la breve introducción nos presenta muy acertadamente al personaje principal y a su entorno, se aprecia un buen trabajo de investigación para ambientar la historia, y la narración va fluyendo de manera ágil hasta llevarnos al nudo de la trama. Y es en este momento, cuando creíamos que ya no se nos podía contar nada nuevo, cuando las cosas se ponen aún más interesantes.

Es el momento de la travesía de los dos protagonistas por los famosos bayous (bosques pantanosos) de Louisiana, cuando nos vamos sorprendiendo con personajes cada vez más entrañables: desde Louis, el cocodrilo trompetista, pasando por Odie, la bruja ciega de 120 años, hasta llegar a Raymond la luciérnaga cadjun eternamente enamorada de algo más allá de este mundo.

Claro, ninguna película de este tipo estaría completa sin un villano que se precie y aquí es donde tenemos al inquietante Dr. Facilier, apodado el hombre sombra, un hechicero vudú capaz de convocar al poder de los espectros.

A pesar de contar con varios momentos de humor, la historia no está exenta de momentos dramáticos, escenas románticas (la travesía por los bayous es hasta cierto punto un homenaje a Sucedió una Noche de Capra, aunque con los roles invertidos) y hasta de terror. Por supuesto, en una producción de este tipo no faltan los números musicales, esta vez a cargo del consagrado Randy Newman, entre los que se pueden destacar momentos como “Nunca supe lo que necesitaba”, o el tema con el que se abre y se cierra la película.

Hay quien en algún momento dijo que la animación tradicional había muerto, pero luego de ver La Princesa y el Sapo, sabemos que esto es absolutamente falso, porque el secreto de hacer una buena película no está en usar tal o cual técnica, el secreto está –aunque muchos todavía se resistan a creerlo-, en tener el talento y la pasión para saber contar buenas historias, y mientras eso exista, no sólo la animación, sino todo el cine no morirá jamás.

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