viernes, 15 de enero de 2010

BASTARDOS SIN CUMBRE



Este post debimos haberlo comentado hace mucho tiempo atrás, pero este año las buenas películas han demorado mucho en llegar a nuestro único cine local. Se proyectó unos pocos días, y además días de fin de año, con lo que el tiempo para subir y postear se hizo muy, muy escaso. En fin aquí está.

Quentin Tarantino, pertenece a ese raro grupo de directores que puede hacer literalmente lo que se le da la gana, cualquier historia que cuenta parece funcionar para él, ya que no interesa tanto lo que cuenta, sino cómo lo cuenta.

Además de su rara habilidad para contar historias el buen Quentin destaca también por su cinefilia y su ánimo para citar frecuentemente obras de los más diversos autores y tendencias y hacer unos empastes con ellos que por más diferentes que ellos parezcan (el cine chino de artes marciales por ejemplo con el spaghetti western) suele funcionar.

Bastardos sin Gloria no es la excepción, aunque en esta cinta los empastes no son tantos (básicamente es la música y algo del estilo del spaghetti western con algunas películas bélicas como Quel Maledetto Treno Blindato de Castellari o Dirty Dozen de Robert Aldrich), sino más bien las citas, homenajes al cine antiguo, y la proliferación de nombres de realizadores y filmes de los años 40, los de la Segunda Guerra Mundial.

Aunque el título parece querer destacar la presencia de los Bastardos, un comando de soldados judíos norteamericanos, con la única misión de aniquilar nazis, la película se centra más en la otra historia, la de Shoshanna, una niña judía que escapa del asesinato en masa de sus padres y en el coronel Landa, un perseguidor de judíos (aunque él prefiera llamarse detective), que funciona como enlace entre las dos tramas.

La trama de los bastardos, se viene a menos por el apunte caricaturesco y humorístico que se hace de ellos, y sólo una secuencia en que aparecen, la de la taberna, es nítidamente destacable sobre todas las demás.

Esta es una secuencia típicamente tarantiniana, con diálogos ingeniosos, humor y mucha tensión in crescendo. Lo que juega un elemento clave en esta secuencia es un recurso que por facilismo muy pocos directores emplean, y al cual podríamos llamar realismo lingüístico, y que consiste en que cada personaje hable el idioma que le corresponde, y no como haría una típica producción de Hollywood: que un soldado alemán hable inglés con un ridículo acento germano.

No es el único momento en que lo emplea (en la primera secuencia, en la que se nos presenta al coronel Landa, también se utiliza muy bien este recurso), pero el realismo lingüístico es clave en esta escena, pues prácticamente de él depende el desenlace de la misma. Por cierto el desenlace no podía estar mejor resuelto, y la tensión acumulada en los largos minutos que dura la escena, es algo pocas veces visto en el cine actual, comparable sólo a los western crepusculares de Sam Peckinpah y a los ya mencionados western spaghetti.

Lamentablemente lo que sigue después no está a la altura de lo logrado hasta ese momento. La secuencia ocurrida en el teatro, cuando Brad Pitt intenta lucir gracioso masticando un horroroso italiano con acento sureño norteamericano (Landa para desenmascararlo lo hace pronunciar hasta 7 veces su supuesto apellido Garlani, y las 7 lo hace de forma distinta), es divertido pero nada más. Y el desenlace de la misma es delirante, no sólo por la enorme licencia histórica que Tarantino se toma, sino por la ridícula muerte de Shoshanna, asesinada por su enamorado nazi, en un inconsecuente arranque de ternura para este duro personaje, y además con un estridente fondo musical al mejor estilo de Morricone en la Giu la testa de Sergio Leone.

El epílogo tampoco convence: si Aldo Ray sus secuaces se encargaban de matar a los asesinos de judíos, ¿por qué dejar escapar a ese pez gordo de Landa? De igual modo, ese brillante personaje que es Landa (de lejos el mejor de la película), se cae al final con ese improbable acto de alta traición. En resumen, se trata de un Tarantino más contenido, más maduro, con más agudeza creativa para los diálogos, pero quien todavía no ha llegado al Tarantino de sus obras anteriores. Esto no quiere decir que se trate de una película regular, al contrario, es muy buena y muy por encima de lo que se estrena por estos lares, pero no creemos que sea la obra maestra de este director.
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