lunes, 25 de febrero de 2013

Bipolar lovestory

Juegos del Destino

David O. Russell (Nueva York 1958), es un director, guionista y productor que viene haciendo películas desde 1997, pero que recién empezó a llamar la atención del público en 1999 con la lograda Tres Reyes, aunque su momento consagratorio llegaría el 2010 con la multinomidada al Oscar The Fighter, un sólido drama sobre un boxeador que debe pelear contra su familia, que contó de nuevo con la participación de Mark Whalberg, Chrisitan Bale, Mellissa Leo y Amy Adams, en la que demostró su talento para conseguir buenas actuaciones.
El año pasado regresa con Silver Linings Playbook (comedia que se estrenará acá con el ambiguo y horroroso título de Juegos del Destino), algo así como Libro de Jugadas Forrado en Plata, por la que ha vuelto a ser nominado al Oscar, esta vez hasta en 8 categorías y ganó al de mejor actriz.
La película cuenta la historia de Patrick Solatano, un enfermo bipolar que logra ser retirado de la institución mental donde estaba, por su madre, quien junto con su padre, se comprometen a vigilarlo para evitar que su agresividad dañe a Nikki, su infiel ex esposa.
Pero esto va ser muy difícil, debido a que Patrick se resiste a tomar su medicación y está obsesionado con lograr el perdón de su ex, y cualquier cosa parece alterarlo. Esto puede llegar a cambiar cuando una pareja de amigos le presenta, a Tiffany, una chica que también tiene problemas mentales, pero de otra índole. Ella pondrá su mundo literalmente de cabeza.
Desde los primeros fotogramas nos damos cuenta que no estamos ante una película común y corriente: vemos a un Bradley Cooper que por primera vez no parece ser él, sino a un verdadero maníaco-depresivo; la misma impresión tenemos con Chris Tucker, quien luce en este filme mucho más pausado y menos estridente de lo habitual (hasta su voz parece menos aguda).
Pero lo que llama más la atención es la aparición de Jenniffer Lawrence, desde el primer momento su presencia llena la cámara, se puede decir que ella es ya lo que algunos llaman un "animal cinematográfico", aquellos seres que no tienen que hacer mucho para que la cámara los adore. Pero no es solo su apariencia, sus gestos, o su manera de desplazarse lo que la hacen destacar, la forma cómo recita sus diálogos y termina  componiendo ese magnífico personaje  que es Tiffanny, la cual atrapa al espectador y no lo suelta hasta el final. Merecido su Oscar.
También es destacable la actuación de De Niro,  a quien después de mucho tiempo vemos en un rol diferente, componiendo a un padre preocupado y amoroso, pero también lleno de manías y cábalas, que pueden enloquecer a cualquiera.
Russell se confirma así como un gran director de actores, como ya lo hizo antes con The Fighter, cuya labor permitió que Christian Bale y Melissa Leo, se llevaron los premios a los mejores actores de reparto.
Pero no es solamente en las actuaciones donde destaca la dirección de Russell, sino también en la creación de un universo propio, bizarro y sui géneris que es el mundo de esta película, en la que poco a poco nos damos cuenta, que no hay una sola persona a la que podamos llamar mentalmente estable.
Para graficar esta inestabilidad Russell se vale de una cámara en movimiento casi constante, con muchos paneos, travellings laterales, grúas y cámara en mano, lo cual hace crea en el espectador una sensación de inquietud, que va in crescendo a medida que avanza la historia.
Pero también se vale de extensos diálogos, algunos que dicen mucho, y otros que no dicen nada, pero que son muy útiles para mostrar el sinsentido de la verborrea de muchos de los personajes. Hay muchas escenas que podemos destacar en esa línea:  el famoso encuentro entre Patrick y Tiffanny en la casa de la hermana de esta (ver foto); los diálogos entre Pat y su mejor amigo Ronnie; el curioso encuentro entre Pat y su hermano Jake; las conversaciones entre Pat y su siquiatra...pero entre todas ellas, la que es simplemente genial, es la escena coral en la casa de los Solatano, luego de la pelea en las afueras del estadio: todos parecen hablar al mismo tiempo y todos parecen fuera de sí, sin embargo no nos queremos perder ni una palabra; y cuando finalmente Tiffanny pone en su sitio a don Patrizio, nos quedamos atónitos.
Silver Linnings Playbook, termina por convertirse en el punto más alto de la carrera de Russell hasta ahora y esperamos que no se convierta en una valla muy difícil de superar, y que en el futuro nos presente trabajos aún más logrados.
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