martes, 31 de enero de 2012

La Mejor Película del 2010


Inception: La Nueva Matrix
Mientras llega la crítica de la mejor del 2011, aquí este artículo de la mejor del 2010.
Hace 11 años un par de hermanos que estaban dando sus primeros pasos en el cine, Andy y Larry Wachowsky sorprendieron al mundo con Matrix, una película que no sólo revolucionó el arte de los efectos especiales, sino que originó múltiples lecturas y debates por sus contenidos mezcla de filosofía oriental, ideología ciberpunk  y elementos cristianos, que si bien casi desaparecieron luego en las dos secuelas siguientes, la catapultaron a la categoría de film de culto, digna de aparecer en cualquier lista de mejores películas.
Hoy, Christopher Nolan nos ha traído un producto similar, que destaca no solamente por la fuerza de sus imágenes, sino porque igualmente nos ofrece múltiples lecturas, con una obra compleja que está ya dando mucho que hablar.
Nolan (Londres, 1970) nacido en las canteras del cine Independiente, ha dado desde siempre muestras de ser un autor en todo el sentido de la palabra, desde sus trabajos iniciales Following y Memento, fuera del mainstream cuando tenía el control absoluto de sus obras, hasta las dos últimas Batman, la cuales a pesar de haberse hecho dentro de la industria, dejan ver en ellas la impronta personal del realizador.
Esta vez ha conseguido llevar a la pantalla grande un proyecto que él había venido acariciando desde hace tiempo y que por distintas razones no había logrado concretar. Se trata de Inception (traducida en nuestras salas como El Origen, pero a la que también podría habérsele dado el sentido más adecuado de Implantación), película donde nos narra la historia de Cobb, un “extractor”, una curiosa profesión de un futuro no lejano, que no es del todo legal, y que consiste en introducirse en los sueños de ciertas personas, para robar de su subconsciente los secretos mejor guardados y venderlos al mejor postor, una especie de espionaje industrial, pero mucho más sofisticado.
Para ello necesita de colaboradores: un “arquitecto” que diseñe los sueños, un vigilante que se encargue que todo esté bajo control  y de despertarlos desde dentro del sueño, cuando sea necesario, utilizando un recurso llamado “la patada”. Necesita además un instrumento llamado Totem, que es cualquier objeto conocido por el soñador, y que al recurrir a él, le confirma si el sueño terminó o si todavía está dentro de él.
Después de un intento fallido de robo con un industrial japonés, Cobb es reclutado por esta misma persona para que haga un trabajo prácticamente opuesto: implantar en la mente de un competidor una idea que lo haga desistir de convertirse en un monopolio que prácticamente controlaría todo el mundo. Cobb al principio se niega, pero luego Saíto le hace una propuesta que no puede rechazar: si consigue la implantación arreglará su situación judicial en Estados Unidos y podrá nuevamente volver a su país a ver a sus hijos.
Para esta misión Cobb necesita nuevos miembros para su equipo: Eames, un imitador (Tom Hardy) alguien que tiene la capacidad de adquirir la apariencia de cualquier conocido del soñador, un químico llamado Yusuf, que fabrique un poderoso fármaco que induzca al durmiente en un sueño  profundo (Dileep Rao) y Ariadne, una nueva arquitecta (Ellen Page) para reemplazar al que falló en la misión anterior.
De todos ellos Ariadne recomendada por un maestro de Cobb (Michael Caine) tendrá un rol ascendente en la cinta, reclutada en el último intento, es una estudiante de gran habilidad, que aprende muy rápido, incluso más de la cuenta ya que descubre los secretos más íntimos de Cobb, algunos de los cuales podrían poner en peligro la nueva misión.
Para contarnos tan compleja historia, Nolan se vale tanto de esclarecedores diálogos de los personajes,  como de poderosas imágenes y acciones, de tal forma que si uno no entiende lo que dijeron en los diálogos, lo captamos luego en las acciones desarrolladas a continuación. Todo esto con un ritmo intenso, con escenas de discurrir muy fluido, gracias a una cámara que se mueve con agilidad y que se mete por los lugares de más difícil acceso, especialmente en las escenas de tiroteos y persecuciones.
Nolan recurre a interesantes golpes de efecto, para sorprender y mantener la atención del público, como por ejemplo jugar con la alternancia de los sueños y la realidad (a veces no sabemos bien donde están los personajes) o complicar la estructura narrativa en sucesivas vuelta de tuerca (un sueño dentro de un sueño, dentro a su vez de otro sueño, en tres subniveles).
La película se mueve en muchos niveles y funciona en todos ellos. En la capa más superficial se aprecia como una cinta de acción, filmada con lo último en efectos especiales y con un ritmo trepidante que no da respiro al espectador. En otro nivel tenemos un drama personal, el de Cobb quien no puede superar un pasado tormentoso, del que ha heredado un fuerte sentimiento de culpa que cada vez con mayor fuerza, va lastrando sus acciones presentes. Finalmente es una apasionante descripción del mundo de los sueños, con su irracionalidad, su fantasía y sus reglas particulares, aunque en este caso sean las reglas que Nolan nos presenta para este mundo.
 Podemos reconocer en esta historia las fuentes de las que ha bebido Nolan, tenemos para empezar un referente que recién empieza a hacerse conocido debido a la muerte de su director: el ánime Paprika de Satoshi Kon, en la cual los personajes pueden también entrar a los sueños de otros, aunque aquí es gracias a un invento, más que por la habilidad de los individuos.
Luego está la Matrix de los Wachowsky, el mundo de los sueños de Nolan y la forma como conectarse a él, tienen cierta relación con el falso universo de la Matrix, y en el modo como el maestro Cobb enseña a su discípula Ariadne, nos hace recordar el aprendizaje de Neo con Morfeo.
Otro referente importante, es sin lugar a dudas Solaris de Tarkovsky, especialmente en la relación de Cobb con Mal, la vívida proyección que él mismo ha creado de su esposa debido a su gran sentido de culpa, que nos hace recordar a Hari, la esposa del Dr. Kelvin, que también tiene vida propia, creada en parte por el hondo sentido de culpa de éste.
El descenso a los submundos más profundos de su subconsciente de Cobb, para tratar de liberarse de Mal, es un equivalente del descenso a los infiernos del mito de Orfeo, con la diferencia que aquí existe la figura de una liberadora, Ariadne, nombre que no por nada nos remite al mito de Teseo y el Minotauro, concretamente en lo referente al hilo de Ariadna, como la llave para encontrar una salida y aquí el personaje homónimo tendrá un rol similar.
Si seguimos buscando encontraremos seguramente más fuentes, pero lo importante es que Nolan las ha sabido unir y recrear para dar como resultado una historia apasionante y atractiva.
Para hacer esta película, Nolan ha logrado reunir a un reparto envidiable -casi perfecto por la forma como se apoyan entre sí- encabezado por Leonardo Di Caprio quien luce cada vez más cuajado y convincente en sus últimas interpretaciones y aquí interpreta con solidez a Cobb un un hombre muy hábil en lo suyo, pero a la vez atormentado por la culpa de una acción que no ha logrado superar. Di Caprio aporta al personaje todos los matices de su difícil situación lo cual hace que el personaje sea sumamente creíble al espectador.
Luego tenemos a Ellen Page la recordada protagonista de Juno, quien termina por confirmar que es más que una promesa de actriz, especialmente porque este es el personaje que más evoluciona en la película: de la tímida y algo insegura aprendiz a convertirse luego en la confidente de Cobb hasta luego convertirse en la clave para liberarlo de su pasado.
Mención aparte merece la francesa Marion Cotillard, nominada al Oscar por su rol de Edith Piaf en La Vie en Rose (no en vano uno de los temas de esta película, Ne vale rien, se emplea continuamente en esta película), la cual da vida a uno de los personajes más enigmáticos del film, Mal la fallecida esposa de Cobb, quien se aparece constantemente en los sueños de Cobb y muchas veces como un espectro incontrolable.
Junto a ellos un equipo de secundarios más que cumplidores: Ken Watanabe como Saíto el misteriosos nuevo cliente de Cobb, Cillian Murphy como Fisher la víctima-villano, Tom Berenger un actor no siempre bien aprovechado en el rol de Peter el tío de Fisher, Joseph Gordon-Levitt quien parece dejar ya sus papeles de adolescente para asumir roles más serios y con ellos los secundarios Tom Hard y Dileep Rao, quienes también encarnan con dignidad a sus personajes.
A pesar de su extenso metraje el ritmo y el interés nunca decaen y se vuelven particularmente intensos en la última hora, cuando se desarrollan las tres líneas de acción que avanzan de manera paralela pero no de manera simultánea, ya que cada una de estas líneas representa un distinto nivel de sueño, con sus propios tiempos (más rápidos los superficiales y más lentos los profundos) ya que los segundos en un primer nivel pueden ser años en el tercero. Aquí Nolan nos da una lección de lo que es el tempo cinematográfico, con una precisión muy pocas veces vista en el cine.
Esta intensidad se ve hasta el último fotograma, cuando Cobb deja su trompo-totem, dando vueltas en la mesa, para convencerse de que no está soñando y un fundido en negro no nos permite saber la conclusión.
Nolan no sólo ha hecho la mejor película del año, sino que ha logrado la mejor película de su carrera. Hasta nos atreveríamos a decir que es una obra maestra, aunque quizá hagan falta algún tiempo para demostrarlo.



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