viernes, 23 de octubre de 2009

EL FIN DE UNA ERA

Lo Que el Viento se Llevó

Hoy después de casi 30 años he vuelto a ver Lo Que el Viento se Llevó, película a la que alguna vez alguien calificó como "la mejor película jamás filmada". Basada en la novela homónima de Margaret Mitchell, este largo melodrama es un homenaje a una época y una cultura que desaparecieron en Estados Unidos, luego de la Guerra de Secesión.
Es otra cosa verla en pantalla gigante, se aprecia mucho más la calidad de los encuadres y la cantidad de elementos que muchas veces aparecen en ellos, y que en pantalla chica simplemente desaparecen.
Las actuaciones son brillantes, además de que existe mucha química en el reparto. Es uno de esos casos en que todos los actores, parecen haber caído del cielo para encarnar a sus personajes, y no hablamos sólo de Clark Gable (Rhet Butler) o Vivien Leigh (Scarlett O'Hara), sino también de los grandes Olivia de Havilland (Melanie), Leslie Howard (Ashley) o Hattie Mc Daniel (Mammy), la primera actriz de color en ganar un Oscar.
Pero ayuda mucho a los actores, el hecho de que sus personajes estén muy bien desarrollados, incluyendo los secundarios. No ocurre lo que pasa mayormente en los melodramas, en que los personajes son tan exagerados o superficiales, que es difícil que el público se identifique con ellos. Llama mucho la atención por ejemplo, que un personaje tan caprichoso y calculador como el Scarlett, todavía haga que muchos espectadores se identifiquen con ella, y esto se debe en gran parte a la maestría del guión de Sidney Howard, quien construye un personaje de carne y hueso, muy humano a pesar (y también precisamente por eso), sus defectos.
Una de las primeras películas hechas en color, es uno de esos clásicos que jamás envejecen. Su fotografía es magnífica, y demuestra mucho conocimiento del director Ernest Haller para hacer los encuadres e iluminaciones, a pesar de que casi no se hacían películas a color en ese momento y no se populizarían hasta unos 20 años después. Algunas tomas están tan bien hechas que parecen una pintura renacentista, dándole a cada escena su correspondiente dignidad: el aspecto mágico bucólico de las haciendas del Sur antes de la Guerra, el infierno de la Guerra misma, y el lujo y romance de los momentos posteriores.
Hay muchas escenas de la película a las que su buena realización les ha conferido un aura mágiga, y es por ello que han quedado grabadas para siempre en la memoria de cinéfilos de todo el mundo. Tenemos entre ellas: el baile pro fondos para la guerra, el incendio de Atlanta, el encuentro entre Melanie y Bella Watling, la "amiga" de Rhett y por supuesto la secuencia final en la que Scarlett persigue a Rhett, con una cámara que la sigue a todas partes y el suelta su memorable cita: "francamente querida, me importa un comino".
Qué decir de la música, de Max Steiner una de las más recordadas de la historia del cine y de la edición de Ernest Haler y Ray Rennahan, quienes suprimieron infringirle ritmo a muchos rollos y hacer una película ágil, a pesar de sus casi 4 horas de duración.
En suma una cinta inolvidable, la quintaesencia del melodrama cinematográfico que logró calar (y aún lo sigue haciendo) muy hondo en el público de todo el mundo, a pesar de contarnos la historia de una era que ya no existe más, la del "viejo sur" norteamericano.

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