Sinners: Pecadores

 La carrera de Ryan Coogler parecía conducirse a dirigir una serie de blockbusters, luego participar en las franquicias de Creed  y las dos películas del universo Marvel sobre Wakanda, pero dio muestras de que su interés iba por otro lado, con la producción de Judas and the black messiah, la historia de una traición dentro del movimiento guerrillero de las Panteras Negras.

El director dice que la inspiración para escribir Sinners, le llegó de un momento a otro como una forma de rendirle homenaje a su tío fallecido y a su Mississipi natal, en el Sur de los Estados Unidos y fue tan fuerte la inspiración que se tardó solo en dos meses en escribir el guion.

La primera parte de la película, en efecto tiene mucho de homenaje, sigue a los gemelos Smoke y Stack (ambos muy bien interpretados por Michael B. Jordan) que regresan de una gran ciudad a su pueblo natal, para comenzar una vida nueva, forrados de un dinero del que hay muchos indicios de que no tiene origen muy lícito.


En esa primera parte conocemos a los personajes, tanto a los recién llegados como los que se quedaron en el pueblo. Vemos la pobreza, el retraso, la injusticia y sobre todo el racismo imperante, que esta siempre presente y se cierne como una amenaza duradera sobre la población, especialmente por la impunidad con la que actúan los blancos de la zona: violando, matando, apoderándose de propiedades entre otras cosas.

Esta primera parte está muy bien lograda: hay una buena dirección de arte, un buen trabajo previo de investigación, una excelente banda sonora y un acercamiento por momentos hasta documental para ponernos en contacto con una realidad del sur de Estados Unidos que es poco conocida.

En la segunda parte, de pronto ya pasamos a otra película. En el local que han alquilado los hermanos y se está llevando a cabo una divertida fiesta, además de la amenaza blanca, aparece también una amenaza de otra índole, y un poco más maligna: vampiros.

Si bien esta segunda parte sigue las reglas del género de terror y tiene buenos efectos en el enfrentamiento entre hombres y vampiros (por momentos hasta nos recuerda el Vampiros de Johan Carpenter), no termina de convencer. Y lo que es peor: esta segunda parte desmerece y choca frontalmente con el realismo que habíamos presenciado antes. Con un toque de realismo mágico, o algunos elementos sobrenaturales sutilmente introducidos hubiera quedado mejor, pero no, se prefiere el gore, el alboroto y la estridencia.

Y justamente reflexionando sobre esta segunda parte, es que uno se puede preguntar ¿Cómo la Academia ha podido otorgarle 16 nominaciones a este film? No porque sea una película (que no lo es), sino porque no es ninguna obra maestra. De hecho se llevará por lo menos la mitad de las estatuillas a las que está nominada, dejando en el camino a otros films que debieron estar allí.


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