El retorno de Miyazaki


El Niño y la Garza

Hace poco más de una década el director de ánimes Hayao Miyazaki anunciaba su retiro y agregaba que su película despedida iba a ser El Viento se Eleva (2013), una animación basada en la biografía de Jiro Horikoshi, un diseñador y constructor de aviones que fue clave para Japón durante la segunda guerra mundial. Si bien se trató de una película correcta estaba muy alejada del estilo de Miyazaki y a muchos les supo  a decepción.

Felizmente el gran realizador japonés se retractó y después de poco más de diez años ha regresado con Kimitachi wa Dō Ikiru ka (¿Cómo viven?) basada libremente en la novela homónima de Yoshino Genzaburo, de 1937. Para América Latina el título es diferente: se ha optado por la traducción del título dado en inglés: El Niño y la Garza.

La película comienza con un bombardeo a Tokio durante la Segunda Guerra Mundial y con el niño Mahito (Májto, se pronuncia) intentando ingresar al hospital incendiado intentando rescatar a su madre, algo que resultará infructuoso. Siguiendo la tradición su padre se casa con la hermana menor y se lleva a Mahito al campo a vivir con ella.

Si bien la primera parte el film parece adoptar el tono realista de El Viento se Eleva, ni bien llegamos a este segundo escenario nos damos cuenta que el resto de la película no será así, que ese campo donde se ubica  la casa tienen más signos del bosque de Mi Vecino Totoro (1998) o del Castillo Ambulante de Howl (2004), que de los lugares donde Horikoshi probaba sus aviones.

Uno de esos signos son las 7 ancianas que viven en la residencia campestre, que parecen más ser siete espíritus silvestres que personas mayores. Luego está el extraño castillo del lago, de aspecto siniestro y abandonado y finalmente claro está la garza gris, un animal en principio amenazador pero que luego va a comportarse más como un guía (aunque a duras penas) de la excursión de Máhito a los inframundos.



Desde los primeros planos El Niño y la Garza atrae de inmediato, empezando por los agradablemente imperfectos trazos de la animación tradicional, cada vez más escasos en el cine, colorizados y animados de manera impecable, continuando con el universo sonoro del film, que brinda a este la tridimensionalidad que necesita.

Miyazaki nos somete junto a su protagonista, en un viaje de iniciación por unos mundos paralelos al nuestro, regidos por un demiurgo ya cansado, que está a la búsqueda de un sucesor. El color, los elementos, y los movimientos que apreciamos en estos mundo poblados por seres parecidos a los que habitan nuestro mundo, pero al mismo tiempo dan diferentes, es como subirse a un avión en constante turbulencia.

Aunque estos mundos sean más un reflejo de los miedos del personaje (que a su vez vendrían a ser los miedos del realizador), es un mundo que tiene también su atractivo, especialmente para los seguidores del realizador japonés quienes reconocerán elementos, como el océano y las islas del Viaje de Chihiro (2001) y hasta citas de sus películas anteriores: el pelícano agonizante cuyo aspecto y mensaje tiene mucho del jabalí falleciendo de La Princesa Mononoke (1997).

Tratándose de Miyazaki no vamos a encontrar en el film personajes buenos y malos, sino personajes que en algún momento antagonizan pero luego se reconcilian o cambian. De igual modo, tratándose de un film de este director, la película es impredecible: no hay modo de saber dónde nos conduce la travesía del héroe, ni quiénes aparecerán para ayudarlo o estorbar en su camino y eso la hace aún más interesante.

Mención aparte merece la música de Joe Hishaishi, quien acierta con los temas que acompañan el film, temas que generalmente comienzan con piano a los que luego se añade la orquesta. El final no hubiera sido el mismo sin la grandilocuencia de la música en ese momento.

En suma se trata de una gran película de Miyazaki, que sería una despedida mucho más digna que la anterior, aunque felizmente parece que no lo será, porque hay noticias de que el maestro se encuentra embarcado en otro proyecto que vería la luz en algunos años. Esperamos con ansias este posible nuevo trabajo del realizador japonés.


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