miércoles, 9 de agosto de 2017

Triste Balada de Pistoleros

HELL OR HIGH WATER
En la última entrega de los Oscars hubo dos películas que debieron tener mejor suerte, una de ellas es la ya comentada Captain Fantastic y ahora nos ocuparemos de Hell or High Water de David Mackenzie, titulada en español Nada que perder (más cerca del título original que significa algo así como pase lo que pase) y también Comanchería.
Esta cinta dirigida por el escocés David Mackenzie, quien entre su poco más de 10 largos, destacó antes por la dura cinta Spread (2009), cuenta la historia de los hermanos Toby y Tanner Howard (encarnados correctamente por Ben Foster y Chris Pine), quienes deciden cometer una serie de atracos bancarios, en un intento desesperado por salvar su rancho.
Les sigue la pista el sheriff Marcus Hamilton (sensacional Jeff Bridges), un ranger a punto de retirarse, quien parece ser el único que entiende el modus operandi de los asaltantes a pesar de las burlas de su compañero mexicano-comanche Alberto (Gil Birmingham).
Lo que en manos de otro director se habría convertido en otra cinta de acción llena de balazos y persecuciones (ojo que también las hay y muy bien hechas), en las manos de Mackenzie se convierte en una denuncia sobre el irresponsable capitalismo de los bancos norteamericanos y también en una elegía sobre la muerte del American Dream.
Los diálogos están llenos de referencias a un pasado todavía no corrompido, que fue mucho mejor que el presente actual con pueblitos llenos de polvo que van desapareciendo sin dejar huellas, en el medio oeste norteamericano. Más de un personaje señala a los bancos como los culpables de esta decadencia.
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Todo esto se muestra con una paleta de colores virada al amarillo, que resalta tanto el polvo de esas localidades agonizantes, como el óxido que corrompe todos los metales y es una clara referencia a la descomposición de la sociedad norteamericana, una sociedad donde todo ha perdido su valor, incluyendo el respeto a la vida.
En ese sentido, es sumamente reveladora la escena en el asalto más importante, cuando enfrentan a unos clientes de banco que se tiran al suelo, pero quienes luego sacan sus armas no importándoles para nada si asesinan o son asesinados.
De igual modo pasa en la cacería improvisada que emprenden poco después los pobladores, a quienes no les interesa para nada capturar a los ladrones, sino masacrarlos y como ellos mismos dicen: "traerlos de vuelta amarrados en el techo de la camioneta", como si se tratara de un alce o un coyote.
La banda sonora, compuesta por varios melancólicos temas del género country, ayudan a perfilar esta atmósfera de situaciones desesperadas, con muy poco espacio para la paz y la armonía. Por momentos, nos da la sensación de estar viendo una película la American New Wave (60s y 70s), y no es casual que se mencione varias veces a  Archer City, el pueblo de Texas donde se filmó The Last Picture Show (1971), una de las cintas más recordadas del movimiento.
David Mackenzie emerge pues, como un talentoso realizador a tomar en cuenta y esperamos interesados su próximo trabajo; así como también la próxima interpretación de Ben Foster un actor que ha crecido mucho con respecto a sus anteriores participaciones.
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