domingo, 25 de noviembre de 2012

La Princesa Mononoke


Decir que Hayao Miyazaki, fundador de los afamados Ghibli Studios de Japón, es uno de los animadores vivos más importantes del mundo, no causa sorpresa.
Lo que sí sorprende es lo poco que está difundida su obra fuera de su patria, antes de que ganara el Oscar con El Viaje de Chihiro (Sen to Chihiro no kamikaushi, 2001), al grado que muchos crean que es su mejor película, cuando antes de ella existió una joya: La Princesa Mononoke (Mononoke Hime, 1997), de la cual hay también información muy escasa en internet (al menos en español).
Esta película, a la que tuvimos la suerte de ver en el II Ciclo de Anime del Cine Club de la Escuela de Comunicaión de la USAT, nos cuenta la historia de Ashitaka, un príncipe de un pueblo de agricultores, que viven aislados en las montañas, y que parecen haber alcanzado un equilibrio con la naturaleza del lugar en el que residen.
Un día llega un jabalí descontrolado, al que Ashitaka tiene que matar, para que no destroce su aldea. Antes de morir, el animal lo hiere en el brazo, causándole una maldición que amenaza con extenderse por el resto del cuerpo.
Consultando a los ancianos de la aldea, Ashitaka debe hacer un viaje hacia el oeste, de donde vino el jabalí, para buscar un espíritu que lo cure de su mal.
A medida que nos vamos adentrando a la historia, Miyazaki nos va introduciendo a un mundo cada vez más increíble, ya sea una ciudad gobernada por Lady Eboshi una mujer que extrae hierro de los bosques y que emplea a ex meretrices, hasta un bosque poblado por seres mágicos o marginales, como la princesa del título, quien cabalga sobre un enorme lobo blanco.
La llegada al bosque es un momento de gran belleza, de hecho muchos cineastas contemporánedos deben haberse inspirado en ellas al hacer sus película (los paisajes de Avatar, por ejemplo parecen deudores de este film).
Además de la belleza de las imágenes, Miyazaki nos soprende por la creación de unos personajes muy bien construidos, con motivaciones muy creíbles, sin que lleguen a ser completamente malos o buenos. Y además el fuerte mensaje ecológico que lleva, se evidencia, no tanto por los diálogos, sino por las acciones.
Con un ritmo envidiable y un final lo más alejado de los happy ending hollywoodenses, La Princesa Mononoke (cuya verdadera traducción debió ser La Princesa de los Espíritus Vengadores), es no solo la mejor película de la filmografía de Miyazaki, sino una de las mejores en la historia de la animación.

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