lunes, 5 de marzo de 2012

El Regreso del Silencio

EL ARTISTA

Hubo un momento en los últimos años del cine mudo, en que el lenguaje cinematográfico alcanzó un nivel de desarrollo muy elevado, el cual luego se vio afectado por la llegada del cine sonoro, como bien lo veían venir y lo señalaron el soviético Eisenstein y Chaplin y más adelante Alfred Hitchcock en la famosa serie de entrevistas que le hizo Francois Truffaut, reunidas en el libro "El Cine Según Alfred Hitchcock".
Pero además de esas amenazas trajo consigo también muchos cambios traumáticos y dificultades, algunos de ellos reseñados con mucha gracia en Singing in the Rain (1955) de Gene Kelly y Stanley Donen.
Es en estos años de grandes logros del cine mudo, en los que The Artist se ubica, contándonos la historia de George Valentine, toda una estrella de esas épocas, que parece tenerlo todo a su favor: hace las películas que quiere, tiene miles de admiradores, gana el dinero que desea y hasta parece tener el poder de contagiar su fama a otros, como cuando gracias a un tropiezo, durante la premiere de una de sus películas hace que la desconocida Peppy Miller sea primera plana de varios medios de comunicación.
Pero cuando llega el cine sonoro y por una razón que no se nos es revelada al comienzo, Valentin se resiste a abandonar el mundo del cine silente, logrando con esta decisión la debacle de su carrera, mientras que la Miller asciende y se va convirtiendo en toda una estrella.
Es curioso que entrando a la segunda década del siglo XXI alguien se haya atrevido a hacer una película muda para estrenarla comercialmente; el intento anterior fue Silent Movie, en 1976 que fue un fracaso, aunque cabe aclarar que esa cinta fue hecha a color, y en este caso se ha tratado de seguir todo el estilo de las películas de la época: uso del blanco y negro, estilo de presentación de los créditos, fundidos en negro con viñeta, solo hay algunas diferencias con los movimientos y posiciones de la cámara.
Si a esto agregamos el esfuerzo de la reconstrucción de época hasta el mínimo detalle en infraestructura y vestuario, nos ubicamos de la mejor forma en los años en los que se sitúa la película: entre 1927 y 1932.
Pero además de los aspectos técnicos, lo que funciona en The Artist, es la forma de contar la historia, bastante ágil (muy bien acompañada por la partitura de Ludovic Bource), mezclando con habilidad humor y algo de drama y logrando en varios momentos escenas memorables, entre las que podemos destacar la secuencia onírica, cuando Valentin se queda sin voz y que profetiza el difícil momento que pasará el actor al pasar a cine sonoro.
A pesar de esa amplia sonrisa que por momentos llega a cansar, Jean Dujardin compone un George Valentin bastante digno, que emula obviamente a Douglas Fairbanks (como el mismo actor reconoció cuando recibió el Oscar), acompañado de la agradable presencia de Berenice Bejo, cuyo personaje tiene algo de Mary Pickford, aunque el que resulta más simpático a toda la audiencia es el perrito Uggy, obligado a ser de héroe del cine tanto dentro como fuera de la pantalla. Todos ellos acompañados por un elenco de secundarios de lujo, entre los que figuran John Goodman, James Cromwell, Penelope Ann Miller y Malcom Mc Dowell, aunque su aparición es más decorativa.
El Happy Ending, infaltable resulta también ingenioso: Valentino y Miller bailando, logrando ingresar en la siguiente gran etapa del cine, el musical y es allí cuando nos enteramos también porque Valentin se había resistido a formar parte del sonoro.
Lástima que en la vida real, muchos artistas no tuvieron esa suerte, y desaparecieron en el anonimato antes de tener la oportunidad que merecían.
Aunque la gran cantidad de premios que ha recibido, le han generado una gran cantidad de antipatías, The Artist no es una mala película, eso sí todavía lejos de una obra maestra, pero al menos se agradece el afán de ir contracorriente y lograr que mucha gente vaya al cine a ver una película al estilo de los primeros tiempos. Esperemos que ese efecto se contagie y la gente vea otras películas de la época.

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