viernes, 23 de marzo de 2007

UNA PELÍCULA PARA LA ERA GLOBAL


BABEL


Nuestra habitualmente oscura cartelera cinematográfica se ha visto algo iluminada en estos días, con la presencia de algunos filmes ganadores del Oscar, como del que nos ocupamos ahora, Babel. Se trata del cierre de la llamada “trilogía del dolor”, de la dupla González Iñárritu/Arriaga, que comenzó en México con Amores Perros, siguió luego en Estados Unidos con 21 Gramos y ahora de una forma más global termina con Babel.
Babel sigue el mismo estilo de sus predecesoras: historias que se desarrollan de manera aparentemente paralela, pero que contienen algunos elementos en común, y se van cruzando o influyendo algunas sobre las otras.
En esta ocasión son cuatro historias: la de unos niños pastores marroquíes que juegan con un rifle que acaba de comprar su padre, la de unos esposos norteamericanos de los cuales la mujer recibe un impacto de bala del rifle mencionado, la de una niñera mexicana que cuida a los hijos de la pareja que está en Marruecos y quien debe viajar a México para la boda de su hijo y la de una sordomuda japonesa, desesperada y capaz de cualquier cosa por tener una relación.
El guión de Arriaga, maneja los hilos de las historias con su habitual pericia y nos va pasando de una historia a otra sin seguir un orden estrictamente cronológico, si no un orden propio, construido al interior de la película y va en crescendo de lo simple a lo complicado, haciendo que el espectador se enganche a las historias a pesar de la diversidad de espacios e idiomas de la película.
También a pesar de estas diversidades mencionadas, la película muestra unidad en su mensaje: la incomunicación, ya que a pesar de toda la tecnología que hace que este sea un mundo globalizado (en ese sentido, es sintomático como la noticia de la herida norteamericana se ve en tantos televisores alrededor del mundo), sigamos tan incomunicados como siempre, viviendo separados en mundos diferentes y por barreras internas que tiene cada ser humano y que nos impiden abrirnos a los demás.
González Iñárritu dirige correctamente al variopinto grupo de actores y logra extraer de ellos las reacciones que hacían falta para cada escena del film, que en este caso es digna de destacar porque ha tenido que explicarles sus instrucciones en idiomas que jamás ha utilizado, como el árabe, bereber o el japonés.
Técnicamente la película es también impecable. La fotografía de Rodrigo Prieto retrata con maestría lugares tan diversos como California, México, Marruecos y el ultramoderno Tokio. La música del ganador del Oscar Santaolalla cumple con crear las atmósferas adecuadas a cada lugar y por supuesto, sin el trabajo de edición de Mirrione y Crise, Babel no llegaría ser lo eficaz que es para contarnos 4 historias en una.
Sin embargo, para los que han seguido la trilogía, Babel no aporta mucho de novedoso, salvo quizá el hecho de retratar como muy pocas veces se ha visto, el mencionado fenómeno de la globalización; pero definitivamente Babel está lejos del nivel de Amores Perros y más lejos aún del de 21 Gramos.
Los que se aproximan por primera vez al mundo de González Iñárritu y Arriaga, podrán disfrutar mejor este film, y es quizá la última oportunidad que tengan para ver una película de esta dupla, no sólo porque se trata del fin de la trilogía, sino también por la lamentable y escandalosa forma en la que el guionista y su director mejicanos han terminado su relación.

jueves, 22 de marzo de 2007

SCORSESE, AL FIN EL OSCAR


Causó cierta emoción ver hace un mes como el gran Martin Scorsese de la mano de esos tres amigos geniales de cabezas blancas (cómo está pasando el tiempo, en cualquier momentos nos deja uno de ellos), el Oscar que le ha sido tan esquivo durante todos estos años.

Pero si bien Scorsese merecía el Oscar, la película por la que ganó, no lo merecía. Los Infiltrados no es más que una buena película de acción pero lejos de obras maestras como por ejemplo Raging Bull (Toro Salvaje), por la realmente debió llevarse el Oscar hace 27 años. Desde ese entonces la carrera del gran Martin no ha vuelto a esar la misma, pues salvo Goodfellas y Casino no hay mucho por destacar.

No es que no haya hecho buenas películas, estas siempre han sido superiores al promedio y manteniendo su propia identidad, pero están por debajo de la etapa que arrancó en los 70's con Mean Streets (1973), Taxi Driver (1976) y cerró magistralmente con Raging Bull (1980).

De todas formas, la obra del gran Martin es bastante sólida y ahora que ya tiene la estatuilla dorada (la cual por cierto no necesita), se puede ir tranquilo.