jueves, 19 de julio de 2007

VER LA VIDA CON OTROS OJOS


Mi Vida sin Mí


Inicialmente pensamos este blog para llenarlo semanalmente con las críticas de todas las películas nuevas que hayamos podido ver. La falta de tiempo y una cartelera de cine cada vez más pobre han frustrado este intento, así que ahora hemos resuelto que sólo nos servirá para escribir sobre todos aquellos filmes, que realmente “nos cambien la vida”, como me decía un amigo: que su visión nos impacte tanto que nos haga ver la vida con otros ojos.
Y eso acaba de ocurrir con esta pequeña película de ingenioso título “Mi Vida sin Mí”, de la directora catalana Isabel Coixet, que me prestaron hace tiempo y que recién he podido ver.
La película es original desde su concepción: se trata de una producción española, de la productora de los hermanos Almodóvar, pero hablada en inglés, filmada en Canadá con un reparto internacional. De esta manera esta cinta más que una película española, tiene todas las características de una película independiente norteamericana, incluyendo aquella de que este tipo de películas prácticamente no se estrenan en nuestro país.
Mi vida sin mí, nos cuenta la historia de Ann, una humilde trabajadora de limpieza, casada desde muy joven, con dos lindas niñas, a quien se le acaba de diagnosticar una enfermedad incurable, que se la llevará de este mundo en pocos meses. En lugar de desesperarse o luchar contra ello, Ann toma la noticia con resignación, empieza a ver la vida con otros ojos y se hace una lista de las cosas que ella debe completar antes de irse de este mundo, entre las que se incluyen grabar mensajes para los próximos diez cumpleaños de sus hijas, ver a su padre en prisión, decir las cosas de frente, entre las que se incluye también que alguien se enamore de ella.
Es una lista aparentemente sencilla, pero la dedicación que Ann le pone a cada una de ellas, conmueve y es gran parte el motor que impulsa a la historia, que desde el plano inicial se nos presenta diferente: unas simples tomas de la protagonista bajo la lluvia, bajo una música de ensueño, y la suave voz en off de esta magnífica actriz que es Sarah Polley, nos ponen inmediatamente bajo la piel de la protagonista y sentimos como si realmente la lluvia mojara nuestra ropa y la hierba húmeda bajo nuestros pies con la intensidad de una primera vez.
A pesar de que las imágenes se van poniendo más realistas, la película mantiene a lo largo de su metraje, ese aire de ensoñación que sin embargo no entorpece para nada la narración fluida y creíble de la película.
Además de la brillante elección de un reparto verdaderamente de lujo, (en el que destacan Mark Ruffalo, Debbie Harry, María de Medeiros, Leonor Watling y un no acreditado Vincent Molina), de la fotografía de tonos cálidos brillantes que contrastan con el tema supuestamente melancólico del film, lo que hace que la película sea un bálsamo para los sentidos es también la excelente banda sonora, no sólo por los sonidos new age del músico español Villalonga, sino también por las excelentes canciones escogidas para el film por Coixet, cantadas en su mayor parte por gente que hoy está en la tercera edad y que siguen aún vigentes, como Gino Paoli, Blossom Dearie u Omara Portuondo.
En ese sentido es particularmente especial la canción “Senza Fine” de Gino Paoli, que se escucha dos veces, una para describir el personaje de Ann y la otra en una magnífica escena de ensoñación del mismo personaje que ocurre en un supermercado a la manera de un musical clásico de Hollywood o al Dancer in the Dark de Lars Von Trier. La fuerza de esta escena es tan grande que se nos queda grabada muchas horas después de haber visto el film.
Lo único que desencaja del conjunto es la infidelidad en que incurre Ann al proponerse la meta de lograr que alguien se enamore de él, pero la directora disimula este “bache” manteniendo la relación en un tono idílico casi platónico.
Ver “Mi vida sin mí”, definitivamente le puede cambiar la vida a cualquiera, por la profunda identificación que el espectador puede llegar a tener con el personaje principal y por demostrarnos que podemos llegar a ver la vida con otros ojos.


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