jueves, 26 de junio de 2008

LOS 50 AÑOS DE VÉRTIGO



En un ciclo en honor a Alfred Hitchcock programado actualmente en la USAT, tuvimos la oportunidad de volver a apreciar Vértigo, considerada por los críticos como la mejor película en la extensa filmografía del mago del suspense. Justamente por estos días Vértigo cumple 50 años de vida, y luce tan impactante como el día de su estreno.

Cuando Alfred Hitchcock leyó la novela De Entre los Muertos, de los franceses Pierre Boielau y Thomas Narcejac, enseguida se forjaron en su mente las imágenes de lo que sería una de sus películas más personales, pero no encontraba el guionista que diera forma a los personajes y diálogos de lo que sería su historia.
Sólo tenía en claro las locaciones: Hitchcock detestaba filmar en exteriores, pero las imágenes que tenía en mente, lo obligaron a buscar un lugar que tuviera esas locaciones, y lo encontró en San Francisco, una ciudad con pasado español, rodeada de hermosos paisajes campestres. Los primeros guionistas le enviaron trabajos imposibles de filmar, hasta que le recomendaron a un nativo de esa ciudad: el dramaturgo Samuel Taylor, quien fue el único que pudo dar vida a los personajes y construir los diálogos del film, aunque luego Taylor cedería gran parte del mérito a Hitchcock:
“Sabía exactamente lo que quería hacer, y me explicó varias escenas con meticuloso detalle. Lo que necesitaba era un escritor que le ayudar a articular lo que veía”[1].
Aparentemente la trama conservaba su esencia policial: John “Scottie” Fergusson, un ex policía, se ve forzado por hacerle un favor a un amigo, convertirse en detective privado y seguir a su esposa, la cual aparentemente está poseída por el espíritu de un antepasado suya, que le inculcaría tendencias suicidas. Fergusson se enamora de la mujer de su amigo, pero al sufrir de agarofobia (pánico al vacío), por un accidente cuando fue policía, no puede evitar que esta se arroje de lo alto de una torre, consumando su suicidio.
Pero, Hitchcock empleando una vez más su técnica McGuffin (término que utilizaba el realizador para referirse a un hecho, objeto o situación al que el público y los personajes conceden mucha importancia, pero que en el fondo sólo sirve para llamar la atención al espectador y reconducirlo, sin que él lo advierta, hacia el tema principal del filme [2]), utiliza la trama policial como un mero pretexto, lo que el quiere contarnos en realidad, es el romance entre Scottie y Madelleine, aunque al final de cuentas, la historia que se nos cuenta no es tampoco romántica, es una fábula sobre la imposibilidad de traer de vuelta con nosotros a los muertos, sobre lo vano de querer de transformar una persona en otra, sobre el engaño y la decepción, y otros temas que rondaban la mente del director en esos días.
Es por eso que Vértigo fue muy distinta a lo que Hitchcock había hecho hasta ese momento, incluyendo la ausencia de un final feliz y quizá fue por eso que el público y la crítica se defraudauron un poco del a película, y la recibieron fríamente.

OBRA MAESTRA
Tendrían que pasar algunos años cuando otros críticos como el francés Francois Truffaut, revaloraron la cinta, para que los demás críticos y el público, consideraran que Vertigo era realmente una obra maestra[3] y verla ahora después de 50 años, se puede estar completamente de acuerdo con ellos.
Vértigo posee una historia que contiene todos los ingredientes atractivos para el público, una mujer misteriosa, un pasado tormentoso, un hombre enamorado y obsesionado con regresar a la vida al ser amado.
Hitchcock contó para esta película con dos de los actores más populares del momento: James Stewart quien en esta película más que en ninguna otra sería el alter ego de Hitchcock, y Kim Novak, quien lució muy natural en su único trabajo con Hitchcock. Ambos harían las mejores interpretaciones de su carrera[4].
Pero además de ello, la película contiene algunas de las escenas más bellamente filmadas en el cine de Alfred Hitchcock, como por ejemplo: cuando el personaje de Madeleine contempla una tumba en medio de la bruma, o la escena en el bosque de secoyas o la aparición de Judy vestida como Madeleine, con una fantasmagórica iluminación verde de fondo, etc.
Además el genial cineasta británico, aportó a la historia del cine, un importante trucaje: la combinación del zoom in (acercamiento con el zoom) más travelling out (alejamiento físico de la cámara), que simulaba con bastante aproximación, la sensación de atracción-repulsión que a veces tenemos cuando miramos hacia el vacío, desde una altura considerable.
Punto aparte merece el gran trabajo musical de Bernard Hermann, tanto al componer las enigmáticas e inquietantes notas de los créditos iniciales, como las piezas que acompañan las escenas de seguimiento o romance a lo largo del film, basadas a su vez en temas clásicos como el Tristán e Isolda de Wagner.
Hoy 50 años después, Vértigo sigue sorprendiendo a medio mundo, no sólo por su gran calidad sino por ser una obra adelantada a su tiempo y a la vez muy personal, “Es increíble como una película tan personal pudo haber salido del sistema de estudios de Hollywood, con grandes estrellas, además”, diría Martin Scorsese[5], y tiene razón, definitivamente fue la obra más personal de Hitcchcock y el mejor homenaje que podríamos darle es volverla a ver.



[1] Samuel Taylor citado por Donald Spoto en Alfred Hitchcock: la cara oculta del genio. (Ulramar Editories 1984)
[2] Juan José Muñoz en su blog http://jjmunoz-mashumanos.blogspot.com/2008/06/el-incidente-de-m-night-shyamalan.html
[3] Susana Farré en la revista On line Miradas de Cine : http://www.miradas.net/0204/clasicos/2002/0210_vertigo.html
[4] Samuel Taylor diría: “Parecía tan ingenua en su papel y eso fue lo mejor. Siempre resultaba creíble. No había ‘arte’ en su actuación y es por eso que todo funcionó tan bien”. Citado en la Op. Cit. de Spoto.
[5] Martin Scorsese en el documental “Obsesionados con Vértigo”, incluido en los bonus track del DVD.