Hamnet
Chloe Zhao es un caso relativamente extraño en el Hollywood actual. Nacida en Beijing, educada en Gran Bretaña y luego formada profesionalmente en la Escuela de Cine Tisch de Nueva York, pronto dio muestras de su talento con el documental en sus dos primeras películas Songs my brothers taught me y The Rider, que fueron aclamadas por la crítica.
Su consagración llegaría más adelante con Nomadland, basada en un libro de no ficción, de Jessica Bruder, sobre un grupo de personas que hacen su vida viajando por distintos lugares de los Estados Unidos y pasando algunas temporadas en campamentos. Esta película la llevaría a ganar su primer Oscar.
Luego contra todo pronóstico fue llamada a dirigir Eternals, un producto de Marvel en el que no encajo y fue uno de los fracasos más grandes del MCU.
Ahora ha regresado con Hamnet, basada en la novela del mismo nombre de la norirlandesa Maggie O'Farrell, quien narra un fgramento de la vida de Shakeaspeare y su esposa, concretamente los transcurridos entre la pérdida de su único hijo varón y el estreno de Hamlet, su obra más famosa.
La película ha tenido estrenos limitados, pero en todos ellos ha cosechado muy buenos comentarios, ha ganado premios en varios festivales y ha obtenido dos Globos de Oro (mejor película dramática entre ellos) generando altas expectativas, quizá demasiado altas.
Y es que en los tres primeros cuartos de la película podemos ver que se trata de un film bastante convencional: no hay planos ni composiciones memorables, la dirección artística es cumplidora, la narrativa es directa, lineal sin complicaciones y hasta allí las actuaciones de los protagonistas Jesse Buckley y Paul Mescal no tienen nada de extraordinario. No hay nada resaltante en el momento que se conocen, nada que destacar cuando se casan, ni tampoco cuando deben separarse para que William pueda escribir.
Mas bien, se hacen notar más los secundarios Emily Watson quiem destaca a pesar del opaco personaje (la madre de Shakespeare) que le tocó y el niño Jacobi Jupe, cuyo breve desempeño natural como el Hamnet del título logra conmover al espectador.
Se atribuye a Howard Hawks la frase una buena película debe contar al menos con 6 buenas escenas y niguna mala. Pero ¿qué pasa cuándo una película solo cuenta con una buena escena y las demás mediocres?, en esos casos solo queda asegurarse que esa escena vaya al final, porque es lo que siempre más recuerda el espectador.
Zhao sí que se ha asegurado de eso: la última escena sí es harina de otro costal, no entraremos en detalles para no espoilear, pero contiene una serie de imágenes, de actuaciones logradas, acompañadas de la música adecuada (no original, por cierto) como para conmover al espectador.
Además es un recuerdo de lo bueno que es el teatro, y el arte en general para conmover multitudes y lograr lo que los griegos llamaban catarsis. En esta escena Buckley sí está sobresaliente, su rostro cambia con naturalidad según la gama de sentimientos que va experimentando, y se complementa muy bien con sus gestos y demás movimientos corporales.
No estamos seguros si serán suficientes estos minutos al final para llevarse al Oscar, porque definitivamente son unos minutos conmovedores y bien logrados. Pero sí estamos seguros que no bastan para acercar el nivel del film al status de obra maestra que muchos le han querido otorgar.
Esperemos Zhao se supere en su próximo film.
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